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Deportes

Catar: vergüenza mundial

Si fuéramos una raza sensata no veríamos el Mundial de Catar. Pero no lo somos. Entonces, que quede bien clarito por qué fue posible que un país en el que están en duda todos los avances sociales, celebre el evento deportivo más masivo, influyente y relevante del mundo.

Por Juan Francisco García

Empecemos por la pregunta más elemental, esa que nos hicimos todos, cuando el entonces presidente de la FIFA, Joseph Blatter, anunció con entusiasmo que después de Rusia en 2018, el país electo para el campeonato de 2022 era Catar. ¿Por qué carajos Catar, un país sin tradición futbolística alguna, sin infraestructura básica para albergar un Mundial -sin ni un solo estadio reglamentario-, sin capacidad hotelera para la diáspora turística del evento deportivo más masivo del mundo, sin infraestructura vial, con temperaturas que superan los 41 grados y con un estricto y autoritario régimen de comportamiento civil que raya a todas luces con los derechos humanos y con la confluencia multicultural de una Copa del Mundo?

La primera respuesta, la más obvia, es el dinero. La FIFA, desde que en 1905 dejó de ser ese conglomerado purista compuesto por siete asociaciones europeas que se regían por unos valores cercanos al amateurismo y sin dinero de por medio, fue virando vertiginosamente hacia una industria voraz. Multimillonaria. Desregulada. Regida siempre por “líderes” inescrupulosos, enfermos de dinero y de poder, que muy rápidamente se dieron cuenta de que en aras del “desarrollo” del deporte más popular en la tierra podían enriquecerse desmesurada y sistemáticamente.

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