
Lo que la Selección Colombia no deja ver
La emoción por la Selección Colombia en la Copa América esconde una gran paradoja: si le va bien, los dirigentes corruptos de la Federación Colombiana de Fútbol celebrarán su impunidad.
Por: Alejandro Pino Calad
Al establecimiento del fútbol le gusta la impunidad. Queda claro desde los estatutos de la Fifa que plantean que la organización del fútbol debe ser autónoma y no puede permitir la intervención de los gobiernos en las federaciones locales.
Claro, a veces “intervención” quiere decir que algún gobierno quiere poner a un presidente de federación, cosa que pasa muy seguido en África, pero para la Fifa el término es amplio e incluye investigaciones sobre su negocio; si la justicia de un país husmea algo que huela mal en el manejo del fútbol local y a la Fifa no le gusta, llega un castigo diplomático que es muchísimo más eficiente y ruidoso que cualquier sanción de la Corte Penal Internacional o la ONU: el país queda expulsado del sistema y con eso ni sus clubes pueden participar en torneos continentales como la Libertadores o la Champions, ni –mucho peor– sus selecciones pueden disputar eventos oficiales como la Copa América, las eliminatorias o un Mundial.
Por eso históricamente ningún gobierno se metía con el fútbol y sus dirigentes, porque estos sabían utilizar la carta de su autonomía a placer y en Colombia ningún político se quiso arriesgar nunca a que le echaran la culpa “de que nos quedáramos sin fútbol”.
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