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Más allá de los negocios, el Summit ofreció un espacio de networking, cultura y entretenimiento, con master classes, podcasts en vivo, un foro sobre inteligencia virtual, conferencias y experiencias interactivas.
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Invertir en confianza: el camino hacia una Latinoamérica más innovadora

La región vive un punto de inflexión. En el Summit 2025, líderes empresariales y de innovación coincidieron en que el futuro no depende solo de capital, sino de construir confianza, fomentar la colaboración y promover una visión de riqueza capaz de transformar territorios.

El Summit 2025, realizado el 19 y 20 de agosto en Medellín, se consolidó como un escenario clave para repensar cómo se construyen las conexiones dentro del ecosistema emprendedor. Bajo la premisa de que muchas redes no generan cambios reales, esta edición se propuso “crear una conexión que sí transforma”.

El evento giró en torno a un cambio de reglas: los buyers abrieron sus agendas para escuchar las mejores ideas de los doers, convencidos de su talento y capacidad de ejecución. A la conversación se sumaron también los fondos de inversión, con el propósito de respaldar y materializar esas iniciativas.

Más allá de los negocios, el Summit ofreció un espacio de networking, cultura y entretenimiento, con master classes, podcasts en vivo, un foro sobre inteligencia virtual, conferencias y experiencias interactivas, diseñadas para fortalecer la colaboración y consolidar un ecosistema más dinámico.

En ese marco se desarrolló el panel “De la inversión al impacto: visiones de crecimiento”, donde se analizó el presente y futuro del venture capital en Latinoamérica. El punto de partida fue una cifra contundente: entre 2023 y 2024, la inversión en la región creció un 26 por ciento, superando a Europa y al sudeste asiático. La discusión, sin embargo, giró en torno a una inquietud de fondo: ¿ese crecimiento se traduce en verdadero impacto o es apenas un fenómeno especulativo?

El panel reunió tres voces con visiones complementarias: Diego Noriega, cofundador de Squads Venture; Sergio Rincón, presidente de Bavaria; y Jaime Restrepo, director ejecutivo de Rotorr – Motor de Innovación. Fue precisamente Restrepo quien marcó el tono del debate con un mensaje claro: el futuro del venture capital en la región no depende únicamente de los fondos ni del capital privado, sino de la capacidad de generar confianza, tender puentes con los territorios y repensar la riqueza como motor de desarrollo colectivo.

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Sergio Rincón, presidente de Bavaria; Carolina Londoño, directora ejecutiva de Ruta N; Jaime Restrepo, director ejecutivo de Rotorr – Motor de Innovación; y Diego Noriega, cofundador de Squads Venture.

Riqueza, confianza y territorio

Restrepo no solo habló desde la teoría. Su trayectoria personal, marcada por las dificultades del conflicto armado en Remedios, Antioquia, lo convierte en un testimonio vivo de resiliencia. “Soy víctima del conflicto. Salí adelante con becas, estudié y entendí que sin dinero no se hace nada”, afirmó.

Para él, uno de los principales obstáculos en Latinoamérica es cultural: la visión negativa sobre la acumulación de riqueza. “En este país pareciera que, si alguien logra resultados después de trabajar más de 100 horas en su idea, la única explicación es que está traficando drogas o robando. ¿Por qué no podemos aceptar que tenemos derecho a ser ricos? La clave está en qué hacemos con esa riqueza”, recalcó.

Desde Rotorr y el ecosistema de innovación de Ruta N, Restrepo plantea una perspectiva que busca complementar al capitalismo, no reemplazarlo. Su propuesta se fundamenta en la economía social, la creación colectiva de valor y la cooperación. “Silicon Valley no es poderoso por la competencia, sino por la colaboración. Eso es lo que necesitamos construir aquí”, insistió.

En su visión, el rol de instituciones como Rotorr es claro: atraer capital. “La plata llama plata. Nuestro deber es garantizar recursos que permitan financiar la investigación aplicada, el desarrollo tecnológico y, en consecuencia, generar empleos de calidad y redistribución a través de impuestos. Sin capital no hay desarrollo posible”, sentenció.

