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La democracia que contempla su muerte

Para el analista y catedrático Mauricio García Villegas, la sociedad debe estar mucho más alerta de lo que hasta hoy ha estado ante la posibilidad de que sus ciudadanos opten, democráticamente, por sacrificar la democracia. Y, con ella, su libertad.

Por: Mauricio García Villegas

Los seres humanos apreciamos la libertad. Siempre queremos tener la posibilidad de decidir por nosotros mismos, sin un poder que nos imponga lo que debemos hacer o pensar. No sólo queremos ser libres como individuos, sino vivir en una sociedad donde el Gobierno obedezca a la voluntad de los ciudadanos; lo dicen la filosofía moderna, los discursos políticos, y en eso creemos los ciudadanos. Pero, ¿estamos realmente tan apegados a la libertad como creemos? ¿Realmente preferimos la libertad a la obediencia ciega a una autoridad que nos cautiva? O’Brien, el personaje creado por George Orwell en su libro 1984, dice lo siguiente: “La humanidad es débil y puesta a escoger entre la libertad y el placer opta por el placer”. Tal vez tenga razón.

Digo esto pensando en la posibilidad de que la democracia se anule a sí misma y que la mayoría de los ciudadanos decida libremente entronizar a un gobernante autoritario. ¿Qué tan probable es que el pueblo le ceda su libertad a un déspota que le promete ideales nacionalistas, campañas gloriosas o, simplemente, un placer que adormece su mente?

Hay que pensar en la posibilidad de que la democracia se anule a sí misma y que la mayoría de los ciudadanos decida libremente entronizar a un gobernante autoritario

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