
¿Una constitución democrática global?: Justa y necesaria, pero improbable
Para el jurista Rodrigo Uprimny, aunque el mundo debería estar regido por una democracia universal que garantice los derechos de todos, sin importar la nacionalidad, ello no dejaría de ser más que una utopía. Pero asegura que, aún si ese ideal resulta irrealizable, no es por ello un concepto inútil, pues debería guiarnos al discutir muchos problemas contemporáneos.
Por: Rodrigo Uprimny
¿Será posible lograr una forma de democracia global o de constitución democrática universal, que garantice derechos humanos iguales a todo el mundo y que posibilite que todos participemos en igualdad de condiciones en la decisión de los asuntos mundiales, sin importar donde hayamos nacido?
La respuesta es paradójica. Este ideal de cosmopolitismo democrático, que con enunciados diversos ha sido defendido por filósofos clásicos como Kant o por pensadores contemporáneos como Luigi Ferrajoli y Jurgen Habermas, nunca había sido tan justo y necesario como lo es hoy. Pero hoy también esa opción parece poco probable.
La idea de una constitución democrática cosmopolita surge naturalmente del propio ideal democrático, que se funda en dos principios en tensión: la soberanía popular, por un lado, y la inviolabilidad de los derechos humanos, por el otro. Esos dos principios implican normativamente un cierto cosmopolitismo democrático.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios










