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Radamel Falcao García.
Radamel Falcao García, entre las lesiones y la ilusión en Millonarios. Crédito Colprensa.
Deportes

Falcao, la mentira, el amor propio

La nueva lesión de Falcao jugando con Millonarios abre la pregunta de por qué, siendo la leyenda que es, sigue jugándose los tobillos y la reputación en las canchas ahuecadas del fútbol colombiano. Opinión.

Por: Juan Francisco García

Conmueve. Verlo a Falcao peleando a muerte contra sí mismo para seguir vigente. Me hace pensar en Djokovic, el mejor tenista de la historia, que a los 38 años sigue llevando el cuerpo y la cabeza hasta los extremos para dar con el ritmo infernal de los veinteañeros que hoy dominan el circuito.

La fabulosa escritora argentina Mariana Enríquez le escribió una oda al serbio en la que cuenta que su padre, para que pudiera seguir entrenando y jugando cuando todavía no llenaba titulares ni vitrinas, le pidió plata prestada a un mafioso. “Si esto va a continuar, es porque vas a ser el número 1”, le dijo. Sabemos todos la forma en la que Djokovic ha honrado su promesa. 

Pero, Falcao, ¿qué pacto está cumpliendo? ¿A quién le debe? ¿Acaso juega para su papá que se murió sin verlo vestido de nuevo con la camiseta de Millonarios? ¿Cómo se explica que el goleador más importante de nuestra historia reciente se juegue los tobillos, la reputación, el sueño, en las canchas ahuecadas de nuestra liga? ¿Por qué arriesgar, otra vez más,  la memoria de goleador imposible que le hizo abrir la boca a Pep Guardiola y se convirtió en el maestro de Mbappé? ¿Quién le aconsejó venir a palidecer sus fotos, bañadas en gloria y en devoción, con la camiseta de la Selección Colombia? ¿Por qué prestarse para jugar a ser lo que ya no se puede ser, como un cantante al que la voz ya no le sube? 

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