
¿Se estancó la inflación en Colombia? El difícil camino de regreso al 3 por ciento
Desde hace medio año, la inflación ronda un nivel del 5 por ciento y no da muestras de acercarse a la meta del Banco de la República. Su rigidez abre un debate sobre la efectividad de las tasas de interés altas, el origen del aumento de los precios e incluso sobre la definición de ese nivel objetivo que definió la junta del banco central.
Mientras hace 30 años con 1.000 pesos una familia podía comprar entre cinco y diez panes en Colombia, hoy a duras penas compran dos o tres. Durante décadas, las personas han visto que su capacidad de compra se diluye a medida que, año a año, suben los precios. Lo que costaba un pasaje de bus hace 20 años hoy vale casi el doble, un almuerzo ejecutivo o el famoso 'corrientazo' cada año se hace más caro, y a muchas familias colombianas les cuesta más llenar su nevera hoy si lo comparan con los años antes de la pandemia. Eso es la inflación.
“Es un impuesto para los pobres”. La frase, que define la inflación y cuyo autor se desconoce, es usada con frecuencia por los economistas. Lo cierto es que este fenómeno de aumento sostenido en los precios, que suele golpear con más fuerza a los hogares de menores ingresos, se ha convertido en un dolor de cabeza para los colombianos en los últimos tres años.
Luego de la pandemia, el índice de precios al consumidor (IPC) llegó a niveles que no se veían hace más de 20 años, como en la época de Andrés Pastrana, y en marzo de 2023 llegó a un pico de 13,34 por ciento. Desde ese entonces, la inflación ha ido desacelerándose, pero en los últimos seis meses el indicador parece haberse estancado en cerca del 5 por ciento.
En la última actualización del IPC, correspondiente al mes de mayo y un dato de 5,05 por ciento, la subdirectora del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) , Andrea Ramírez Pisco, comentó que a partir de octubre del año pasado “empezamos a observar una tendencia 'plana' en la inflación anual”.
En Colombia, la junta directiva del Banco de la República tiene fijada una meta del 3 por ciento para la inflación. Ese objetivo es parte de un esquema de política monetaria que adoptó a inicios de siglo “para cumplir con el mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de la moneda y propender por un crecimiento económico sostenible”, según indica el propio banco central colombiano. Desde la creación de la junta directiva del Banco con la Constitución de 1991, la inflación en Colombia ha estado mucho más controlada que lo que estuvo en la segunda mitad del siglo XX durante varios gobiernos.

En la medida en que la inflación supere esa meta, el banco central toma decisiones como mantener una política contractiva en su tasa de interés, que se mueve al compás de la inflación, y desde finales del año pasado también ha ‘frenado’ su reducción. En los últimos seis meses solo se ha dado un recorte de 0,25 puntos porcentuales, y hoy está en 9,25 por ciento, un nivel alto para el histórico de la economía nacional de los últimos años.
A pesar de las peticiones públicas del presidente Gustavo Petro, y de los intentos del ministro de Hacienda, Germán Ávila, por impulsar desde dentro de la junta una reducción en las tasas de interés, el Emisor no ha cedido y ha optado por la cautela. El freno en la reducción de la inflación, el aumento del déficit fiscal del país y los conflictos geopolíticos y la política arancelaria de los Estados Unidos preocupan al Banco.
La inflación sigue presionando a los hogares con el aumento en los precios, mientras que los créditos se mantienen costosos. Pero una tasa de interés alta no solo tiene efectos en la inflación, sino que también limita el crecimiento económico porque resulta más caro para los hogares usar créditos o más costoso para las empresas invertir, y de allí el afán del Gobierno porque el Banco baje las tasas. Pero esto es un círculo vicioso. Si la inflación no da más señales, la junta no cederá con las tasas, y si las tasas no bajan, el Gobierno pierde una herramienta para impulsar la economía.

