
“Colombia es el principal laboratorio para el desarrollo socioemocional,” dice Henry May, educador reconocido por sus innovaciones
Santiago Espinosa, escritor y rector del Gimnasio Sabio Caldas, en exclusiva para CAMBIO, hace el perfil de Henry May, director de Coschool, recientemente nominado en Finlandia por sus innovaciones en educación.
Por: Santiago Espinosa
En los colegios y en los foros educativos, en los videos que circulan en las redes sobre el aprendizaje emocional, ya no es una sorpresa que uno se encuentre con Henry May. Ni en sus sueños más insólitos, este londinense espigado, hincha furibundo del Fulham, estudiante algo tímido de Sherborne –uno de los pocos colegios masculinos de Inglaterra, y uno de los más tradicionales– se hubiera imaginado que terminaría en Colombia, o que su hija nacería en ese país; y mucho menos hubiera imaginado que su insatisfacción con el ambiente algo hostil de los colegios tradicionales de Inglaterra, especialmente los masculinos y de élite, se convertiría después en la primera semilla de Coschool (Conecting Schools), una organización colombiana de la que Henry May es su director fundador.
“Esta locura” de venirse a Colombia –esto pensaron sus padres con un escepticismo razonable, o sus amigos de la Universidad de Nottingham, casi todos dedicados a las finanzas–, al cabo de diez años, se convirtió en una organización que, a través del programa Primed, acompaña el desarrollo socioemocional de 30 colegios en Colombia, públicos y privados. Coschool también lidera la Asfec (Alianza para el Fomento del aprendizaje Socio Emocional en Colombia), en la que 50 colegios y universidades comparten sus experiencias y sus ideas de políticas públicas. Y hay que hablar, necesariamente, de su plataforma virtual que se llama Edumocion: una comunidad de aprendizaje en la que más de 30.000 profesores se han certificado en sus cursos, en 18 países de América Latina, y que ha sido seleccionada por la Hundred Organization de Finlandia como una de las 100 mejores innovaciones del mundo en educación.
¿Qué pudo llevar a un inglés de élite a dedicarse a la educación, y justo en el otro extremo del mundo? Cuando se le pregunta a Henry él responde, con la confianza de esos personajes que tienen muy claros los hitos de su vida: “Me gustan los retos, me gusta ir por el lado más difícil de la vida. Mi primer trabajo formal fue como profesor de filosofía en uno de los colegios más retadores de Londres, el Saint Michael and All Angels Academy, cuando trabajé para la organización Teach First, en un modelo muy similar al de los colegios en administración de Bogotá”. Henry recuerda este colegio entre pandillas y violencias. “Fuck Off” (“Vete a la mierda”), le dijo Romain en su primera clase, un estudiante con un tremendo liderazgo en el grupo, expulsado unos días después por portar un arma de fuego. Otro estudiante de nombre Collin, un caso de éxito en la clase de filosofía por los resultados que obtuvo en las pruebas estandarizadas, en unas vacaciones se subió a un bus rojo de dos pisos y asesinó a otro muchacho dándole 14 puñaladas. “London Alcatraz”, tituló una mañana la portada el Daily Mail, comparando este colegio con una colonia penitenciaria.
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