
Entrevista a Agustín Garizábalo, el cazatalentos más importante del fútbol costeño
Agustín Garizábalo, veedor oficial del Deportivo Cali, la persona que descubrió a Juan Guillermo Cuadrado, Luis Fernando Muriel, Abel Aguilar, Michael Ortega, entre otros, habló con el escritor José Andrés Palma sobre los misterios de su oficio y su vida.
Por: José Andrés Palma
Su nombre es ya legendario entre los amantes del fútbol de la costa Atlántica y el FPC. Todo el que quiera trabajar en el fútbol del Caribe en algún momento se lo encuentra: en una cancha, en un potrero, en una tribuna caliente con unas gafas y absoluto silencio. Él no lo sabe, pero ya es un personaje de culto.
Julio Comesaña, entrenador histórico de Junior, dice que el fútbol le dio a Agustín la oportunidad de dirigir porque “él ve lo que otros no ven”. Juan Salvador Bárcenas, uno de los periodistas más importantes de Barranquilla, al escuchar su nombre, dijo: “Nojoda, ¿qué dice el profe? ¿Tú sabes la cantidad de plata que le hizo ese man al Cali! Y no solo al Cali, ¡al fútbol mundial!”. Y, bueno, según valores de Transfermarkt, los descubrimientos de Garizábalo han movido más de 188 millones de dólares a lo largo del mundo.
CAMBIO: ¿Se acuerda la respuesta que me dio el otro día en Narcobollo, la que era una cita de Ojalá, de Silvio Rodríguez?
Agústín Garizábalo: La mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta.
CAMBIO: ¿Para qué pregunta era? ¿Qué pregunta le había hecho?
A.G.: Lo que me define como coaching. Da para un titular.
CAMBIO: (Risas) Sí, sí. Bueno, empecemos. ¿Quién es Agustín Garizábalo?
A.G.: Soy esencialmente un comunicador. Comprendí, después de varios años, que mi misión era interpretar lo que observo en las personas que acompaño y convertir ese acervo en un lenguaje asequible para ese interlocutor, que le pueda permitir acercarse con nitidez a lo que estaba buscando para su vida.
CAMBIO: ¿Cómo era la casa donde nació?
A.G.: Nací a orillas del caño de Soledad, un afluente del río Magdalena, con todo el fabulario que supone un hábitat de esa naturaleza.
CAMBIO: ¿Qué le llamaba la atención del fútbol cuando inició su labor de cazatalentos?
A.G.: Yo entré al fútbol como patrocinador de un equipo: Gremio Unido. Luego, pasé a ser entrenador, lo que me llevó hasta la Selección Atlántico. Una carrera de 20 años. Para la labor de veedor o cazatalentos me descubrió el profesor Carlos Julián Burbano, quien vino a Barranquilla a unas charlas y allí nos conocimos. Me invitó a que hiciera parte del programa nacional de veeduría que el Deportivo Cali ya tenía montado.

CAMBIO: ¿Cuántos de sus futbolistas han logrado consolidarse en el fútbol profesional?
A.G.: Afortunadamente varios, algunos de ellos con experiencia internacional: Juan Guillermo Cuadrado, Luis Muriel, Abel Aguilar, Freddy Montero, Edgar 'Pipe' Pardo, Gustavo Cuéllar, Rafael Santos Borré, Alexis Pérez, William Tesillo, Michael Ortega, Andrés Felipe Roa, Armando 'La Perra' Carrillo, Daniel Ruiz, Jorge Marsiglia, Anthony Tapias y otros que han jugado básicamente en Colombia: Luis Payares, Edgar Camargo, Juan Camilo Roa, José Caldera, Onel Acosta, Rafael Tapias y siete muchachos más que están haciendo el proceso actualmente en el Cali.
CAMBIO: ¿Cuáles son los atributos de un futbolista que llaman su atención?
