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Caucho y esperanza: este es el renacer de un territorio marcado por el conflicto

En el municipio de Tarazá, la plantación ‘Cauchero, frutos del perdón’ es un símbolo vivo de reconciliación. Cada árbol de caucho crece al ritmo del esfuerzo, la esperanza y el profundo anhelo de transformar el pasado en un futuro sostenible y lleno de paz.

En el corazón del Bajo Cauca antioqueño, donde por años floreció la incertidumbre, la violencia y el desplazamiento, hoy brota una nueva semilla: el caucho. Pero más allá de su valor económico, este cultivo representa un símbolo de reconstrucción colectiva, una vía digna de reparación y una apuesta por la vida en territorios históricamente atravesados por el conflicto armado. En el corregimiento La Caucana, municipio de Tarazá, se alza una plantación cuyo nombre lo dice todo: ‘Cauchero, frutos del perdón’.

Allí, en cinco predios distribuidos entre Montepío, Hacienda La Luz y Avícola San Juan, la tierra ha comenzado a hablar otro idioma. Son más de 220 hectáreas sembradas, con cerca de 500 árboles por hectárea. Pero lo más valioso no son los números, sino las personas que le dan vida a este territorio. Hombres y mujeres que han hecho del caucho un proyecto de sanación individual y colectiva, enfrentando no solo el clima o la humedad de la corteza, sino también el recuerdo de un pasado marcado por el miedo.

Trabajo, memoria y dignidad

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