
“Leer es apasionante, divertido y subversivo”: Paco Ignacio Taibo II y la cruzada por formar lectores en América Latina
En entrevista con CAMBIO, Paco Ignacio Taibo II, director general del Fondo de Cultura Económica, habló sobre la colección 25 para el 25, una selección de 27 títulos de autoras y autores latinoamericanos que se distribuye de forma gratuita en varios países de la región. Aseguró que el objetivo es seguir sembrando el amor por el libro entre los jóvenes lectores.
Por: Luis Chía
Desde diciembre de 2025, el Fondo de Cultura Económica lidera una de las iniciativas culturales más ambiciosas del continente. A través de la colección 25 para el 25, el sello editorial busca distribuir de forma gratuita 2.5 millones de ejemplares en Argentina, Colombia, Guatemala, Uruguay, Chile, Ecuador, Venezuela, Cuba, Honduras, Perú y México. Con 27 títulos que incluyen a grandes exponentes de la literatura latinoamericana, el objetivo es que jóvenes, entre los 15 y 30 años, despierten no solo su curiosidad por la lectura, sino que también se acerquen a los procesos sociales, políticos y culturales de América Latina.
En Colombia, la meta ha sido igual de ambiciosa. Bajo el liderazgo de Gabriela Roca, directora de la subsidiaria del Fondo de Cultura Económica en el país, el objetivo es entregar 540.000 ejemplares durante el 2026. Entre los títulos colombianos que componen la colección está la antología Los privilegios del olvido, de Piedad Bonnett; Operación Carlota: Cuba en Angola, de Gabriel García Márquez; y El atravesado, de Andrés Caicedo.
Para conocer más sobre el origen e impacto de la iniciativa, CAMBIO habló con Paco Ignacio Taibo II, director general del Fondo de Cultura Económica, quien destacó el alcance que han tenido en los países de la región. El periodista y escritor reconoció que desde el lanzamiento de la colección internacional han comprobado cómo los libros se han convertido en vehículos para la creación de comunidades lectoras. “Leer es apasionante, leer es divertido, leer es subversivo, leer es latinoamericanizante”, dijo.

CAMBIO: ¿Cuál es el balance de la ambiciosa apuesta de 25 para el 25 en el continente? ¿Cómo les ha ido con la entrega de estos ejemplares?
Paco Ignacio Taibo II: El proyecto lanzado el 17 de diciembre quedó bastante claro en los diferentes países. Sin embargo, pocos días después vendría la invasión norteamericana en Venezuela y el incremento del bloqueo en Cuba. Pese a estas situaciones políticas que afectaron el desarrollo del proyecto en estos lugares, en los demás países la iniciativa siguió con la normalidad que esperábamos. Al hacer un primer balance podemos decir que estamos logrando lo que queríamos: sembrar un universo de lectores jóvenes en el continente. Con esto no vamos a lograr que 200.000 jóvenes de inmediato se pongan a leer, pero sí es posible que 200.000 jóvenes que no tenían hábitos de lectura se animen a leer.
Pero el objetivo va más allá porque si mantenemos la presión, el debate, la discusión, el ambiente y la distribución, y les decimos a los jóvenes “ya te llevaste dos libros hace tres meses, vuelve a la librería y llévate otros dos”, lo que estamos logrando es un fenómeno a mediano plazo. Es posible que en un año y medio hayamos impactado de forma real a una comunidad mal lectora.
CAMBIO: Usted menciona algunos retos como la situación de Venezuela. En este panorama de incertidumbre frente a la cultura en algunos países de la región, ¿qué otro desafío tuvo la iniciativa en su búsqueda por democratizar el acceso a la literatura?
P.I.T.: Creo que la programación que lanzamos va viento en popa. En lugares donde no había ningún pacto institucional, donde no teníamos ningún aliado en términos de un departamento de Estado, una secretaría de relaciones exteriores o una presidencia, tuvimos que apelar a nuestras propias librerías. Fueron los casos de Ecuador y Perú. Pero no va mal, no va mal. En la mayoría de los países todo va muy bien. ¿Qué hemos distribuido hasta este momento? Es muy difícil sacar la cuenta exacta, pero en el caso de México, aún no entramos a un sector fundamental: las bibliotecas federales. Son más de 400.000 libros que vamos a distribuir en estos lugares.
Hemos puesto una presión en el caso mexicano a las librerías. Algo muy parecido nos pasó en Colombia, donde tenemos redes fuertes de librerías. Allí, empujamos a todo lo que daba. Ahora lo que está caminando son los clubes y las salas de lectura. Estos espacios han sido fundamentales para México porque una de las distribuciones más grandes se hizo ahí, en los más de 24.000 clubes y salas de lectura. El impacto ahí ha sido maravilloso.