¿Por qué no baja más rápido la inflación?
El Gobierno espera que la inflación cierre el año 2025 en 4,5 por ciento, por encima del pronóstico de 3,6 por ciento que trazó a principio de año. El Banco de la República, por su parte, proyecta un dato menos optimista: 4,4 por ciento, y un objetivo de que llegue a la meta de 3 por ciento al final de 2026. De ser así, el indicador completaría cinco años por fuera del rango meta del Banco de la República, que es entre 2 y 4 por ciento.
Los analistas siguen con atención estos datos. Las expectativas del mercado apuntan a que la inflación romperá pronto ese piso de 5 por ciento y seguirá cediendo, pero el camino es aún lento.
En la última encuesta de opinión financiera que realiza todos los meses Fedesarrollo y la Bolsa de Valores de Colombia, los principales analistas del mercado estiman que, para junio, la inflación se ubicará alrededor del 4,91 por ciento, y que para diciembre podría llegar a 4,78 por ciento.
Julio César Romero, economista jefe de Corficolombiana, reconoce que entre marzo de 2023 y finales de 2024 se dio “el descenso más importante de la inflación, y en menos tiempo, desde que tenemos el esquema de la inflación objetivo en Colombia”, al pasar de 13,3 por ciento a 5,2 por ciento en poco más de año y medio.
Sin embargo, según Romero, los componentes del IPC que más habían presionado al alza la inflación, como los alimentos, los bienes regulados —como los servicios de agua, energía eléctrica, gas, combustibles o transporte público— o los bienes transables, ya llegaron a un piso. A su parecer, la inflación está cerca de tocar fondo, y podría hacerlo en el próximo dato de junio, o en el de julio.
“La inflación de alimentos llegó a casi 30 por ciento y ahora está por debajo del 5 por ciento, y con poco espacio para seguir impulsando a la baja la inflación; los regularon alcanzaron máximos del 17 por ciento finales de 2023 y ya hicieron una corrección importante, como lo vimos con el precio de la gasolina –comentó el experto–. Por su parte, los vehículos y electrodomésticos que habían tenido un efecto muy fuerte al alza desde hace un año por la variación de la tasa de cambio muestran una tendencia mucho más moderada”.
Andrea Ríos, jefe de Investigaciones Macroeconómicas del centro de estudios económicos Anif, destaca que la inflación se ha mantenido relativamente estable desde diciembre de 2024, pero que este año un factor importante ha sido la indexación de los precios de los arriendos a la inflación del año pasado.
“A inicio de todos los años, con la inflación se ajustan los arriendos y eso pone a su vez presión en la inflación”, explicó. Pero no todos los contratos de arriendo se ajustan en enero, sino en diferentes meses, y por eso esa presión persiste a lo largo del año.
Según Ríos, este factor, sumado a un poco de presión por el lado de los alimentos, han tenido un impacto en lo corrido del año y no han permitido que la inflación continúe con esa senda gradual de descenso que se venía observando de todo el año pasado.
“No consideramos que esa es la nueva normalidad y que no podamos llegar nuevamente al 3 por ciento. Lo que sí es claro es que la senda de retorno y la convergencia a ese 3 por ciento va mucho más lenta”, sostuvo.

Un problema de oferta
Para otros expertos, el problema puede venir de otro lado y la tasa de interés podría estar agotando su efecto sobre la inflación. Tras la pandemia, la inflación subió, fundamentalmente por razones de costos, la crisis logística y el consiguiente aumento de precios en los alimentos. Lo que se conoce como un choque de oferta.
“La tasa dejó de ser un instrumento para bajar la inflación en los niveles en que está y por las características que tiene. La inflación se ha estancado con una tasa de interés muy alta, vale la pena cuestionar si ha perdido efectividad en estos momentos. La tasa de interés sirve a través de un freno a la demanda, pero en un choque de oferta no tiene el mismo efecto”, explicó el economista Mauricio Cabrera.
Según el experto, es importante analizar los componentes de la inflación, y a su parecer, lo que está pasando actualmente “sigue siendo un fenómeno sobre todo de costos”, algo que no tiene que ver con la demanda de los consumidores o de las empresas. “La inflación había bajado mucho porque bajaron los alimentos, pero han vuelto a subir, y de nuevo hay un fenómeno de oferta. Es una inflación fijada por los proveedores de esos bienes”, comentó Cabrera.
Entre las presiones de costos que ha tenido la inflación en los últimos años están los aumentos del salario mínimo, que sube los costos para ciertos sectores, y también la propia inflación, porque con el dato que cierra cada año año se fijan algunas tarifas para el próximo, como el aumento de los arriendos y de ciertos servicios.
Cabrera explica que la inflación “es un tema de pugna distributiva” en el que cada grupo social quiere sacar la mayor tajada. “No es que los productores sean malos, el empleador o disminuye su margen, o aumenta los precios para mantenerlo. El aumento del salario mínimo afecta especialmente a algunos sectores, como el comercio o los restaurantes, pero tiene poco peso en la nómina de la mediana y gran industria”, dijo.
Según el experto, en el corto plazo son pocas las alternativas para solucionar este problema y si bien el Gobierno está tomando medidas para reducir los precios de algunos precios regulados, como los servicios públicos, a su modo de ver “no han sido las más efectivas”.
“Un 5 por ciento no es algo que desbarate al país o lo destruya, y no estamos ante una hiperinflación, ni están disparados los precios, pero es mejor tener una inflación de 3 por ciento que de 5 por ciento. Ningún país del mundo se plantea una inflación del 0 por ciento. Una inflación pequeña es necesaria para el ajuste de precios relativos”, explicó el economista.