A.G.: Por ser el veedor de la costa Atlántica, me inclino por un tipo de jugador con buena técnica, que juegue con alegría, que proponga, que sea creativo. Si es habilidoso, mejor. Este tipo de perfil complementa lo que se capta en la zona del Valle del Cauca y otras regiones.
CAMBIO: De lo que ha aprendido en tantos años de trabajo en el fútbol, ¿cuál es el valor diferencial que hace que un talento se convierta en profesional?
A.G.: La persistencia y la capacidad de aprendizaje del jugador. Que insista en mejorar, en pulirse, que sea resiliente, que vea los errores como obstáculos que debe superar y no razones para lamentarse. Al final, todo proceso se realiza con la intención de adquirir conocimientos eficaces para poder improvisar cuando las situaciones lo ameriten.

CAMBIO: ¿Cómo es la mente de las nuevas generaciones de futbolistas? ¿Cómo son, qué virtudes, qué vicios y qué patrones les encuentra?
A.G.: Las dinámicas de los tiempos han cambiado. Las personas estamos volcadas ahora hacia afuera, se amplió el escenario personal desde lo virtual. Luego, entonces, los jóvenes padecen demasiadas distracciones, atienden demasiadas cosas, muchas variables, y en el proceso participa mucha gente, que opina e interviene; al final, resulta una criatura de muchas piezas, no siempre coherente.
CAMBIO: Hace mucho no vemos en Colombia jugadores artistas, estilo Macnelly Torres, Teófilo Gutiérrez, James, el Pibe, ¿por qué?
A.G.: El interés primordial de la actualidad es lo económico, luego el dinero termina siendo la medida. Colombia exporta buenos jugadores, pero poco preparados para el mercado internacional. Prácticamente, los jóvenes terminan de formarse en el exterior, con todos los riesgos que eso implica. No maduran en el entorno nuestro. Las figuras del torneo colombiano son jugadores veteranos ya regresados del exterior.
CAMBIO: ¿Por qué la Selección Colombia no ha sido capaz de ganar Mundiales o más Copas América?
A.G.: El fútbol colombiano se considera emergente, algo así como Portugal en Europa. Hemos mejorado en la búsqueda y formación de jugadores atletas, pero nos quedamos cortos en otros aspectos: la parte mental, lo social, lo competitivo. Al final somos el reflejo de lo que somos como sociedad, con sus aciertos y sus taras.
CAMBIO: Desde Falcao no hemos vuelto a tener a un goleador total en la Selección, ¿a qué se debe eso?
A.G.: Por el diseño de competición de la eliminatoria y los torneos suramericanos, es casi imposible trabajar un estilo identitario. Tienes que armar con lo que recibes. Diseñas el esquema a partir de figuras descollantes, en este caso Luis Diaz y James Rodríguez. Casi todas las jugadas ofensivas empiezan y terminan con ellos. Los centrodelanteros, tipo Falcao, en este ciclo de la selección Colombia, son personajes secundarios, no se trabaja para que ellos goleen.
CAMBIO: ¿Qué piensa de los actuales representantes de jugadores que trabajan en Colombia?
A.G.: Alguien dijo alguna vez que los empresarios eran un mal necesario. Por la dinámica del negocio y todas las facilidades que les ha entregado la FIFA, son personajes determinantes para lo que significa el fútbol en la actualidad. Ellos hacen lo que les corresponde. Por lo tanto, no importa mucho el juego, ni las pasiones por las grandes divisas y escudos, importan los réditos, las transacciones. El dinero es el valor más importante del mundo actual. Qué se puede hacer.
CAMBIO: ¿Cuál es la esencia del fútbol colombiano y qué lo diferencia del fútbol de otras partes del mundo?
A.G.: Nosotros somos un país que se ha ganado la buena fama de producir jugadores lo más cercano a los brasileros en aspectos como la habilidad y la potencia. El jugador colombiano en general está en pleno proceso de crecimiento, disfruta del juego, es muy dispuesto a la lúdica creativa. Y aunque ha mejorado en la intensidad y concentración durante los partidos, todavía carece de algunos elementos tácticos y de comportamiento que se trabajan poco en los procesos formativos.