CAMBIO: ¿Cómo ha sido la recepción de estos libros entre los jóvenes?
P.I.T.: Es complicado medir el grado de recepción porque es variado. Hay libros más sencillos y libros complicados de leer. En algunos casos apostamos por literatura de alto nivel. Darle a un adolescente que no tiene hábitos de lectura un Onetti no es nada fácil. No sé si habrá o no rebote. Hay casos particulares, por ejemplo, fue para nosotros un éxito ver una cola de dos kilómetros con estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México interesados por la colección. Fue un éxito porque nos estamos encontrando con una universidad que lee muy poco. Curiosamente, teníamos mayores niveles de lectura en los bachilleratos tecnológicos y en las escuelas de enseñanza media superior, pero costaba más trabajo meterle el diente a una universidad en la cual la moda, el facilismo y los obstáculos reales bloqueaban la lectura de un adolescente.
En medio de todo, el balance es muy positivo: creamos curiosidad a escala continental. El segundo balance es que creamos una primera gran distribución. A estas alturas, debemos andar por encima del millón y medio de libros distribuidos. Todavía tenemos calma y tiempo para este proyecto que, sin dudarlo, no es cortoplacista. Hay que ir asentando y buscando dónde se produce el éxito. Si hay reacción, hay que alimentarla.
“En medio de todo, el balance es muy positivo: creamos curiosidad a escala continental”.
CAMBIO: Entiendo que ustedes ya habían tenido una apuesta similar en México, ¿de qué manera se articuló el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para acercar la memoria de estos autores a los jóvenes?
P.I.T.: Fue un acuerdo original con el gobierno mexicano que hizo una inversión muy grande a través del Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado, una entidad que recupera bienes mal habidos del narco y de políticos corruptos, para subastarlos y crear una base de financiamiento. Por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum este fue el instituto que aportó una de las cantidades más grandes para la distribución de la colección. Seguimos una misma regla: de acuerdo al aporte regional se acuerda el número de ejemplares que le toca a cada país. Después de México, Colombia tuvo la distribución más grande.
CAMBIO: Paco, ¿cómo fue la selección de los 27 títulos? ¿Cómo fueron esas reuniones para curar la colección y que lograra representar la literatura latinoamericana?
P.I.T.: Una vez fijados los criterios, todo lo demás fue empezar a “tratar de”. Queríamos una colección latinoamericana, en español y dirigida a jóvenes que se detuviera en la época más fuerte de la literatura contemporánea de la región: los años del boom y un poco después. Una vez establecidos estos criterios se creó en la práctica un comité de consulta que incluía, entre otros, a Gabriela Roca, directora del Fondo en Colombia, a nuestro jefe editorial en Perú, el coordinador del Fondo de Cultura en Buenos Aires, al director de Casa de las Américas de Cuba y a la editorial Siglo XXI. Participamos unas veintitantas personas en el comité de selección. Cada uno de los miembros del comité proponía. Y ahí empezaron los problemas. Una cosa es lo que quieres y otra cosa es lo que puedes. ¿Qué tipo de problemas tuvimos? Bien, tuvimos toda la variedad de los problemas y toda la variedad de las facilidades. En la parte de los problemas: la proposición. México propuso cinco autores: tres mujeres y dos hombres; Colombia propuso tres autores: dos hombres y una mujer, y así, todos los países íbamos viendo lo que podíamos. Encontramos en términos de bloqueos varios retos: algunas editoriales trataban de impedir que el libro llegara a nuestra colección con argumentos muy pedestres. “Si les doy un libro de este autor, ustedes lo matan durante dos años”, decían. Yo les respondía: “No es cierto, porque si ustedes nos dan un libro de dicho autor, lo que van a lograr es que sea conocido masivamente. Por lo tanto, otras de sus obras van a circular con más facilidad y profundidad”.
Un editor inteligente dijo: “A mí no me preocupa que regalen libros ustedes, Paco, porque por cada libro que regalan de un autor mío, luego van a llegar a la librería a pedir cosas de ese autor”. Pero era un editor inteligente. El 90 por ciento de los editores en América Latina no son inteligentes: son mercantiles, mercachifles y centaveros. Espero que esos tres adjetivos sean comprendidos rápidamente en Colombia.

CAMBIO: ¿Cuál fue uno de esos autores que se quedó por fuera?
