
La despedida de Rigo: el vendedor de chance que se convirtió en leyenda
Como un homenaje a su legado, para unirnos a la despedida de Rigoberto Urán, uno de los deportistas más queridos en Colombia, CAMBIO le cuenta su historia: la de un paisa frentero y auténtico que, a punta de pedal, se sumó a la lista de los escarabajos inmortales.
Rigoberto Urán llegó a los Juegos Olímpicos de Londres sin expectativa de podio y, contra todo pronóstico, es líder de la competencia. Siete kilómetros atrás emprendió una fuga en compañía del kasajo Aleksandr Vinokúrov y dejó atrás a los sprinters ingleses, que son los favoritos por especialidad, potencia y localía.
La meta, en el Palacio de Buckingham, es promesa de eternidad y de cumbre. Para constatar que lo que vive es real y calibrar la distancia con su escudero, precavido, Urán mira hacía atrás, por encima de su hombro izquierdo. La victoria, la medalla de oro, la gloria inédita para su país, se le escapa por el lado derecho, por donde el ciclista kasajo, como un espíritu maligno, lo rebasa. El jovencito que aprendió a montar bicicleta en Urrao, ese pueblo montañoso enquistado en la cordillera oriental famoso por sus granadillas, atraviesa la meta vencido y cabizbajo.
Rigo lleva la cabeza clavada en el manubrio. Quizás recuerde la tarde que en su pueblo mataron a balazos a su papá, que había salido como todos los días a vender la lotería. O los tiempos remotos en los que ser un ciclista profesional no era más que una entelequia y ni él ni nadie podían sospechar que habría de convertirse en uno de los atletas más queridos: un escarabajo de oro en tierra de escarabajos: Lucho Herrera, Santiago Botero, Cochise Rodríguez.
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