
La democracia: entre la soberanía popular y las instituciones constitucionales
¿En dónde reside la soberanía: en el pueblo o en la Constitución? El jurista Rodrigo Uprimny analiza la paradójica relación entre estas dos fuerzas sobre las que reposan el estado de derecho y la vida política del país.
Por: Rodrigo Uprimny
La democracia constitucional moderna está atrapada en una inevitable tensión entre el ideal de la soberanía popular y la realidad de las instituciones constitucionales. O, por decirlo con cierto lenguaje teórico que viene desde el abate Sieyes en la Revolución Francesa, pero que ha adquirido una nueva actualidad en Colombia: por la permanente tensión entre el ‘poder constituyente’, que por definición es indomable jurídicamente, y los ‘poderes constituidos’, que también por definición están sometidos a las reglas constitucionales propias del Estado de derecho.
Esta tensión puede ser explicada así: la democracia se funda en el ideal de la soberanía popular, que en su versión más radical supone que el pueblo pueda gobernar todos los asuntos, a todo momento y en la forma en que quiera. Esto es, que el pueblo sea omnipotente (puede hacerlo todo), omnímodo (puede hacerlo de cualquier forma) y omnipresente (puede hacerlo a todo momento).
No creo que un poder democrático tan extremo sea deseable pues abre el camino al despotismo de las mayorías, que oprimen a las minorías y anulan nuestra libertad individual, como lo temió Stuart-Mill en su clásico texto Sobre la libertad. Pero incluso si fuera deseable, una democracia directa y permanente de ese tipo es imposible, salvo en una pequeña comunidad, pero no en los Estados nacionales modernos formados por millones de ciudadanos muy diversos, como lo reconoció el propio Rousseau, el gran teórico y defensor de la democracia directa.
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