
Augusto Solano, el caballero de las flores colombianas
El presidente de la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores) ingresó al salón de la fama de la floricultura, el mayor reconocimiento del sector a nivel internacional. Solano le cuenta a CAMBIO sobre el significado de este nombramiento, los retos que enfrenta el sector en medio de la guerra comercial y las curiosidades que envuelven a las flores nacionales.
La Sociedad de Floristas Americanos (SAF, por su sigla en inglés) es la organización más tradicional del sector floricultor a nivel internacional. Se fundó en 1884 y representa a todos aquellos que hacen parte de la cadena floricultora, desde los pequeños cultivadores y minoristas, hasta grandes empresarios del sector.
En su sede en Alexandria, una pintoresca ciudad histórica a los alrededores de Washington DC, todos los años se reúnen miles de floristas de todo el planeta. Y este año, durante su convención número 140, la SAF entregó un reconocimiento muy especial. Un nuevo nombre se sumó al salón de la fama de la floricultura: el colombiano Augusto Solano.
“Recibirlo ha sido un honor y una motivación enorme. De alguna forma, valida que el trabajo que hacemos desde Colombia ha sido útil y valorado, especialmente en nuestro principal mercado: Estados Unidos”, confiesa Solano, en conversación con CAMBIO.
Solano llegó por casualidad al mundo de las flores, pero en noviembre cumplirá 25 años en el sector.
En 1974 se graduó como ingeniero industrial de la Universidad de los Andes y luego hizo un MBA de Wharton School en la Universidad de Pensilvania, con énfasis en finanzas. En ese entonces, poco se le cruzaba por la cabeza que iba a terminar trabajando con flores.
Empezó trabajando en Carvajal como ingeniero de proyectos y como analista de inversiones en la Corporación Financiera del Valle. En Estados Unidos se desempeñó como director general adjunto del Banco Bogotá Trust Company y también trabajó 14 años en Río Paila, empresa en la que fue director financiero o chief financial officer (CFO) durante ocho de ellos.
Toda esa experiencia, sumada a su paso por el gremio azucarero en Asocaña, fue clave para su llegada a una de las asociaciones más tradicionales de Colombia, la de los floricultores.
“En ese momento buscaban a alguien para reemplazar a Germán Botero, quien se retiraba de la Asociación. Aunque no conocía mucho sobre flores, el comité vio en mí una experiencia en sectores agroindustriales, gremiales y financieros y les gustó”, recuerda Solano.
Así, el año 2000, llegó a dirigir Asocolflores.

Un producto de Colombia para el mundo
Colombia es reconocida mundialmente por la calidad de sus flores, y es el segundo exportador global, solo superado por Países Bajos. Esta actividad genera 250.000 empleos en el país. Según el propio Solano, Colombia vende al exterior cada año cerca de 2.400 millones de dólares en flores, lo que equivale aproximadamente a 330.000 toneladas. Si lo medimos en tallos, hablamos de entre 6.000 y 7.000 millones de unidades de flores colombianas que viajan a más de 100 países del mundo.
“Del total de la producción, el 97 por ciento se exporta —explica el experto—. Solo una pequeña fracción se queda en el país, ya sea porque no se puede exportar o porque es de otra calidad”.
Las flores colombianas se caracterizan, frente a su competencia, por la calidad y la diversidad. Colombia ofrece una variedad inmensa de especies, excepto algunas como los tulipanes, la flor insignia de Países Bajos, que son de bulbo y no se dan aquí. Otras naciones como Ecuador o Kenia, por ejemplo, se concentran casi exclusivamente en las rosas.
“Esa diversidad nos ha permitido desarrollar productos como los bouquets para supermercados de Estados Unidos, donde abarcamos el 80 por ciento del mercado”, explica el presidente de Asocolflores.
Aunque las flores colombianas llegan a más de un centenar de países, el principal mercado, ya sea por tradición, cercanía o negocios de varios años, sigue siendo Estados Unidos: ocho de cada diez que se exportan llegan a esa nación. El resto está distribuido entre países como Canadá, Japón, España, Corea, entre otros. Rusia fue muy importante, pero ha disminuido “por obvias razones”, dice Solano. Pero las flores colombianas son tan especiales, que aún se exportan a Ucrania, a pesar de la guerra en ese país.
“Hemos llegado a ser el primer producto no minero-energético exportado a Estados Unidos, superando incluso al café en ese destino”, asegura Solano. Por eso no es de extrañar el mal rato que están atravesando las flores este año, a raíz de la guerra comercial impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Las flores colombianas no se salvaron del arancel de 10 por ciento que impuso ese país en abril a las exportaciones de varios países. Según Solano, el arancel llegó en un momento “muy difícil”, pues en los últimos tres años el costo laboral subió cerca de 40 por ciento, según datos del sector, mientras que los ingresos —ligados a la tasa de cambio— se han mantenido o han bajado.
“Cada floricultor lo ha manejado como ha podido. Unos absorbiendo el impacto, otros ajustando márgenes o trasladando parte del costo al consumidor. Pero lo importante ahora es que ese arancel no suba. Un aumento al 15 o 20 por ciento sería devastador”, advierte.
La incertidumbre comercial ha golpeado a muchos sectores, y en las flores el margen de maniobra es poco. “No se puede planear a largo plazo con reglas de juego que cambian cada semana. Pero en cuanto a la operación diaria, no hay opción: hay que seguir, incluso si el arancel sube”, teme el representante de los floricultores.
La naturaleza de las flores, sus variedades y colores son también un arma de doble filo. Es un producto perecedero y cada floricultor siembra pensando en un mercado, una fecha y una variedad específica.
No son iguales las flores que se venden en San Valentín, el Día de la Madre, el Día de la Mujer, las festividades japonesas o eventos especiales en Inglaterra. Tampoco son iguales los bouquets de flores colombianas que se venden en Estados Unidos para el Día de la Madre que las rosas de San Valentín que llegan a muchos países, o los claveles y los crisantemos, que son algunas variedades altamente apetecidas en Europa. En cada ocasión hay una moda, un color o una tradición.
“No podemos redirigir la flor a otro mercado. Además, no hay rutas logísticas disponibles para redirigir rápidamente las exportaciones. El mercado estadounidense no tiene sustituto y esto nos preocupa”, reconoce Solano.

