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Economía

¿Por qué Colombia está exportando tanto oro? Los datos clave que explican el fenómeno

En febrero de 2026, las exportaciones colombianas crecieron 11,4 por ciento frente al mismo mes del año anterior. El protagonista inesperado, y que se echó en el hombro el incremento, no fue el petróleo ni el café, sino el oro, cuyas ventas al exterior se dispararon. Expertos consultados por CAMBIO explican por qué.

Por: Juan David Cano

Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), Colombia exportó 4.211,6 millones de dólares en febrero de 2026, un 11,4 por ciento más que en el mismo mes del año anterior. El resultado parece sólido a primera vista, pero la lectura por grupos de productos revela un panorama menos uniforme, pues el incremento se lo echó al hombro un solo producto: el oro.

¿Cómo les fue a los principales grupos exportadores?

Revisando a detalle, los combustibles y productos de la industria extractiva, que con el 33,3 por ciento del total son el grupo más grande de la canasta exportadora, cayeron 6,4 por ciento. Las manufacturas bajaron 6,8 por ciento. Ni los productos estrella colombianos se salvaron, pues el café sin tostar retrocedió 3,9 por ciento y las flores 7,3 por ciento.

Lo que sostuvo el resultado positivo fue una combinación de factores. Primero está el sector agropecuario, que representa el 30,2 por ciento del total y creció 11,3 por ciento. Este grupo estuvo impulsado principalmente por el banano, cuyas exportaciones subieron 172,4 por ciento, y el aceite de palma, que aumentó 110,8 por ciento.

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El oro, el protagonista que evitó que las exportaciones totales cayeran

Pero a pesar de ser uno de los más grandes, el agro no explicó el incremento de las exportaciones, pues solo aportó 3,4 puntos porcentuales del 11,4 por ciento que crecieron las exportaciones en total.

El factor determinante del mes estuvo en el grupo denominado “Otros sectores”, que creció 141 por ciento y aportó 12 puntos porcentuales positivos a la variación total. Sin ese impulso, las exportaciones colombianas de febrero habrían cerrado en terreno negativo, dado que los combustibles restaron 2,5 puntos porcentuales y las manufacturas otros 1,5. Y el agro, con su aporte, no habría sido suficiente para compensar.

Dentro de “Otros sectores”, el oro no monetario explicó prácticamente todo: sus ventas pasaron de 320,5 millones de dólares en febrero de 2025 a 771,8 millones de dólares en febrero de 2026, una variación de 140,8 por ciento.

Los principales compradores fueron Estados Unidos, donde las exportaciones de oro colombiano crecieron 164,7 por ciento, al pasar de 97 millones a 256,6 millones de dólares; Italia, con un alza superior al 500 por ciento, pasó de apenas 7 millones a 205,4 millones de dólares; Canadá, con un incremento del 257,6 por ciento, al pasar de 30 millones a 107,1 millones; e India, donde también se registró una variación superior al 500 por ciento.

El patrón se sostuvo en el acumulado enero-febrero: el oro no monetario sumó1.457,9 millones en los dos primeros meses del año, frente a 649,1 millones en el mismo periodo de 2025, un crecimiento del 124,6 por ciento. La pregunta que surge naturalmente ante estos números es una sola: ¿por qué?

El oro como termómetro de la incertidumbre global

Para Juan Camilo Campos Villamil, socio de Auditoría en Recursos Naturales de BDO, la respuesta tiene una dimensión global muy clara. El comportamiento de las exportaciones colombianas dice, no es un fenómeno aislado sino el reflejo local de una tendencia que se viene consolidando en los mercados internacionales debido a los conflictos globales, como el de Estados Unidos e Israel contra Irán.

“Las exportaciones de oro en Colombia registraron un fuerte crecimiento reciente. Este comportamiento se alinea con la tendencia global: la demanda de oro ha aumentado por el mayor apetito por activos refugio en un contexto de incertidumbre y tensiones geopolíticas. De hecho, se observa una clara correlación entre el último cambio de gobierno en la Casa Blanca y el aumento sostenido del precio del oro, que en enero de 2026 alcanzó por primera vez los 5.000 dólares por onza”, explicó a CAMBIO.

Aunque el precio ha retrocedido ligeramente desde ese máximo histórico, Campos señala que se mantiene por encima de los 4.700 por onza, y que las perspectivas para 2026 siguen apuntando a niveles elevados, con cierta volatilidad. Esa perspectiva, agrega, tiene que ver no solo con la incertidumbre geopolítica persistente sino también con la expectativa de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal, lo que podría aumentar aún más el atractivo del oro como activo.

