
Pactos de élites y conversaciones entre caballeros: una modalidad de la democracia colombiana
Jorge Orlando Melo muestra cómo, a través de la historia del país, los dirigentes de los principales partidos políticos, con el apoyo de empresarios y propietarios, han hecho acuerdos de conveniencia para mantener el establecimiento.
Por: Jorge Orlando Melo
El 27 de noviembre de 1900, el general liberal Rafael Uribe Uribe abandonó a Corozal y lo dejó en manos del dirigente conservador, el general Pedro Nel Ospina. Pero antes recomendó a sus gentes: “Tengo la seguridad de que los dejo bajo la protección de un caballero y de un cristiano”, dijo.
Después, en octubre de 1949, rotas las negociaciones entre liberales y conservadores, el jefe liberal Carlos Lleras Restrepo aseguró que no mencionaba más testimonios sobre aquellos últimos, “porque quiero ser leal a la reserva que se convino mantener en una conversación de caballeros”.
Las dos frases de estos dirigentes muestran cómo, con frecuencia y pese al ambiente de enfrentamiento político y de violencia verbal que a veces se imponía entre los jefes de los dos partidos de Colombia, ellos mantenían entre sí relaciones cordiales: se insultaban en el Congreso, pero se saludaban en la calle y los cafés. O después de amenazarse de muerte en un discurso, en el Parlamento o en la radio o en la prensa, se abrazaban en los comedores de las familias elegantes, o de los clubes sociales como el Jockey, en Bogotá, o el Unión, en Medellín.
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