Una industria de aromas y colores
Navegar en el mundo de las flores no es tarea sencilla. Es un universo lleno de color, aromas y particularidades. Por eso, muchas de las variedades, incluso, tienen registros de propiedad intelectual, algo en lo que Solano también se ha especializado y ha promovido en el país. En Colombia hay cerca de 1.400 variedades registradas, y si bien se cultivan acá, han sido desarrolladas y registradas en el exterior.
“Existen casas especializadas que hacen cruces genéticos —que no quiere decir que sean no transgénicos— para obtener nuevas variedades. Por ejemplo, cruzan una rosa amarilla con una roja, hacen miles de pruebas y, tras años de evaluación, seleccionan unas pocas que registran. No se usa patente, sino registro de obtentor vegetal”, cuenta Solano.
Estas casas están en Japón, Francia, Países Bajos e Italia, entre otros países desarrollados, que son los dueños de las variedades y cobran regalías por su uso. Ese es uno de los costos más altos de un cultivo. Cada año se lanzan decenas, incluso cientos, de nuevas variedades. Aunque en el mercado se han dado casos de “piratería vegetal”, las certificaciones de sostenibilidad y calidad son determinantes en esta industria, y en eso Colombia les lleva ventaja a otros países.
“El trabajo en sostenibilidad, especialmente con nuestra certificación Flor Verde Sustainable Flowers, cumple casi 30 años. Llevamos ocho versiones de nuestra certificación y se ha convertido en una certificación ampliamente reconocida en los mercados internacionales”, dice el ejecutivo gremial.
Otra iniciativa que ha liderado Solano en Asocolflores es el Plan Pétalo, una estrategia con la que los floricultores protegen las exportaciones de flores de hurtos o actividades ilícitas y de contrabando durante fechas especiales como el Día de la Madre o San Valentín. Esta estrategia nació hace 20 años y es un operativo en el que participan también la Policía Nacional con sus direcciones de Antinarcóticos, Investigación Criminal y Tránsito y Transporte.

Justamente, la SAF destacó los aportes de Solano a la sostenibilidad del sector. Aunque en su convención anual la Sociedad de Floristas Americanos entrega alrededor de 12 reconocimientos, el más importante es el ingreso al ‘Hall de la Fama’. Dicho reconocimiento destaca a personas por su contribución y compromiso con el sector floral, y es tan especial que no lo entregan todos los años, e incluso, en algunas ocasiones lo han declarado desierto.
En medio de la ceremonia de este año, y sin estar advertido, el nombre de Augusto Solano se escuchó en medio de la premiación. Sabía que lo habían postulado, pero no que era el elegido, por lo que el ingreso al salón de la fama fue una sorpresa para él. “Es un gran honor y un momento profundamente significativo en mi carrera”, admite tímidamente.
Solano lleva casi tres décadas promoviendo la floricultura nacional. Se ha preocupado porque el sector mejore sus procesos agroindustriales y se mantenga como uno de los líderes en el negocio internacional.
Para el ingeniero industrial, estar en el salón de la fama de la floricultura americana no es solo un logro personal, sino también “un testimonio de la dedicación, la resiliencia y la pasión de la floricultura colombiana”. Y su sueño, hacia adelante, es que las flores colombianas sigan siendo reconocidas como un sinónimo de excelencia y un referente mundial.
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