Nos falta más competitividad. Nuestro torneo local es deficiente y por eso lo que pagan por un jugador nuestro es relativamente poco comparado con otros países. Falta más infraestructura. Canchas de entrenamientos, estadios, centros de alto rendimiento. No tenemos ni siquiera tercera división. Muchos muchachos a los veinte años ya están desechados para el fútbol. En plena flor, muy lamentable.
CAMBIO: Usted, que ha viajado por todo el país viendo fútbol, descríbanos el fútbol de las regiones de Colombia: Valle del Cauca, Bogotá, Antioquia, Magdalena, Atlántico, Sucre, Bolívar, Córdoba, Santander y, si puede, de las demás.
A.G.: Colombia es un país de regiones y por razones geográficas, climáticas y culturales, cada zona posee un fútbol característico. El jugador de la costa Atlántica, por ejemplo, quizás por su entorno macondiano (exacerbado por el carnaval) es alegre, inventivo, mágico, expresivo, técnico, y de alguna manera, ‘irresponsable’, por lo tanto, abundan los delanteros y volantes creativos.
Los nacidos en la costa Pacífica gozan, desde siempre, de cualidades similares. El jugador del Valle del Cauca, en tanto, es potente, rápido, habilidoso y de tranco largo. En palabras del profesor Gastón Moraga: “Negro, zanquilargo, vallecaucano y goleador”, adobado por la salsa y ritmos africanos de regiones cercanas. Curiosamente, pese a tener exponentes de la zona ofensiva, esta región también es reconocida por producir arqueros y defensas.

El fútbol antioqueño, tradicionalmente apegado a los credos familiares y con una innegable vocación de liderazgo, es el más táctico, ordenado y colectivo del país. Los volantes de primera línea son prototipos de excepción de esa estirpe, y desde esas posiciones parte el juego, al aliarse con los cuatro del fondo, se apertrechan para defender a ultranza los réditos alcanzados. El jugador bogotano, en tanto, es más gregario, menos protagonista, pero un excelente coequipero por su condición técnica y disposición táctica, proclive a seguir los lineamientos de los entrenadores.
Entre otras razones, la presión familiar afecta notablemente el desarrollo de una carrera futbolística: la familia bogotana no ve con buenos ojos que el fútbol sea el proyecto principal del joven y prefiere que se oriente al estudio de carreras formales o ingrese lo más pronto posible a la vida laboral, con las opciones que ofrece la capital, especialmente por la alta oferta de universidades. En todo caso, estas son apenas generalizaciones y, por supuesto, en cada zona ha habido extraordinarias excepciones que confirman la norma.
CAMBIO: ¿Cómo, a partir de tanta diversidad, se crea el estilo de juego de una Selección Colombia?
A.G.: Precisamente, esa diversidad constituye nuestro potencial. Tener diferentes visiones culturales, distintas maneras de resolver situaciones, esa suma de paradigmas sin duda enriquece lo colectivo.
CAMBIO: ¿Por qué nunca trabajó con Junior?
A.G.: Yo estaba en la dirección técnica y fue el Deportivo Cali que me invitó a ser parte de su staff de veedores. Tengo más de 25 años vinculado a ese club, el cual me ha permitido potenciarme como profesional en esa labor. Con Junior ha habido acercamientos, pero veo en Cali una estructura más orientada a promover jugadores jóvenes, porque, de hecho, la cantera es su más importante unidad de negocio. Y ese es mi nicho.
CAMBIO: ¿Es verdad que el Junior vendió a Muriel por un CD de Iván Villazón?
A.G.: Ese es un mito que se creó de manera irresponsable. Alguien quiso hacer una broma con esa especie y el periodismo se quedó con esa versión. A Muriel le entregaron su baja porque llevaba más de un año que no asistía a entrenamientos ni competencias con las categorías menores del Junior.
CAMBIO: ¿Cuáles son las razones del éxito de Luis Díaz?
