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Economía

De inversiones forzosas a estratégicas: todos ponen, todos ganan

Colombia se prepara para un nuevo programa económico contracíclico para acelerar la recuperación económica. El Gobierno y el sector privado pasaron de la idea de las inversiones forzosas a las estratégicas y finalmente a un ‘Pacto por el Crédito’. ¿Qué pasó? ¿Qué esperar?

Por: Angélica Gómez

Hay ideas que progresan rápidamente, como la del presidente Gustavo Petro de inyectarle más recursos a la economía para contrarrestar su desaceleración, tal y como se ha hecho en otros gobiernos, pero con un método diferente.

En junio de este año, el mandatario habló en la Convención Bancaria anual sobre la necesidad de irrigar más crédito en la economía, de su apertura para hablar con el sector financiero y de su propuesta de campaña: revivir las inversiones forzosas para sectores adicionales al agropecuario.

Un mes después, los bancos anunciaron una reducción de tasas de interés para los créditos hipotecarios, y el presidente en su discurso del 20 de julio insistió en su propuesta de las inversiones forzosas.

Apenas cinco semanas después, el Ministerio de Hacienda y las Asociación de entidades financieras y bancarias (Asobancaria) anunciaron un acuerdo: 55 billones de pesos adicionales en créditos para cinco sectores estratégicos a cambio de no llevar ante el Congreso el proyecto de ley de inversiones forzosas.

¿Cómo funcionará?

Durante 18 meses, en condiciones de mercado, pero con un esfuerzo adicional del Gobierno para mejorar sus condiciones, los sectores de infraestructura (incluida la vivienda y sus mejoramientos), manufactura (industria nacional incluida la transición energética), agropecuario, turismo y economía popular recibirán 249 billones de pesos en desembolsos de crédito, lo que se traduce en 55 billones de pesos más que en el último año y medio.

El ‘Pacto por el Crédito’, nombrado como ‘Inversiones Estratégicas’ por un breve periodo, empezará con entre dos y tres semanas de conversaciones con las demás mesas sectoriales que tiene el Gobierno para “construir la demanda” para esta nueva oferta de crédito, como dijo el presidente de Asobancaria, Jonathan Malagón.

A medida que se vayan concretando los acuerdos, empezarán a contar los 18 meses de desembolsos anunciados para los sectores priorizados, mientras que los demás seguirán accediendo al crédito en las condiciones actuales.

Este pacto tiene en cuenta que, como consecuencia de la reducción de la inflación, el Banco de la República podrá seguir bajando las tasas de interés de referencia en lo que queda de este año y durante el próximo, cuando se espera que la inflación cierre cerca del 5 por ciento.

Además, para la economía popular tiene en cuenta que el acceso al crédito se dificulta por la falta de historial en el sistema financiero, por lo que el ministro de Hacienda, Ricardo Bonilla, anticipó que para los microempresarios habrá garantías del Fondo Nacional de Garantías y mecanismos de compensación a la tasa.

¿Quiénes ganan?

La respuesta corta es, además, muy simple: todos. Por un lado, el Gobierno, en cabeza de Gustavo Petro, se lleva el triunfo mediático de conseguir 55 billones de pesos de financiación adicional para el próximo año y medio por sus conversaciones con el sector financiero y tampoco tendrá que llevar al Congreso un proyecto de ley que ya era impopular por sus errores de comunicación y la incertidumbre que creó alrededor del destino del ahorro de los colombianos.

Por otro lado, los bancos lograron también su victoria al convencer al Gobierno de abandonar la idea de las inversiones forzosas en sectores diferentes al agropecuario y tendrán la certidumbre de otorgar los créditos en condiciones de mercado, lo que incluye no invertir en proyectos que potencialmente les dejen pérdidas.

Ganan también los empresarios de los sectores priorizados, porque tendrán mayor oferta de financiación para sus planes de inversión, expansión, mejoras y lo que requieran. Los microempresarios, además, ganarán un paso más en la inclusión financiera lo que en el futuro mejorará su capacidad y condiciones de endeudamiento.

Por último, si el plan sale bien, ganan todos los habitantes del país pues el propósito es dinamizar la economía y si eso sucede sin darle un nuevo impulso a la inflación, habrá más dinero circulando y eso puede impulsar la generación de empleos.

Sin embargo, esta ganancia también dependerá de cuántos pesos adicionales realmente se inyecten a la economía vía los créditos anunciados. La forma de medir esto será vigilando que suba la demanda de crédito, algo que a su vez debería darse de la mano, por ejemplo, de tasas de interés más bajas o beneficios adicionales que incentiven a los empresarios a endeudarse para hacer inversiones que tenían aplazadas o que veían más adelante en su panorama para crecer.

En ese sentido, serán claves los anuncios del Ministerio de Hacienda, Bancóldex, Finagro y otras entidades públicas que tengan los recursos para apalancar esos beneficios crediticios. A su vez, tendría que evaluarse si los bancos están poniendo a disposición un excedente de recursos o si simplemente están redirigiendo recursos.

¿Qué esperar?

No es la primera vez que Colombia se sumerge en una estrategia contracíclica para salir de la desaceleración económica más rápido y mejor. Las versiones anteriores del Acuerdo Nacional por la Reactivación que están más cercanas en el tiempo son el Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo (Pipe) versiones 1.0 y 2.0, que también incentivaron el empleo con subsidios a la compra de vivienda e incentivos crediticios a sectores intensivos en empleo y actividad económica.

En su momento, en 2019, el equipo del BBVA Research evaluó los resultados del Pipe1.0 de mayo de 2013 y estableció que “el impacto principal de esta medida fue la reducción de la carga financiera hipotecaria de los hogares. Permitió que se mantuviera la proporción del ingreso del hogar que se usó para cubrir la primera cuota hipotecaria (en un 26 por ciento), a pesar de los incrementos en los precios de la vivienda”.

Y aunque sus efectos en la macroeconomía son difíciles de calcular, según el equipo de técnicos, pues ese año coincidió con el cambio de los pagos parafiscales (ICBF y Sena), en general en los años de los Pipe la economía nacional sí tuvo desempeños mejores de los que se habían estimado inicialmente.

En esta ocasión, expertos consultados por CAMBIO consideran que todavía falta conocer exactamente las condiciones del pacto para cada sector, de modo que se pueda evaluar si este movimiento terminará desincentivando el crédito en otros sectores, un temor usual en los programas para contrarrestar el ciclo económico a la baja.

Además, esperan que, dado que la tasa de interés no es lo único que incide en el acceso al crédito, el Gobierno pueda hacer esfuerzos adicionales, por ejemplo, acelerar los procesos de legalización de tierras ya que este es uno de los sectores priorizados.

Pero también hacen una advertencia: si se dirigen crédito a estos sectores y estos no están viendo restringido su crecimiento, sino que simplemente por el momento no tienen planes de expansión, se malgastarían recursos que podrían destinarse a otros sectores que sí quieran crecer en el momento y tengan restringido el crédito.

Pero finalmente será con el tiempo que el país conozca todos los requisitos, letras grandes y pequeñas del pacto por el crédito en cada uno de los cinco sectores priorizados y, más adelante, será el mismo tiempo el que permita evaluar qué tan efectivo fue este nuevo plan contracíclico.

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