
Importar gas natural no beneficia al ambiente, pero encarece la vida
Comprarle a Venezuela el gas, en vez de producirlo en casa, no tendría efecto sobre el cambio climático; en cambio, multiplicaría por cinco el precio del combustible.
Contrario al consenso mundial, el gobierno de Gustavo Petro considera que el gas no es un combustible lo suficientemente limpio como para permitirle sobrevivir a la transición energética. Así lo confirmó el propio presidente, durante el Congreso de la Andi, en Cartagena, el pasado viernes. Horas antes, la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez, había asegurado que el plan de la campaña de no firmar más contratos de exploración de yacimientos de gas se iba a cumplir, y que, si el país necesitaba de este combustible, lo podía importar de Venezuela.
Comprar en el exterior, como ya lo demostró Europa con Rusia, puede salir geopolíticamente mal y ni siquiera reduciría el impacto ambiental, pues el consumo sería el mismo, solo que a un precio mucho más alto.
Según los cálculos de Naturgas, el gas genera emisiones de dióxido de nitrógeno 75 por ciento menores a otros combustibles. Al quemarse, las emisiones de dióxido de carbono son entre 30 por ciento y 50 por ciento menores.
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