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Escuela de Poesía es un proyecto que busca no sólo impulsar la lectura sino también la escritura en niñas y niños de instituciones educativas.

Yo quiero

Como tallerista de un proyecto estudiantil enfocado en la democracia y los derechos, la escritora y profesora Viridiana Molinares Hassam descubre, de manera poética, qué quieren los niños y niñas en este país.

Por: Viridiana Molinares Hassan

Escuela de Poesía es el nombre de un proyecto del Ministerio de cultura, las artes y los saberes y la Biblioteca Nacional de Colombia, que busca no sólo impulsar la lectura sino también la escritura en niñas y niños de instituciones educativas. La Fundación Círculo Abierto, en octubre de este año, coordinó el Nodo Caribe, acompañando a 18 aulas en siete instituciones en cuatro municipios: Malambo, Galapa, Ciénaga y Barranquilla. Tuve la oportunidad de ser una de las talleristas de este proyecto dirigiendo el módulo de Poesía y Derechos, en el que trabajé con niños y niñas de diez y doce años de edad, de quinto, sexto y séptimo grado.

Encontrarme rodeada de sonrisas y ganas de escuchar a una ‘seño’ que llegó con afiches de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que leímos juntos, me generó un gran entusiasmo. Fue como si volviera a caminar por la Normal de Fátima, el colegio público en el que estudié, y también por los pasillos del Alexander Pushkin, el colegio privado que fundó mi padre, Ramón Molinares Sarmiento, en el municipio de Santo Tomás, y en el que en la década de los años ochenta impartían clases profesores franceses que llegaron al Caribe colombiano por las relaciones de amistad con mi padre, en ese entonces, un joven escritor latinoamericano que regresaba de estudiar en Lille.

En salones de 40 o más estudiantes, bajo temperaturas de 32°C que se esparcían uniformemente con los abanicos colgados en los techos y en las paredes –en algunos casos excepcionales en salones con aires acondicionados–, me encontré con Isaac –al que le gusta leer–, con David –quien sueña con ser el cuidador de la cancha de fútbol de su escuela–, con Lucía –que quiere que “las cosas vuelvan a ser como antes”–, con Juan y Juana –que quieren ser policías–, con Fernanda –que quiere ser médica– y con muchos estudiantes inquietos que sudaban y no pararon de hablar sobre sus derechos.

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