Ir al contenido principal
photologuephotos2024-07copia_de_mini_2024-07-14t165841034png
Deportes

La Selección de los excluidos

Seis de los jugadores de la Selección son de los municipios PDETs, contemplados, por su exclusión y pobreza, en el Acuerdo de Paz. Antonio Sanguino, en exclusiva para CAMBIO, hace una crónica sobre el tema.

Por: Antonio Sanguino

El loco Bielsa, técnico de la selección uruguaya dijo que el fútbol es de origen popular. Y en Colombia podríamos agregar que brota en medio de la violencia y la pobreza como una silenciosa fuerza resilente en la Colombia profunda. Muchas de las grandes hazañas deportivas siempre vienen de los territorios excluidos, tienen piel negra o mulata y han tenido rostros imberbes con ganas de tragarse el mundo a punta de coraje y talento, como ocurre con nuestra selección colombiana de futbol.

Caloto y Santander de Quilichao, en el Cauca pluricultural adolorido por violencias y exclusiones que se repiten en el tiempo; Itsmina y Condoto de un Chocó tan biodiverso como sometido a olvidos, salvo el de los ejércitos ilegales y mafias; Amalfi en una Antioquia cuyo empuje no ha alcanzado para evitar el imperio de carteles y violencias o Tierraalta en la Córdoba de las luchas campesinas y el terror paramilitar, hacen parte de los 170 municipios PDET (Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial) priorizados por el Acuerdo de Paz firmado entre el Estado colombiano y las FARC-EP, municipios priorizados por sus niveles de pobreza, cultivos de droga, violencia y debilidad institucional.

Estos 6 municipios, junto a todos nosotros, celebran la victoria de 6 campeones de la Selección Colombia: Davinson Sánchez, Carlos Cuesta, Daniel Muñoz, Luis Sinisterra, Jhon Córdoba y Miguel Ángel Borja. 3 son defensas y 3 son delanteros. El fútbol, como relatara el escritor mexicano Juan Villoro, es una representación de la realidad; hoy la defensa de Colombia como las regiones de Cauca, Chocó y Antioquia expresan quizás el ADN de territorios que resisten a las ráfagas de ejércitos guerrilleros y bandas armadas que se reciclan y se repiten desde hace décadas, y que no se dejan doblegar por los años de soledad y mezquindad de los gobiernos y las elites para proveer servicios, atender derechos y permitir los sueños de sus niños y jóvenes. De allí viene la entereza y el coraje demostrados por estos defensores en un partido ante la garra uruguaya en la semifinal y ante todos los que ha enfrentado a lo largo del campeonato.

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Temas en este artículo

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales