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Malcom Deas

Un analista de la democracia colombiana: Malcolm Deas

El historiador Jorge Orlando Melo analiza y rinde homenaje a la obra de su colega Malcolm Deas, que ayudó a mantener una visión mucho más compleja del pasado de Colombia y de la evolución de su democracia. Uno de los temas que más preocuparon a Deas fue el del análisis de la violencia en el país.

Por: Jorge Orlando Melo

En Colombia, con la orientación de dos historiadores, Jaime Jaramillo Uribe y Malcolm Deas, que fueron los principales maestros de las generaciones que empezaron a escribir en los años sesenta y setenta, se produjo una historiografía más escéptica que la de otros países de la región: ninguno era partidario de seguir muy de cerca las metodologías y visiones de los historiadores de moda. Había que inspirarse en ellos, pero mirarlos con dudas. Decir: “Si, estoy en principio de acuerdo, pero...”, como decía con frecuencia Jaramillo. Esto ocurrió con los principales historiadores de estos años, formados, después de un período colombiano, en Inglaterra o París: Germán Colmenares, Hermes Tovar, Álvaro Tirado, Marco Palacios, Gonzalo Sánchez, yo mismo. No se definió una escuela dominante, no se impuso una visión, como por ejemplo la interpretación marxista que sirviera de referencia central y contra la que se compararan los trabajos nuevos. La idea era que los historiadores debían buscar una nueva versión del pasado, nuevos documentos, nuevos relatos, más que repetir lo ya sabido.

Especial Imaginar la Democracia

Deas vino por primera vez a Colombia en 1963, con el compromiso de enviar informes periódicos al Institute of Current World Affairs, de Nueva York. En el libro Informes de Malcolm Deas al Institute of Current World Affairs, 1964-1966, UN homenaje (Bogotá, Banrep, 2025), se publican los 13 reportes que mandó entre finales de 1963 y comienzos de 1965. Como se ve, y lo dice él mismo, vino sin un programa de investigación, sin hipótesis ni interpretaciones previas, guiado solo por la curiosidad y la sorpresa. “Todo me pareció curioso e inexplicable”, dijo. Llegó a Panamá y viajó a diversos lugares de Colombia, como por ejemplo a las zonas indígenas del Vaupés –adonde se fue con Stephen Hugh-Jones¬– y a la costa Atlántica, donde le compró whisky al obispo de Valledupar a una tasa de cambio algo abusiva.

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