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Sebastián Nieto Parra
Sebastián Nieto Parra, jefe de la división regional del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Economía

¿Cómo puede Latinoamérica ser una región más productiva? Habla Sebastián Nieto Parra, del Centro de Desarrollo de la OCDE

El jefe de la división regional África, Asia y el Pacífico, América Latina y el Caribe del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), Sebastián Nieto Parra, conversa con CAMBIO sobre los retos que tiene Latinoamérica para ser una región más productiva. ¿Cuáles son las barreras que ve el experto?

Por: Laura Lucía Becerra Elejalde

Mejorar la vida de las personas es uno de los grandes retos que tienen todos los países, algo que pasa por reducir la desigualdad mientras los gobiernos y las empresas revisan fórmulas para ser más productivos. En América Latina son varios los problemas que limitan ese avance, como los altos niveles de informalidad, los bajos salarios e, incluso, la falta de progresividad de los sistemas tributarios.

El jefe de la división regional África, Asia y el Pacífico, América Latina y el Caribe del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el colombiano Sebastián Nieto Parra, habló con CAMBIO sobre la importancia de que la región se enfoque en una agenda de desarrollo para trabajar a largo plazo, en pensar en formas alternativas de financiamiento y en fortalecer la integración regional.

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Sebastián Nieto Parra, jefe de la división regional del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Crédito imagen: Cortesía.

CAMBIO: Los últimos cinco años han sido particularmente complejos para la economía de América Latina. ¿En qué etapa está la región actualmente y cuáles son las perspectivas?

Sebastián Nieto Parra: América Latina tuvo una recuperación económica fuerte después de la pandemia, pero ahora estamos volviendo a un crecimiento cercano al potencial, es decir, bastante bajo en comparación con otras economías emergentes. Actualmente, la región crece alrededor de 2,2 por ciento, mientras que las economías asiáticas superan el 4,5 por ciento del PIB.

Más que el crecimiento del PIB total, es importante mirar el crecimiento del PIB per cápita, que refleja el bienestar individual. En este indicador la región solo crece alrededor de 0,7 por ciento, frente a 1,7 por ciento en las economías avanzadas. Eso significa que la brecha entre América Latina y los países desarrollados sigue aumentando.

CAMBIO: ¿Qué explica esa brecha?

S.N.P.: Un factor clave detrás de esto es la baja productividad laboral. Hoy la productividad en América Latina representa solo el 35 por ciento de la productividad laboral de los países de la OCDE y vemos que esta brecha ha crecido: a finales de los años noventa era del 45 por ciento. Si queremos avanzar, debemos impulsar la productividad y promover una transformación productiva que genere empleo y competitividad. Ahí hay grandes oportunidades para la región.

CAMBIO: ¿Cuáles cree que son los grandes retos o cuellos de botella de la región para ser más productiva?

S.N.P.: Hay varios factores. El primero es la falta de una visión de largo plazo. Necesitamos consensos entre actores políticos, el sector privado y la sociedad civil que nos permitan renovar el contrato social en la región. Es decir, acordar una agenda de desarrollo clara y, sobre todo, implementarla. Tenemos muchas estrategias y planes de desarrollo, pero el reto es ejecutarlos con un marco multianual creíble.

El segundo punto es el financiamiento. Más allá de las reformas tributarias —que siguen pendientes en varios países—, debemos buscar nuevas fuentes de recursos. Los bancos de desarrollo pueden jugar un papel más fuerte en esa movilización de recursos domésticos.

Y un tercer aspecto es la integración. Debemos fortalecer la integración comercial y financiera. La integración de las bolsas, por ejemplo, puede mejorar la profundidad de los mercados, la liquidez y la capacidad de atraer inversión extranjera.

Pobreza en Colombia
Uno de los grandes retos que tienen Colombia y América Latina es reducir los niveles de pobreza y desigualdad. Crédito imagen: Colprensa.

CAMBIO: La OCDE ha hablado de la importancia de ampliar las fuentes de financiación y mejorar la coordinación entre el sector público, el privado y los socios internacionales. ¿Qué ejemplos concretos hay en la región y en Colombia?

S.N.P.: Hay una agenda interesante que puede capitalizar América Latina que surgió de la IV Conferencia de las Naciones Unidas sobre Financiación para el Desarrollo, realizada este año en Sevilla.

