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Educación

Voz y voto por la Primera Infancia

Ser niña o niño en Colombia significa ser parte de una población extremadamente vulnerable. Como nación hemos sido incapaces de garantizar los derechos de las niñas, niños y adolescentes y, por consiguiente, de protegerlos. Y en contra de todo sentido común, entre más pequeños, más desprotegidos.

Por: Isabel Segovia Ospina

Las cifras con relación a desnutrición, violencia física y sexual, y desplazamiento, entre otras, son aterradoras. El año pasado (2022), por ejemplo, murieron 309 menores de 5 años (111 más que los registrados en 2021), y 21.483 padecieron desnutrición aguda (en 2021 esta cifra fue de 15.897). Y hasta abril de este año se habían registrado 4.474 casos de desnutrición severa y 59 niños fallecidos.

Con el fin de garantizar los derechos de los menores, hace ya más de 15 años se expidió el Código de Infancia y Adolescencia (Ley 1098 de 2006), con el cual se fortalecieron las instancias y la capacidad institucional para prevenir y proteger a los menores cuyos derechos están en riesgo o han sido vulnerados. Así mismo, se diseñó y comenzó a implementar la política de atención integral a la primera infancia, que todavía cuenta con muchas restricciones presupuestales y de capacidad. En Colombia existen cerca de 5 millones de niños entre los 0 y 5 años, de los cuales sólo la mitad recibe atención institucional, y para completar, de ese 50 por ciento, sólo 1,2 millones cuenta con servicio calificado que garantice sus derechos en educación inicial, recreación, salud y nutrición, cuidado y crianza, y participación ciudadana.

El impacto de recibir una adecuada atención en los primeros años de vida es insondable. Esta etapa es fundamental para el desarrollo integral; es cuando se generan las conexiones neuronales para lograr una vida física y mentalmente saludable. Sin la correcta atención, aparecen problemas en el desarrollo, imposibles de reparar en el futuro. Los jardines infantiles, además de ser un lugar para aprender, deben ser espacios protectores y proveedores de oportunidades, no sólo para las niñas y los niños, sino para la comunidad que los rodea.

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