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Límite y resplandor: La cultura del Caribe colombiano

Al recibir el Premio Nobel, Gabo se preguntó "¿por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social?".

En medio de reseñas del arte y los artistas que han dibujado la identidad caribe, Federico Díaz-Granados concluye que el verdadero progreso para esta región viene de la mano de la cultura, de algunos versos de Candelario Obeso o el Tuerto López y de aquella posibilidad de formar una ciudadanía más sensible y empática.

Por Federico Díaz-Granados

El 21 de octubre de 1982 la noticia irrumpió en las salas de redacción de los principales medios internacionales y Colombia era el titular en todas las latitudes. A ocho columnas se anunciaba: Gabriel García Márquez Premio Nobel de Literatura. Así los noticieros, periódicos y cadenas radiales se llenaron de mariposas amarillas, de vallenatos y pescaditos de oro, y Macondo fue la capital del mundo por un instante estelar. A las pocas semanas, el autor de Cien años de soledad recibía de manos del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia la medalla y el diploma correspondiente, mientras algunos de los más importantes exponentes de la música y la cultura del Caribe colombiano como Totó la Momposina, entre otros, se tomaron Estocolmo y celebraron ilimitadamente a 10 grados bajo cero.

En el discurso de aceptación, La soledad de América Latina, García Márquez se preguntaba “¿Por qué la originalidad que se nos admite sin reservas en la literatura se nos niega con toda clase de suspicacias en nuestras tentativas tan difíciles de cambio social? ¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada tratan de imponer en sus países no puede ser también un objetivo latinoamericano con métodos distintos en condiciones diferentes?” y en su recordado Brindis por la poesía también se interrogaba por los motivos que entusiasmaron a los miembros de la Academia de Letras de Suecia para premiar el conjunto de su obra: “Cuál ha sido el sustento constante de mi obra, qué pudo haber llamado la atención de una manera tan comprometedora a este tribunal de árbitros tan severos. Confieso sin falsas modestias que no me ha sido fácil encontrar la razón, pero quiero creer que ha sido la misma que yo hubiera deseado. Quiero creer, amigos, que este es, una vez más, un homenaje que se rinde a la poesía”.

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