P.I.T.: Hubo casos dolorosos. Por ejemplo, llevábamos muy avanzado a Cortázar. Casa de las Américas tenía una antología de cuentos hecha por el propio Cortázar, que él mismo le había regalado a Cuba. Sin embargo, con gran dolor en mi corazón, no pudimos tenerla porque no estaba claro quiénes eran los herederos de Cortázar. En cambio, tuvimos facilidades enormes con Galeano, Siglo XXI dijo: “Yo lo pongo”. Por otro lado, los hijos de Roque Dalton dijeron: “Mi papá hubiera dado la vida por estar en esta colección. Va”. La fundación que controla los derechos de Onetti también fue muy generosa. Los hijos de Alaíde Foppa, la poeta y cronista guatemalteca, también lo fueron. En resumen, fuimos viendo lo que podíamos y no solo lo que queríamos. Por eso el resultado fue exótico con 27 libros en lugar de 25.
CAMBIO: ¿Qué opinión tiene sobre Gabriel García Márquez, Piedad Bonnett y Andrés Caicedo, los autores colombianos incluidos en la colección?
P.I.T.: Es curioso el caso colombiano. Estuvimos reunidos un año todas las semanas construyendo la lista, los permisos y los derechos. En Colombia se presentó algo particular. La gestión para conseguir un García Márquez por parte de su familia nos facilitó conseguir un libro muy poco conocido de él, pero bien interesante. Por otro lado, desde el principio Piedad Bonnett estaba en la lista. Mientras tanto, lo de Andrés Caicedo fue necedad y terquedad de Gabriela Roca, que más o menos en la sesión 50 del comité dijo: “Tiene que entrar Caicedo”. ¿Cuál fue el problema cuando hablábamos? Yo no había leído nada, nada de él. Se nos dio muchas veces el fenómeno de que un autor muy conocido nacionalmente era desconocido latinoamericanamente. Eso terminó siendo una virtud. Un ejemplo de esto fue la batalla que tuve para incluir a Fabrizio Mejía Madrid con su novela Disparos en la oscuridad. Los chilenos me preguntaban quién era él. Durante el proceso hubo propuestas que obligaron lecturas y, sin duda, la de Caicedo causó gran impacto cuando fue leída en Chile. Le dimos la razón a Gabi y fue un acierto total.

CAMBIO: Cuando ustedes llegan con estos libros a las librerías y escuelas de los diferentes países, ¿cómo lo viven los jóvenes? ¿Cuál es la reacción inmediata?
P.I.T.: Es como haber estado en una fiesta durante cuatro meses. Si tengo rostro de coreano, no es por influencias asiáticas, sino porque no duermo. Llevo todos los días desde que arrancó el programa dedicándome por horas a temas de distribución de 25 para el 25. Soy el director del Fondo, imagina todo lo que hacen nuestros equipos. Tenemos compañeros que desde diciembre han participado en 60 entregas de libros. Uno les pregunta cómo les fue y todos dicen lo mismo: “Hay un ambiente de júbilo”. ¿Cómo no? Una enorme parte de los destinatarios de la colección no tenía dinero para comprar un libro. ¿Qué tantos? No lo sé, es imposible saberlo, porque se dio otro fenómeno muy curioso: también llenamos nuestras librerías de adolescentes que duplicaron las ventas de libros. Sin embargo, la mayoría llegaba con la felicidad que provoca el acceso gratuito.
El mensaje es claro. No se trata de confrontar las formas naturales de diversión. Se trata de añadir a las formas naturales de diversión algo que mi generación ya sabía: leer no solo te vuelve más simpático e inteligente, ligas más. En algunos lugares el debate se abrió con ese término. Llegué a una escuela de maestras normalistas en México y les dije: “¿Saben qué, compañeras?, esta colección va a permitir que en este lugar liguen más”. Se oían risitas al fondo del auditorio y yo les insistía mientras leía un poema de uno de los libros de la colección. Al final, cientos de jóvenes se me acercaron preguntando: “¿Con cuál de todos los libros ligas más?”. Y yo les respondía: “A mí edad, con uno de Gelman. Ustedes probablemente no, búsquenle”. Es curioso cómo logras romper los tabúes que existen entre los jóvenes.
“No se trata de confrontar las formas naturales de diversión. Se trata de añadir a las formas naturales de diversión algo que mi generación ya sabía: leer no solo te vuelve más simpático e inteligente, ligas más”.
CAMBIO: ¿Por qué seguir apostando por el acceso a la literatura entre los jóvenes?
P.I.T.: Leer es apasionante, leer es divertido, leer es subversivo, leer es latinoamericanizante, leer es revolucionario y leer te hace ligar más. Y sí, leer es también civilización contra barbarie. Esa es la gran batalla en América Latina: frente a un imperialismo absurdo, desatado, beligerante, hipócrita, mentiroso y agresivo, cuando lanzamos la campaña nos encontramos con un indicador espejo. Los consejos escolares en Estados Unidos estaban prohibiendo libros sobre el Holocausto y se estaban retirando muchos libros de las bibliotecas escolares. Mientras eso pasaba allá, nosotros regalábamos libros en Latinoamérica.
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