Está la promoción de plataformas para generar iniciativas de financiamiento con bancos de desarrollo multilaterales y bilaterales, como la KfW (Kreditanstalt für Wiederaufbau) de Alemania o la AFD (Agence Française de Développement) de Francia. Estas entidades pueden otorgar garantías a bancos de desarrollo nacionales, como Bancoldex en Colombia, lo que les permite apalancar más recursos y reducir costos de capital cuando salen al mercado.

Otra línea clave son las finanzas sostenibles. América Latina tiene cerca de la mitad de la biodiversidad del planeta, y a través de bonos verdes o temáticos puede financiar políticas de largo plazo. El apetito del mercado por este tipo de activos está creciendo. También debemos fortalecer la integración regional. Iniciativas como la integración de las bolsas de Colombia, Perú y Chile generan beneficios en eficiencia, reducen costos y atraen capital extranjero. Todo esto, además, puede traducirse en un menor costo de financiamiento para las empresas.

En resumen, los mecanismos de bancos de desarrollo, los bonos temáticos y la integración financiera son herramientas concretas que la región debe aprovechar.

CAMBIO: Usted menciona que más allá de las reformas tributarias debemos buscar nuevas fuentes de recursos. Hoy Colombia se alista para discutir una nueva reforma tributaria. ¿Qué cambios estructurales necesita el país en esta materia?

S.N.P.: Desde la OCDE hemos trabajado ampliamente en este tema. Lo primero es construir un sistema que reduzca las desigualdades, pero que al mismo tiempo no desincentive la inversión. Necesitamos un equilibrio entre progresividad y emprendimiento.

La carga tributaria promedio en América Latina es cercana al 22 por ciento del PIB, mientras que en los países de la OCDE ronda el 34 por ciento. No se trata de llegar a ese nivel, pero sí de cerrar la brecha. En la región hay mucha heterogeneidad: países como Guatemala o Paraguay recaudan menos del 15 por ciento del PIB, mientras que Brasil o Argentina se acercan a los niveles de la OCDE. En Colombia, la carga está cerca del promedio regional.

En el país se han hecho avances para una mejor progresividad, pero las tasas efectivas que pagan las empresas siguen siendo altas, lo que puede afectar el emprendimiento y la generación de empleo formal.

Billetes Freepik
La Ocde reconoce que los países de América Latina presentan retos en su financiamiento. Crédito imagen: Freepik.

CAMBIO: En Colombia, la mayor carga tributaria recae sobre las empresas, mientras que los impuestos de personas naturales son bajos. ¿Cree que el país está listo para cambiar esa estructura?

S.N.P.: Colombia —como la mayoría de los países latinoamericanos— depende en gran medida de los impuestos indirectos, especialmente el IVA, y de los impuestos a las empresas. En la OCDE, la carga para las compañías es menor y hay una contribución más equilibrada.

El reto está como ampliar la base tributaria. Es clave que los hogares de clase media también contribuyan, al tiempo que se revisan los gastos tributarios ineficientes y las exenciones que benefician a los segmentos más altos.

Pero no todo se trata de recaudar más; también debemos mejorar la eficiencia del gasto. Los subsidios, por ejemplo, deben estar bien focalizados y alineados con objetivos de desarrollo y sostenibilidad, especialmente en la transición energética.

CAMBIO: Usted habla de la necesidad de un sistema tributario, de mejorar la productividad laboral y aumentar el PIB per cápita. En resumen, habla de mejorar el bienestar de las personas. ¿Cómo ve a Colombia en ese aspecto?

S.N.P.: El ingreso importa, pero no lo es todo. Necesitamos una visión multidimensional del desarrollo. Si bien la pobreza ha bajado, la reducción ha sido más lenta de lo esperado, y la informalidad laboral sigue siendo un gran desafío.

En la OCDE medimos la informalidad del hogar, y en Colombia alrededor del 54 por ciento de la población vive en hogares totalmente informales. Si sumamos los hogares mixtos —donde hay al menos un trabajador informal—, la cifra se acerca al 70 por ciento. La informalidad afecta especialmente a las mujeres y por eso las políticas de bienestar deben tener también un enfoque de género.

La informalidad sigue siendo el principal reto. En el marco de bienestar de la OCDE, el empleo y el ingreso son variables clave. Promover empleos formales y de calidad es esencial para mejorar el bienestar y reducir la desigualdad.

Pero también debemos mirar la educación, tanto en cobertura como en calidad, y fortalecer la confianza en las instituciones y entre las personas. Solo con instituciones sólidas y consensos amplios podremos construir un nuevo contrato social que ponga el bienestar —más allá del PIB— en el centro de la estrategia de desarrollo.

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