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Hernán Penagos, registrador nacional del Estado Civil. | Crédito: Pablo David - CAMBIO
Hernán Penagos, registrador nacional del Estado Civil.
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Día de la Confianza Electoral: la hora de blindar la democracia

En el Día de la Confianza Electoral, el registrador nacional, Hernán Penagos, defiende la autonomía de la Registraduría Nacional del Estado Civil, desmonta las principales narrativas de fraude y lanza una advertencia: la mayor amenaza para las elecciones no es técnica, sino la desinformación que erosiona la credibilidad del sistema y pone en riesgo la democracia.

Por: Redacción Cambio

La Registraduría Nacional del Estado Civil celebra hoy el Día de la Confianza Electoral en un momento decisivo. Faltan pocos días para las elecciones al Congreso y las consultas presidenciales, y el debate público se ha llenado de algunas controversias. El registrador nacional, Hernán Penagos, ha defendido la credibilidad de la entidad.

“La Registraduría es un órgano neutro, un poder que está ahí en la mitad del escenario garantizando que las elecciones sean transparentes, justas y libres”, afirma. Y agrega una advertencia que resume el espíritu de esta fecha: “La Registraduría solo tiene un activo y es el de la confianza; si ella se pierde, ¿quién va a ser el juez del proceso electoral en el futuro?”.

Entre la autonomía y la confrontación

En el último año, el sistema electoral ha sido objeto de cuestionamientos reiterados desde la Casa de Nariño. Penagos, que en el pasado había dicho que no podía convertirse en “sparring” del presidente, hoy reconoce que ha tenido que salir con mayor vehemencia a explicar el proceso.

La base de su defensa está en la Constitución. Según explicó, la organización electoral es autónoma e independiente. No es una dependencia del Gobierno, ni responde a mayorías políticas. Su tarea es garantizar que la competencia democrática se desarrolle con reglas claras y verificables.

En esa línea, el registrador insiste en que el modelo colombiano no ha cambiado en su esencia desde finales de los años ochenta. Se trata de un sistema fundamentalmente manual. “Los votos se depositan en papel, los jurados cuentan a mano y las actas físicas son la prueba jurídica definitiva”.

El corazón del debate: los formularios E-14

Gran parte de la controversia reciente gira en torno a los formularios E-14 —las actas electorales que diligencian los jurados al cierre de la votación.

Son 125.000 mesas en todo el país y tres actas por cada una. En estas elecciones, además, se publicarán las tres copias por mesa, para Senado y Cámara: más de 770.000 documentos disponibles para verificación ciudadana.

Penagos es enfático en decir que los E-14 “son el documento más importante del proceso electoral porque son la prueba física de cualquier información que divulgue la Registraduría”.

La discusión técnica parece menor, pero no lo es. Mientras desde sectores políticos se ha promovido la idea de llenar con tachones los espacios en blanco para evitar supuestas alteraciones, la instrucción histórica es diligenciar únicamente las casillas donde hay votos.

La razón es práctica: si se llenan todas las casillas con rayones, la digitalización se vuelve caótica, la lectura se dificulta y el procesamiento se retrasa. “Si todas estas actas se llenan con X, estaríamos procesando la primera acta en dos o tres horas”, explica. Las máquinas que digitalizan hasta 150 documentos por minuto devolverían formularios ilegibles, afectando la publicación oportuna.

Pero más allá de la técnica, el registrador subraya los candados: son tres copias con destinos distintos; cualquier alteración rompería los totales; existe nivelación de mesa (los votos deben coincidir con el número de sufragantes); y los testigos pueden fotografiar las actas. Alterar resultados implicaría coordinar a miles de jurados, modificar múltiples copias y vulnerar sistemas auditados. “Es prácticamente imposible”, sentencia.

Software, auditorías y trazabilidad

Otra narrativa apunta al software electoral y a la empresa contratista. Penagos responde con un argumento estructural: “el sistema colombiano no es electrónico en el conteo inicial. Es manual. El software consolida y transmite, pero no sustituye la evidencia física”.
Por primera vez, además, se contrató una auditoría internacional independiente del Centro de Asesoría y Promoción Electoral (Capel). El código fuente fue puesto a disposición de partidos, órganos de control y observadores. Y el 1 de marzo se realizó el “congelamiento” del software mediante código hash, una huella digital informática que permite verificar que no haya alteraciones antes del escrutinio.

A esto se suman mejoras implementadas en los últimos años, como biometría facial, mayor capacidad de transmisión, publicación más ágil de actas y acompañamiento internacional.

La amenaza invisible: la desinformación

En el Día de la Confianza Electoral, el mensaje más fuerte del registrador no es técnico, sino social. A su juicio, la mayor amenaza ya no es el orden público, sino la desinformación.

Recuerda el caso de Gamarra, donde una noticia falsa difundida por WhatsApp —antes incluso de iniciar la votación— terminó en el incendio de la Registraduría y en una tragedia humana. “En Colombia la desinformación no solo genera hostilidad, genera muerte”, advierte.
En un entorno donde videos virales hablan de lapiceros que “desaparecen” el voto, la entidad ha tenido que organizar demostraciones públicas para desmentir rumores. “Hasta eso hemos tenido que hacer”, dice, con una mezcla de incredulidad y preocupación.

El llamado es directo a líderes políticos y de opinión; posturas no suficientemente informadas pueden convertirse en verdades para miles de personas, con consecuencias imprevisibles.

La pedagogía como antídoto

Penagos recuerda que en Colombia los votos los cuentan ciudadanos del común —860.000 jurados seleccionados por sorteo— y los resultados los declaran jueces de la República. Por lo tanto, no son funcionarios de la Registraduría quienes definen a los ganadores.
Si la ciudadanía entiende esa arquitectura, sostiene, la confianza se fortalece. Si no, las narrativas de fraude pueden erosionar el pilar que sostiene la democracia.

En este 4 de marzo, mientras el país se prepara para ir a las urnas, la celebración del Día de la Confianza Electoral no es un gesto simbólico. Es un recordatorio de que la legitimidad no depende solo de quién gane, sino de que el resultado sea aceptado como limpio, verificable y transparente.

Porque, como advierte el registrador, la democracia no se defiende solo con normas y tecnologías, sino con algo más frágil y poderoso: la confianza colectiva en que el voto cuenta, y se cuenta bien.

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