Lucas d'Auria, profesor asistente de Relaciones Internacionales en la Universidad de La Salle, coincide con ese diagnóstico y explica con más detalle el mecanismo por el cual la política internacional se traslada al precio del metal. Según d'Auria, lo que generalmente ocurre cuando hay una crisis política grave con potencial impacto sobre el comercio internacional es que los inversores y los bancos centrales comienzan a alejarse del dólar y a buscar refugio en el oro.

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“Cuando en el mercado internacional de divisas la moneda más fuerte de todas, que es el dólar de Estados Unidos, empieza a bajar con respecto a otras divisas como el euro, lo que ocurre con los inversionistas a nivel internacional y también con los bancos centrales es que, en lugar de mantener una cierta reserva de divisas en dólares, empiezan a demandar una enorme cantidad de oro”, dijo.

Ese aumento desproporcionado de la demanda, continúa d'Auria, es lo que empuja el precio hacia arriba y hace que exportar oro sea cada vez más rentable para los países que lo producen. Y en ese punto, la política exterior de Estados Unidos cumple un papel central. “Las decisiones relativamente azarosas del gobierno de Estados Unidos le quitan confianza a los inversionistas sobre el dólar, que generalmente es visto como la divisa de reserva de todo el mundo. Y cuando los inversionistas y los bancos centrales no buscan dólares, lo que buscan es oro, porque es un activo que es visto como más estable”.

Daniel Gómez, profesor de la Escuela Internacional de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de La Sabana, agrega una dimensión local a este análisis. Para Gómez, el contexto internacional favorable se combina con factores propios de la economía colombiana que amplifican el efecto.

“El aumento reciente de las exportaciones de oro en Colombia se explica por el contexto internacional. El precio del oro ha subido por la incertidumbre global y su papel como activo refugio, lo que hace más rentable venderlo al exterior. A eso se suma la depreciación del peso y el hecho de que la economía colombiana depende de productos primarios, por lo que, cuando otros sectores pierden dinamismo, el oro gana protagonismo en la canasta exportadora”.

Esa última observación de Gómez tiene un correlato directo en los datos del Dane: febrero de 2026 fue precisamente un mes en el que varios sectores tradicionales exportadores perdieron dinamismo, carbón, manufacturas, café, flores, y el oro ocupó ese espacio con creces.

La sombra de la minería ilegal, un problema que crece más si el interés por el oro también lo hace

Hasta aquí, el análisis de los tres expertos apunta en la misma dirección: precios altos, demanda global sostenida, debilidad del dólar e incertidumbre política como factores que explican el auge exportador del oro colombiano. Pero d'Auria introduce un factor que es importante tener en cuenta para la seguridad ambiental del país: la minería ilegal.

Según el profesor de La Salle, citando cifras del Gobierno colombiano y de organizaciones internacionales, desde aproximadamente 2021 más del 70 por ciento del oro que se exporta desde Colombia proviene de un sistema informal, es decir, de la minería ilegal. Y cuando el precio sube, ese circuito no solo se activa, sino que se vuelve aún más rentable, lo que deriva en prácticas que ponen en riesgo el ecosistema ambiental del país.

“En varias regiones la minería ilegal de oro es mucho más rentable que el tráfico de cocaína, simplemente porque el precio del oro es mucho más alto. Y esto genera una convergencia donde las estructuras criminales utilizan el oro para lavar sus activos y financiar el control territorial que ya tienen”, explica.

Lo que hace al oro particularmente atractivo para el crimen organizado, explica d'Auria, es una característica que lo diferencia radicalmente de los narcóticos: su naturaleza dual, que le permite ser legal o ilegal dependiendo únicamente de la existencia de un documento. 

“El oro tiene una naturaleza muy particular, porque puede ser legal o ilegal dependiendo de la presencia de un documento. Y esto lo convierte en un vehículo ideal para lavar dinero”, dice.

A diferencia de la cocaína, que es ilegal en toda su cadena y requiere redes de distribución clandestinas en los países de destino, el oro extraído ilegalmente puede venderse en el mercado abierto, en joyerías o a través de bolsas de metales en Londres, Suiza o cualquier otra plaza financiera, sin fricciones adicionales. “Como falsifican el papel, una vez el oro es exportado, la persona que lo compra cree que el documento es auténtico y termina siendo como si fuera una venta legal de un commodity cualquiera”, añade.

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Además, agrega d'Auria, las penas asociadas a la minería ilegal son en muchos casos menores que las del narcotráfico, lo que reduce el riesgo punitivo para quienes operan en este circuito.

Todo ello, en un contexto de precios históricamente altos, crea condiciones particularmente favorables para que el crimen organizado expanda su participación en el negocio aurífero, un hecho que las autoridades nacionales deben revisar con cuidado, especialmente ahora que el interés y las ventas del producto están por las nubes.

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