
Renovable pero frágil: la paradoja energética que tiene al país expuesto
Más del 60 por ciento de la energía que produce Colombia proviene de fuentes hidroeléctricas, es decir, de ríos y embalses. Esta alta dependencia convierte al país en líder en energías renovables, pero también lo ubica entre los 50 más vulnerables al cambio climático, según el Departamento Nacional de Planeación.
Por: Natalia Rico Medina
Desafíos como los costos, la cobertura y la aceptación social, se suman al hecho de depender solamente del agua para la producción de energía del país, lo que pone en riesgo tanto la autosuficiencia del sistema energético como también, la competitividad de Colombia.
El sector energético va mucho más allá de generar electricidad. Determina el funcionamiento de la economía y, con ello, la vida cotidiana del país. Según XM –operador del sistema eléctrico colombiano–, desde julio de 2024 los aportes hídricos cayeron por debajo del 50 por ciento de la media histórica. La señal es clara: sin una matriz diversificada, cualquier cambio en el clima podría dejar a Colombia sin energía.
Un país con sombras: el trilema de la energía
El 22,71 por ciento de la población colombiana vive en pobreza energética, según el Resumen ejecutivo del IPEM (Índice de Pobreza Energética Multidimensional 2022-2023). Lo anterior implica que 8,4 millones de personas estarían viviendo sin luz y sin gas.
Producir y llevar energía eléctrica hasta el usuario final –y lograr que ese servicio cumpla simultáneamente con los criterios de confiabilidad, sostenibilidad y asequibilidad– es un proceso altamente complejo, puesto que involucra a múltiples agentes (técnicos, climáticos, regulatorios y sociales) y, por tanto, a que funcionen en equipo. El Informe Nacional de Competitividad (INC) del Consejo Privado de Competitividad que se presentó hace un par de semanas resume esta paradoja en una frase clave: “Los obstáculos no son solo técnicos, sino profundamente humanos”.

¿Por qué es necesario innovar la energía en Colombia?
“Cualquier país que busque competitividad debe cumplir con las tres vertientes: confiabilidad, protección ambiental y equidad energética”, afirma Idi Isaac, docente de la Facultad de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Pontificia Bolivariana. Las tres forman lo que se llama el trilema energético, lo cual, es esencial para que un país pueda ser autosuficiente.
En materia de confiabilidad, explica Isaac, en Colombia la falta de información y de comunicación entre las partes suele traducirse en retrasos, protestas, licencias bloqueadas y proyectos suspendidos. “Poner paneles solares y dejar a la comunidad a su suerte es parte del problema. Llevaron unos a un pueblo en La Guajira, pero no hubo continuidad y, dos años después, la gente estaba vendiéndolos; incluso vi paneles usados como mesas de ping pong”, relata.
En consecuencia, esta dependencia casi exclusiva de la energía hidráulica –sin mantener alternativas como la eólica o la solar– termina afectando la sostenibilidad, pues obliga al país a buscar opciones en el exterior y lo expone a la volatilidad de los precios internacionales. Según el INC, de mantenerse esta tendencia, Colombia tendría apenas 6,1 años más de autosuficiencia.
De igual manera, este panorama pone sobre la mesa el desafío de la equidad energética. “Hay casi 700 millones de personas sin energía o con energía de mala calidad. Esto porque es muy costoso, por un lado, y por otro, porque están muy dispersos”, explica Isaac. Aunque existen soluciones –como desplegar microrredes locales, ampliar los sistemas solares o impulsar la energía eólica–, es imprescindible equilibrar estos programas de electrificación rural con su sostenibilidad en el tiempo; es decir, garantizar que las comunidades aprendan a preservar y gestionar adecuadamente estos recursos.
Retos para la innovación energética
Como cuenta el INC, “el apagón ocurrido en España el 28 de abril de 2025 ofrece una lección técnica crítica: la alta penetración de energías renovables sin respaldo síncrono adecuado puede transformar una red eléctrica en un sistema vulnerable a fallas catastróficas”. Ese día, cerca del 80 por ciento de la generación eléctrica dependía del sistema eólico y solar; a las 12:33 de la tarde se produjo una desconexión automática masiva, lo que afectó a España, Portugal y Francia. Así mismo podría pasar en Colombia, pero en este caso, por factores climáticos como el fenómeno de El Niño.
“El mayor riesgo actual es el Enso (fenómeno de El Niño y La Niña), pues genera restricciones en el uso de energía, aumenta el efecto invernadero y, a su vez, las tarifas de la electricidad”, afirma Camilo Prieto, profesor de energía y sostenibilidad de la Universidad Javeriana. Según Corficolombiana, entre 2021 y 2024 la electricidad residencial aumentó 15,3 por ciento, lo que, para los hogares vulnerables, se traduce en pobreza energética: pagar demasiado por un servicio que no siempre es confiable. “Es necesaria una diversificación de la matriz y esa diversificación de la matriz debe incluir no solamente energías renovables”, plantea Isaac.

Lo que viene: ¿qué implica la ley nuclear para la sostenibilidad energética en Colombia?
¿Qué se requiere entonces para una mayor sostenibilidad a largo plazo? En primer lugar, diversificar la matriz energética. Un informe de Global Energy Monitor destaca que Colombia tiene el potencial de generar hasta 25 GW de energía solar y 12 GW de energía eólica hacia 2030; no obstante, aún no es suficiente, pues se continuaría dependiendo del clima.
“Veo muy poco éxito con la energía eólica en el país (...) No va a ser en unos años la fuente principal”, afirma Prieto, proponiendo así una solución con potencial: “Desde 1965, somos el único país de América Latina que tiene un reactor nuclear de investigación que no produce isótopos con aplicaciones médicas o industriales”.
Isaac complementa dicho argumento, pues explica cómo “ya tenemos un primer marco regulatorio con la ley nuclear que busca que Colombia tenga un órgano de independencia efectiva (...), pero es algo que, al paso que va, estará funcionando dentro de 10 a 15 años. A corto plazo, optaría por complementar el sistema hidráulico con más paneles solares y producción eólica. A largo plazo, sí me enfocaría en la nuclear”, propone Isaac.
La energía nuclear funciona mediante un proceso termoeléctrico en el que se utiliza el uranio como combustible para generar calor dentro de un reactor; ese calor convierte el agua en vapor y así se activan unas turbinas que generan energía. A diferencia de otras fuentes, no se necesitan grandes hectáreas, no depende del clima y, al producirse en masa, podría resultar siendo más económico para el usuario final.
Aunque la energía nuclear es la única que gestiona de manera integral sus propios residuos –lo que la convierte en una opción autosuficiente, confiable y viable en términos de sostenibilidad y protección ambiental, hay una condición del trilema energético que le es externa de poder cumplir: la equidad energética. “Algo clave para que funcionen las tecnologías de la energía nuclear es la licencia social. Hay que buscar resolver las dudas de la ciudadanía. Ayudar a informar”, comenta Prieto, quien también es el embajador académico de Colombia ante el Instituto Mundial de Seguridad Nuclear (WINS).
Lo anterior muestra que, en los próximos años, será imprescindible un diálogo más profundo entre todos los actores –técnicos, climáticos, regulatorios y sociales– para integrar con éxito las energías renovables, modernizar el marco regulatorio y ampliar la matriz energética. Si Colombia avanza en estos frentes, podrá ofrecer energía más económica, ampliar la cobertura, reducir su dependencia del exterior y atraer inversiones capaces de generar más empleo a través de proyectos solares y eólicos.
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