Además, hizo un llamado a mirar hacia la industria, un sector que representa el 50 por ciento de la economía y el 70 por ciento de las exportaciones del país: “Somos industriales y no podemos perder esa vocación. Las tecnologías disruptivas van a transformar este sector y debemos participar desde un mercado endógeno para luego articularnos y generar riqueza entre todos: grandes, pequeños y medianos”.

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Jaime Restrepo, director ejecutivo de Rotorr – Motor de Innovación. Foto: Rotorr – Motor de Innovación

Restrepo habló, además, de un concepto que empieza a ganar fuerza en la región: la Sociedad 5.0, un modelo donde las personas están en el centro y la tecnología y la ciencia se convierten en herramientas de bienestar. Para llegar a ese punto, considera fundamental fortalecer los fondos estatales, porque “si no hay financiación pública, el privado no invierte”.
Así mismo, dejó un mensaje a los emprendedores: “No le tengamos miedo al cambio ni al éxito. Vendamos nuestras ideas, acerquémonos a los inversionistas. El principal capital son las personas, pero lo esencial es cómo nos relacionamos y generamos confianza. Esa es la clave: construir tejido social para que de allí fluya el conocimiento y podamos generar riqueza compartida”.

El contraste: los sectores y las empresas

Aunque el discurso de Restrepo puso el foco en la confianza, la riqueza y los territorios, los otros panelistas aportaron perspectivas que complementan ese diagnóstico.

Diego Noriega advirtió sobre los riesgos de seguir modas tecnológicas sin bases sólidas. “Hace 10 años era Fintech, hace 15 años era e-commerce, hace unos años era crypto y blockchain. Hoy, el 40 por ciento de las inversiones en Silicon Valley tienen inteligencia artificial como componente nativo. Debemos tener cuidado con estas burbujas”, señaló.

No obstante, identificó sectores estratégicos para Latinoamérica: agrifoodtech, energía y minería con valor agregado, aprovechando las ventajas competitivas de la región y sumando el talento humano. También resaltó el rol de los inversionistas ángeles y de las familias con capital que, cada vez más, quieren apostar en la región. “El emprendedor debe entender muy bien el negocio del venture capital, dónde están las mayores necesidades y cómo ser solución a esos dolores”, agregó.

Por su parte, Sergio Rincón enfatizó en el rol de las grandes empresas como Bavaria para abrir espacios reales en las cadenas de valor. Desde la siembra de cebada hasta los 400.000 tenderos del país, su estrategia busca integrar emprendedores en distintos niveles. “Somos una fuente inagotable de problemas por resolver. Necesitamos que los emprendedores lleguen con propuestas de calidad que realmente compitan”, dijo.

Rincón compartió ejemplos como Finactiva, fintech que atiende a 800 proveedores de Bavaria; el programa Emprendedores Bavaria, con más de 80.000 tenderos capacitados, muchos en municipios PDET; y la plataforma Biz, que conecta a 300.000 tenderos y comercializa productos regionales como café del Chocó o bebidas del norte del país. “Hay que ir al territorio, entenderlo no con ojos de compasión, sino de oportunidad”, concluyó.

Confianza y colaboración: la base del futuro

Pese a las diferencias, el panel coincidió en un punto esencial: la consolidación del Venture Capital en Latinoamérica requiere colaboración y visión compartida. Noriega puso el acento en profesionalizar a los emprendedores, Rincón en abrir espacio desde las grandes empresas, y Restrepo en el poder de la ciencia, la confianza y el reconocimiento de la riqueza como motor de progreso.

“La invitación es a cambiar la mentalidad, a dejar de ver la relación empresa-emprendedor como proveedor-cliente y asumirla como alianza estratégica. Solo así se construye confianza y un ecosistema sostenible”, concluyó Restrepo.

*Contenido elaborado con apoyo de Rotorr – Motor de Innovación.

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