
La democracia: entre la deliberación robusta y la polarización corrosiva
¿Es la radicalización una amenaza para la deliberación democrática, o más bien ofrece alternativas más claras para los votantes? El jurista Rodrigo Uprimny tiene una respuesta respecto a semejante interrogante, en estos tiempos de discusiones políticas.
Por: Rodrigo Uprimny
La polarización está en el centro de las discusiones contemporáneas en torno a la crisis de la democracia. Algunos argumentan que ésta se ha incrementado y representa una gran amenaza, mientras que otros consideran que no es así: que sólo los tibios le temen a la radicalización y a la polarización.
Especial Imaginar la Democracia
En este artículo abordo esta discusión, pero defiendo una tesis un poco distinta: creo que el debate vigoroso entre posiciones políticas diversas, incluso opuestas, no es malo para la democracia: en general la fortalece ya que permite una deliberación pública robusta y ofrece mayores y más claras alternativas a los votantes. Sin embargo, las diferencias entre grupos sociales, étnicos o políticos pueden llevar a formas de polarización corrosiva, que agrupan a los ciudadanos en campos enemigos y terminan por poner en cuestión la cohesión social y las reglas de la democracia. Esta polarización corrosiva, o “polarización perniciosa”, según la expresión propuesta por la profesora Jennifer McCoy –una de las expertas en el tema– es entonces peligrosa para la democracia.
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