A.G.: Se me ocurre que tuvo la suerte de entrar al mundo competitivo ya mayorcito, y mientras tanto, tuvo la posibilidad de jugar, divertirse, desarrollar sus habilidades sin la obligación del resultado. Después llegó a Junior y lo potenciaron, lo fueron llevando como debe ser, especialmente en las manos de Julio Comesaña y Arturo Reyes.
CAMBIO: ¿Qué ha cambiado en el fútbol en los últimos 20 años con todas las transformaciones y revoluciones en comunicación y tecnología?
A.G.: Muchas cosas ya no dependen del juego, sino de la data y de la promoción tecnológica. Están primando, a mi parecer, detalles que no son esenciales cuando se toma una decisión deportiva.
CAMBIO: ¿Por qué pareciera que el mercado cada vez homogeniza más al futbolista? A veces pareciera que buscan replicar y robotizar a los jugadores.
A.G.: Es un error generalizado, especialmente en las etapas formativas. En divisiones menores se debe evaluar por crecimiento y no por rendimiento. Al confundir esos parámetros, mas temprano que tarde, pretendemos que el niño y el joven nos entreguen resultados sin haberse formado de manera apropiada.

CAMBIO: Hay un sector joven que cree que el fútbol femenino aún conserva la esencia tradicional del deporte, que en las mujeres está la esperanza y la resistencia del fútbol artístico frente al fútbol del mercado, ¿qué piensa al respecto?
A.G.: Es Colombia, el fútbol femenino es incipiente y el torneo local es muy pobre en lo competitivo, pero eso permite una visión un poco más romántica del tema, especialmente en las jugadoras, que pueden mostrar, sin tanta presión, su potencial y son rápidamente llevadas a otros países.
CAMBIO: ¿Cuántos partidos necesita para ver que un jugador es crack?
A.G.: No hay una medida exacta. Depende de muchas variables, como dije antes, a cada jugador hay que diseñarle su propia metodología, conocerlo, saber qué sueña, que quiere, hasta donde está dispuesto, y después verlo en acción, durante un tiempo. Lo mínimo que vemos a un jugador es un año.
CAMBIO: ¿Cuándo es el momento ideal para que una promesa haga su debut profesional?
**A.G.:**En nuestros clubes profesional está faltando un quinto paso para que el jugador joven se consolide. Lo detectamos, lo seguimos, lo acompañamos, lo mejoramos. Pero no hay una fase de consolidación, es decir de ir acercando al muchacho en un proceso cuidadoso, porque están en juego factores emocionales, físico y competitivos. Lo más importante es saber que el tema no es de oportunidad si no de momento. En qué momento el chico está realmente preparado para saltar a la arena a pelear con las bestias.
P.: Díganos, ¿cuál es el jugador colombiano que más lo deleitó?, ¿cuál es el mejor jugador de la historia de Colombia? y ¿cuál es el mejor jugador de la historia?
A.G.: De fútbol colombiano, el jugador que me hizo cambiar la visión fue el argentino Juan Ramón Verón. Colombianos: el maestro Arboleda, el Pibe Valderrama, Juan Guillermo Cuadrado. Del mundo: Diego Maradona.
CAMBIO: ¿Le sigue interesando el fútbol de hoy?
A.G.: Muy poco como posibilidad estética, prefiero otras artes. Como espacio de interacción humana sí me interesa, por todos los elementos sociológicos que desarrolla.
P.:¿Cuál será el futuro del fútbol en diez, cincuenta y cien años?
A.G.: Habría que resolver primero el interrogante de cuál es el futuro de la humanidad. Estamos en una era caótica, líderes políticos ambiciosos, países poderosos por sus armas, mas no por enriquecer la humanidad. El fútbol es lo menos importante en ese escenario.
CAMBIO: Por último, profesor, ya esto se extendió mucho. ¿No se arrepiente por no haber firmado una cláusula especial que le recompensara por los millones de dólares que ganó el Cali con los jugadores que usted descubrió?
A.G.: De plata no hablo públicamente (risas).
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