
El “país de la belleza” se vuelve mayoría. Por Yezid Arteta
Yezid Arteta
Yezid Arteta escribe para CAMBIO sobre la campaña del Pacto Histórico, que considera un importante ejercicio de acción política que deja a la luz las debilidades de la retórica de la derecha. Para él, este 8 de marzo se consolidará la fortaleza de la izquierda en Colombia.
Por: Yezid Arteta Dávila
CAMBIO reclutó a grandes firmas colombianas de diversas posturas políticas para analizar qué está en juego hoy en estas elecciones. Así respondió Yezid Arteta:
“Es una historia contada por un idiota, una historia llena de ruido y de furia, pero vacía de sentido”, reflexiona Macbeth —el personaje de Shakespeare—, luego de su largo reinado de terror y crímenes. Un soliloquio que bien podría resumir el desempeño de la extrema y desquiciada oposición al Gobierno de Gustavo Petro. Tres años y medio de ruido y furia que no hicieron mella, como los demuestran las recientes encuestas, en la popularidad del presidente colombiano. Este domingo 8 de marzo, con la elección del nuevo Legislativo, se confirmará una tendencia creciente en el país: la normalización y supremacía de la izquierda entre los electores.
Desde el estallido social de 2019 hasta hoy, 8 de marzo de 2026, la cultura política colombiana se ha transformado de manera acelerada. “Hay décadas en las que nada ocurre; y hay semanas en las que ocurren décadas”, dijo un hombre del siglo veinte al apearse de un tren acorazado en la mítica estación de Finlandia. Colombia pasó de tener una izquierda de militantes y cofradías a una izquierda mayoritariamente social y cultural que supera los limites de la organización clásica. La escuela de rebeldía política inoculada por Petro desde el Palacio de Nariño dio forma a aquella izquierda social que se empoderó y apropió de conceptos como: salario, tierra, pensión, agua, educación, derechos, naturaleza, justicia social, equidad, animales, libertad, ambientalismo, diferencia, discriminación, alimentos, belleza y un largo etcétera. Lo que antes se trataba y amañaba en los corrillos del Congreso y los clubes privados, hoy se hace en la calle. Lo que antes se cocinaba a escondidas, hoy se hace a la luz del día.
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