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Ministro Armando Benedetti
Armando Benedetti, ministro del Interior
Economía

¿Un salario mínimo de 1.800.000 pesos? La propuesta de Armando Benedetti que alerta a los empresarios

Armando Benedetti afirmó que el salario mínimo podría llegar a 1.800.000 pesos para 2026. Desde Fenalco, su presidente Jaime Alberto Cabal calificó la propuesta como populista y advirtió efectos negativos para la economía del país.

Por: Juan David Cano

La discusión sobre el salario mínimo en Colombia suele abrirse a finales de año, cuando Gobierno, sindicatos y gremios empresariales se sientan a negociar el incremento anual. Así como en otros años, desde mediados de noviembre son varias las voces que se suman a este debate y empiezan a lanzar propuestas al aire. El ministro del Interior, Armando Benedetti, afirmó públicamente que el Gobierno tiene la aspiración de llevar el salario mínimo hasta los 1.800.000 mensuales.

El ministro del Interior, Armando Benedetti.
El ministro del Interior, Armando Benedetti. Foto: Colprensa.

Si bien, quien lidera esta negociación es el ministro o ministra de Trabajo de turno, la declaración de alto funcionario no pasó inadvertida y tuvo efecto inmediato en varios sectores porque introduce en la conversación una cifra concreta y muy superior a la fórmula que tradicionalmente se usa para iniciar la negociación del salario mínimo. 

Generalmente, las variables que se toman en cuenta son la inflación más la cifra estimada de la productividad. Para este año, según los últimos datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), la inflación está alrededor del 5 por ciento, mientras que el factor productividad suele ser una cifra cercana al 1 por ciento, por lo que el punto base para negociar el aumento estimado podría ser cercano al 6 o 7 por ciento.  

Pero el incremento que propone Benedetti sería muy superior a este porcentaje. El ministro aclaró que el 1.800.000 incluiría el subsidio de transporte, que actualmente está en 1.623.500 pesos, por lo que el aumento del salario para 2026 estaría alrededor del 11 por ciento. Este detalle es central, porque la negociación del mínimo en Colombia no se resume a un porcentaje, sino al ingreso efectivo que reciben los trabajadores y al costo que asumen las empresas.

El argumento del Gobierno: más ingreso y más consumo

En su mensaje, Benedetti defendió la posibilidad de un incremento fuerte como parte de una narrativa de recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores. Señaló que, antes de la llegada del presidente Gustavo Petro, el salario mínimo era inferior al millón de pesos y que hoy supera con creces ese monto.

Según su planteamiento, la reducción de la inflación, la estabilidad reciente del dólar y el crecimiento económico permitirían un espacio para elevar el ingreso sin deteriorar el consumo ni la actividad productiva. También enfatizó las medidas laborales que han ampliado pagos por dominicales, festivos y recargos, así como la formalización de aprendices del Sena, lo que en su interpretación está mejorando la estabilidad y el ingreso de amplios sectores.

“La clase media debe entender que cuando la clase alta pone gobernantes, gobiernan para sus propios intereses y no para ella. Si no diferenciamos quién está con la vida y quién no, esto se puede deteriorar”, declaró.

El mensaje no fue solo económico. Benedetti enmarcó su declaración en un discurso político sobre representación social, planteando que la clase media debería reconocer qué proyectos de gobierno amplían derechos y cuáles los restringen. Es decir, el salario mínimo no fue presentado únicamente como una cifra técnica, sino como un marcador ideológico sobre el modelo económico.

La respuesta de los gremios: riesgo de inflación y presión sobre las empresas

El presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, reaccionó de inmediato y con dureza.  Aunque el dirigente gremial hizo su crítica pensando en que el aumento sería de 26 por ciento y finalmente terminó siendo de 11 por ciento, su principal objeción no fue solo el monto, sino el hecho de anunciarlo antes de la negociación formal.

Cabal calificó la propuesta como populista y sostuvo que medidas de esta escala, adoptadas sin concertación y sin respaldo técnico, pueden deteriorar el empleo y empujar a pequeñas y medianas empresas a ajustar costos mediante despidos, informalidad o cierre: “Es un verdadero sinsentido. Al ministro le vendrían bien unas clases básicas de economía para entender que el primer paso hacia una hiperinflación es aumentar los salarios de manera desbordada para congraciarse con el pueblo. Eso es populismo: pan para hoy y hambre para mañana”, declaró.

Desde la perspectiva empresarial, el problema no recae únicamente en lo que recibe el trabajador, sino en el peso que representa el salario mínimo como referencia en la estructura salarial completa, en los costos de seguridad social y en los precios finales de los bienes y servicios. “Esta propuesta demuestra, una vez más, el desprecio del Gobierno por los canales de diálogo y concertación con el sector privado. Una decisión unilateral de esta magnitud solo puede obedecer a una estrategia populista electoral o a una profunda ignorancia económica. En ambos casos, es una irresponsabilidad”.

Esta nota fue actualizada el 6 de noviembre a las 12:43 de la tarde.

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