Ir al contenido principal
photologuephotos2023-092021-09-11t182245z_896703941_rc2rnp9oqoz1_rtrmadp_3_chile-anniversary-marchjpg
En la foto: un manifestante tiene una fotografía del difunto presidente de Chile, Salvador Allende, durante una manifestación que conmemoró el aniversario 48 del golpe militar de 1973. Tomada el 11 de septiembre de 2021.
Internacional

Las últimas horas de Salvador Allende

Se cumplen 50 años del golpe militar que derrocó al gobierno de Salvador Allende y que resultó en la muerte de ese presidente chileno. El periodista Erick C. Duncan hace un recuento de ese 11 de septiembre de 1973 en Chile.

Por: Erick C. Duncan

Es diez de septiembre. Las maniobras golpistas empezaron en la noche, cuando los buques de guerra de la armada sitian y se toman Valparaíso. Es la época propicia, porque es precisamente septiembre el mes en el que se adelantan maniobras conjuntas de unidades americanas y chilenas, en el marco de la Operación Unitas, en el pacífico. A esa hora el médico y masón, confeso enamorado de la vida, de las flores y del arte, Salvador Allende, se halla en su casa ultimando detalles para la convocatoria a plebiscito que anunciará al día siguiente, once de septiembre. Ha pasado la tarde del diez analizando los posibles escenarios para salir de la crisis que afronta el país, provocada por el sector más reaccionario de la derecha chilena y el gobierno estadounidense de Richard Nixon. Su esposa, Hortensia Bussi, “la Tencha”, lo recordaría ese día como el más tenso de su vida. Ella había llegado procedente de México en representación del gobierno chileno, que mandaba a través suya ayuda humanitaria y la solidaridad del sanguínea del corazón del presidente para mitigar los daños del cataclismo que casi acaba con el país azteca. Lo recordaría para siempre, inflamado de tensión mientras se probaba las chaquetas de primavera que le había encargado, y que le quedaron bien, cuando dijo: “a ver si estos me dejan usarlas”; a lo que ella contestó “¿tan mal están las cosas, Salvador?”.

Aquella noche de septiembre, en la casa presidencial de Tomás Moro, Salvador Allende cena con la Tencha, su hija Isabel, y unos fieles amigos históricos entre los que se encuentran Orlando Letelier, su ministro de defensa, y Augusto “el perro” Olivares, su amigo periodista y cercano consejero. Ambos morirán después bajo la omnipresencia fatal de la conspiración. También está Joan Garcés, el politólogo español que lo acompañará esa noche hasta tarde junto a Augusto Olivares y que se convertirá, quizá, en el mayor enemigo declarado de Pinochet en el panorama internacional y que, muchos años después, logrará que el juez español Baltasar Garzón compulse copia de detención contra el dictador. El lúgubre silencio de aquella cena se romperá cuando Salvador Allende dé un golpe en la mesa, y diga: “voy a llamar a plebiscito. Va a ser el pueblo el que decida si debo irme o no”.

Le puede interesar: Petro habla de la ametralladora de Allende y de su seguridad personal

Regístrate para seguir leyendo

Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.

¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión

Finalización del artículo

Lea los comentarios

Temas en este artículo

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir artículo en redes sociales