La meta del 3 por ciento
El Banco de la República se ha mantenido enfocado en encaminar la inflación de nuevo hacia el anhelado dato del 3 por ciento. Por medio de sus decisiones de política monetaria y el manejo de la tasa de interés, la junta ha tomado una postura “cautelosa”, en palabras de su gerente, Leonardo Villar.
Sin embargo, dentro de la junta no todas las voces piensan igual. El ministro Ávila ha pedido abiertamente seguir impulsando la reducción de las tasas de interés para motivar el crecimiento de la economía, mientras que la codirectora Laura Moisá, nombrada este año por el presidente Petro, dejó ver recientemente su posición sobre la inflación y las tasas de interés.

En el podcast del banco ‘Cuentas y Cuentos’, Moisá mencionó hace un par de semanas que ese dato “no se sacó un gran modelo o con una rigurosidad fuerte”, sino que fue más bien el resultado de un momento coyuntural de política económica.
“La meta del 3 por ciento es una meta que pudo ser de 2, de 4 o de 5 por ciento. Estábamos en un proceso de crisis muy grande después de 1998 y se aprovechó un momento en que la inflación bajó por la contracción de la demanda. No fue una política deliberada económica: fue una situación mundial, y se dijo que era por ahí, por el 3, que tocaba mantenerla”, dijo Moisá en el podcast.
La codirectora, cuyo enfoque de investigación ha sido el desarrollo económico, mencionó que si bien la inflación no llega a su meta, tampoco es una inflación alta, como en Argentina, ni tiene un comportamiento volátil. Por el contrario, cuestionó la lentitud con la que está creciendo la economía colombiana y defendió el aumento del salario mínimo como un camino para recuperar la capacidad adquisitiva de los trabajadores. “Esta inflación está tratando de mostrar una realidad del país y es un debate que tenemos que hacer en el Banco”, dijo en ese espacio.
Para el economista Salomón Kalmanovitz, la persistencia en la inflación es preocupante, y el Banco de la República no puede tener su meta como un “blanco movible”. El experto explica que, si llegase a aumentarla, “estaría diciendo que le preocupa menos la inflación”.
A su parecer, el crecimiento de 2,6 por ciento que muestra la economía nacional no es el mejor, y el freno en la inversión tampoco le ayuda al crecimiento. A todo eso, según Kalmanovitz, se suma otro problema: “El déficit fiscal si es muy alto, 7,1 por ciento del PIB, lo que contribuye al exceso de demanda y a la inflación. La política fiscal neutraliza la política monetaria del Banco de la República y por eso no puede aflojarla”.
En economía no hay verdades absolutas. Cuando se mueve una variable termina afectando a otra, y la economía colombiana está en una encrucijada. Mientras la inflación se resiente a desacelerarse más rápido, el Emisor no mueve sus tasas. El crecimiento, aunque estable, tampoco despega. Mientras tanto el gobierno tiene el reto de impulsar la economía en una coyuntura compleja en la que que cada vez hay menos espacio.
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