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¿Quiénes son esas personas que reciben a los votantes en las mesas?: CAMBIO, la Registraduría y académicos responden la pregunta
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Registraduría y jurados de votación, así se sostiene la confianza electoral

En cada jornada de elección popular hay una escena frecuente. Mientras millones de personas votan, miles de ciudadanos asumen una tarea decisiva. Se trata de los jurados de votación, sobre quienes recae buena parte de la confianza en el resultado.

A pocas semanas de las elecciones presidenciales, que serán el 31 de mayo, en CAMBIO conversamos con Youseff Sefair Silva, registrador distrital de Bogotá; María Isabel Ulloa, directora ejecutiva de Propacífico, y Pablo Cuartas, coordinador del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Manizales. Desde sus distintas orillas, los tres coincidieron en la idea de que la democracia no se sostiene sola, sino que necesita de ciudadanos que la hagan posible en lo concreto. En esa tarea, los jurados de votación juegan un papel importante.

La pregunta aparece en cada jornada electoral. ¿Quiénes son esas personas que reciben a los votantes en las mesas? La respuesta es sencilla: no son funcionarios de carrera ni delegados políticos permanentes, sino ciudadanos del común, entre los 18 y los 60 años, seleccionados para cumplir una función precisa el día de las elecciones. En sus manos está una parte esencial del proceso, que es la de recibir, verificar, registrar y contar los votos.

Conviene detenerse en esto último. No es la Registraduría la que cuenta los votos, como suele creerse, sino los jurados, quienes en cada mesa son la máxima autoridad durante la jornada electoral.

Cómo se eligen y qué hacen

La selección se hace a través de un sorteo electrónico, aleatorio y público, alimentado con bases de datos que envían entidades públicas y privadas, universidades y organizaciones. A esto se suman las postulaciones de partidos políticos, lo que permite mantener un equilibrio en la composición de las mesas, y darle, a su vez, un voto de mayor confianza al proceso.

El software que realiza el sorteo ha sido auditado interna y externamente, y puede ser observado por actores externos que soliciten su revisión. Para las próximas elecciones presidenciales, los sorteos se realizarán en los primeros días de mayo, y desde el 10 de ese mes, los ciudadanos podrán consultar si fueron designados. Solo en Bogotá, el pasado 8 de marzo, se nombraron 135.000 jurados.

La labor de los jurados comienza antes de que llegue el primer votante. Desde las siete de la mañana verifican el material electoral y comprueban que la urna esté vacía. Durante la jornada atienden a los ciudadanos, validan identidades y registran la información. Al cierre de las urnas, después de las cuatro de la tarde, realizan el conteo de votos y diligencian las actas oficiales, según ha explicado la Registraduría.

Es un trabajo que exige atención, tiempo y responsabilidad. Por eso, la ley reconoce su servicio con un día de descanso remunerado, que el empleador debe otorgar dentro de los 45 días hábiles siguientes. A esto se suma el medio día de descanso por ejercer el derecho al voto, así como beneficios asociados al certificado electoral en distintos trámites.

Pero también hay obligaciones. Ser jurado es de aceptación obligatoria. No asistir sin justificación puede acarrear sanciones económicas, e incluso disciplinarias en el caso de servidores públicos.

Una tarea que va más allá de la Registraduría

Para María Isabel Ulloa, el papel de los jurados se entiende mejor cuando se mira el proceso en su conjunto. Las elecciones no son solo un asunto institucional, sino que involucran a la sociedad entera.

Desde Propacífico, insiste en la importancia de rodear a las instituciones y participar activamente. En esa misma línea, el profesor Cuartas subraya la necesidad de fortalecer la pedagogía electoral, especialmente entre los jóvenes que votan por primera vez o que asumen el rol de jurados. “Es necesario propiciar debates y hacer un ejercicio constante de pedagogía electoral”, sugiere el académico.

El registrador distrital coincide en que, aunque la Registraduría lidera la organización del proceso, se trata de un esfuerzo de Estado en el que participan múltiples actores. Los jurados son, en ese ecosistema, quienes garantizan que cada voto tenga un registro claro y verificable.

Confianza en el proceso

La conversación también dejó sobre la mesa la idea de que la confianza en el proceso electoral en conjunto es fundamental, razón por la cual la Registraduría hace esfuerzos logísticos para garantizar las elecciones tanto en Colombia como en el exterior.

Los invitados insistieron en que esa confianza se construye con hechos. Uno de ellos es la consistencia entre el preconteo y el escrutinio. En la jornada del 8 de marzo, por ejemplo, ese nivel de correspondencia fue del 99,8 por ciento.

Para Pablo Cuartas, sin esa base de confianza el futuro del país se vuelve incierto. De ahí la importancia de reconocer el papel de quienes hacen posible el proceso desde las mesas.

“Ser parte de esta fiesta electoral debe ser un orgullo”, dijo Ulloa, directora de Propacífico.

A su vez, el registrador distrital recordó que el plazo para postular jurados de votación vence el 20 de abril y que las capacitaciones comenzarán el 11 de mayo. Quienes sean seleccionados podrán consultar su designación, el lugar de votación y los detalles de su formación a través de los canales oficiales de la Registraduría.

Al final, más allá de la logística y las cifras, hay una idea que atraviesa toda la conversación. Mientras unos votan, otros hacen que ese voto tenga valor. Y en esa labor ciudadana, discreta pero muy importante, se sostiene una parte esencial de la democracia.

Puede consultarse la charla completa en los canales oficiales de CAMBIO.

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