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"En Colombia nada se puede entender, menos aún con lo que está pasando hoy en el gobierno de Gustavo Petro, sin los miedos, los odios y los resentimientos que alimentan el debate político".

Sobre resentimiento y política

Un análisis sobre cómo ese sentimiento genera violencias de todo tipo en el devenir público de la sociedad y más aún en esta época alimentada por las tecnologías digitales y las redes sociales.

Por: Mauricio García Villegas

Marx solía decir que la violencia era la partera de la historia y Hanna Arendt, de manera menos tajante, que "es imposible reflexionar sobre la historia y la política sin constatar el papel que ha jugado la violencia en los asuntos humanos". Es cierto, pero ¿de dónde viene la violencia? O más concretamente, ¿qué tipo de malestares llevan a un grupo de gente a agredir a otro grupo? Tal vez sean muchas cosas las que intervienen en esa decisión, pero hay una destacable entre todas ellas y es el resentimiento. Dice Francis Fukuyama que después de la Revolución francesa la política ha estado “jalonada por pueblos que reclaman reconocimiento de su identidad”.

Esto tiene alcances mucho más allá de la política, agrego yo; no es posible, por ejemplo, entender el romanticismo (un movimiento al cual todavía estamos atados) sin el resentimiento que los ingleses y sobre todo de los alemanes incubaron contra Francia y su Ilustración racionalista y universal. El ascenso de Hitler, con fuertes raíces en el movimiento romántico, no es ajeno a su habilidad para canalizar el resentimiento del pueblo alemán contra los extranjeros, entre los cuales se contaba, en primer término, a los judíos alemanes.

Especial Imaginar la Democracia

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