
El corazón de la caficultura
Con la ayuda de la industria de la caña y siguiendo la tradición del Eje Cafetero de cultivar con amor y dedicación, la marca Café La Elda 1941 crece y multiplica su éxito en el mercado.
Por: Olga Sanmartín
El café colombiano trasciende la bebida: es una tradición arraigada en el corazón de quienes dedican su vida a cultivarlo. Tal es el caso de Café La Elda 1941, un emprendimiento que no sólo ofrece un producto excepcional y deliciosos derivados del grano, sino que también ha tejido su historia con amor, tradición y dedicación.
Johanna Ramírez Flórez, una de las protagonistas detrás de esta empresa, cuenta que ella nació desde el afecto que su padre le transmitió. Su infancia transcurrió en la vereda La Argentina, en Risaralda, entre cafetales y noches estrelladas. “De niña, yo corría por los sembradíos en la finca de mi familia. Saltábamos los árboles, luego nos subíamos a jugar a una ‘elda’, que es un techo que en las casas campesinas se adecuaba para secar el café. Y nos lanzábamos sobre los granos. Luego, poco a poco, mi padre me transmitió la cultura cafetera. Él me decía: ‘Johanna, vamos a coger café y a desyerbar’. Y, al tiempo, me enseñaba los nombres de los árboles y las flores”, recuerda.
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