
Libertad y democracia
Qué tan libres o autónomos son los votantes en el momento de decidir sobre asuntos democráticos en esta era de redes sociales, ‘likes’, algoritmos e Inteligencia Artificial.
Cuando hablamos de democracia le damos mucha importancia al debate de ideas, a la competencia electoral, a las reglas de juego institucionales, lo cual es, desde luego, fundamental, pero solemos dejar de lado (o damos por descontado) la libertad de los votantes: qué tan libres o autónomos son para decidir. La democracia moderna supone la existencia de individuos racionales y libres que escogen el gobierno al cual deciden someterse. Locke, por ejemplo, decía que el poder legítimo era el producto del consentimiento libre de los gobernados destinado a proteger sus derechos naturales. Ideas similares fueron defendidas por Rousseau, Kant, Constant y Mill, entre muchos otros, desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Sin esa piedra angular (el sujeto racional y libre) no se puede entender el voto ni el poder otorgado a las mayorías ni la libertad política ni el debate democrático.
Especial Imaginar la Democracia
Como muchos otros principios fundamentales de la democracia (voluntad general, soberanía popular, etc.) la libertad individual es un ideal que nunca se alcanza plenamente porque supone un sujeto omnisciente y racional que, en la práctica, no existe. En todas las democracias hay algo de manipulación de las conciencias; eso es inevitable; pero cuando ese engaño es de tal magnitud que liquida la libertad, la democracia queda en entredicho.
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