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Internacional

Llega Donald Trump: ajústense los cinturones. Por Julio Londoño

El excanciller Julio Lodoño analiza para CAMBIO los anuncios expansionistas de Trump. “Volveríamos a la época del expansionismo norteamericano y del 'Gran Garrote' del presidente Theodore Roosevelt, que inundó de intervenciones militares el continente”, dice.

Por: Julio Londoño Paredes

Entre la multitud de anuncios que Trump ha formulado como presidente electo, ha vuelto nuevamente a esbozar el expansionismo norteamericano.

Echando por la borda los tratados Torrijos-Carter en los que Colombia tuvo mucho que ver y en los que el expresidente Carter se empeñó, contra el pensamiento del Pentágono y de la mayor parte de la opinión pública norteamericana, ha anunciado que va a reincorporar a los Estados Unidos el Canal de Panamá.

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Volveríamos a la época del expansionismo norteamericano y del “Gran Garrote” del presidente Theodore Roosevelt, que inundó de intervenciones militares el continente, incluyendo la separación de Panamá.

En la aprobación de uno de los dos tratados en los Estados Unidos, el “Concerniente a la Neutralidad Permanente y al funcionamiento del Canal de Panamá”, el senador DeConcini, demócrata, incluyó una condición que tuvo que ser aceptada por Panamá, según la cual los Estados Unidos podrían intervenir militarmente en Panamá si el canal fuere cerrado o si se interfiriera su funcionamiento. Ese fue el precio que pagó Panamá por el tratado. A esa condición se opusieron la mitad de los panameños en el referendo que se hizo para la aprobación de los tratados.

El presidente de Panamá ha reaccionado muy moderadamente, para evitar una confrontación con Trump. Ha habido una reacción mucho más clara y tajante de otros países del continente, en donde incluso más de 30 excancilleres han expresado tajantemente su rechazo a semejante propósito.

Igualmente, el futuro mandatario ha dicho que va a incorporar a Groenlandia a los Estados Unidos. El gobierno danés ha rechazado también, discretamente, esa aspiración, aunque ha acusado de tiempo atrás a los Estados Unidos de promover la independencia de Groenlandia para convertirla en una dependencia norteamericana, lo que no deja de ser cierto.

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Groenlandia actualmente hace parte del Reino de Dinamarca. Foto: Reuters.

Groenlandia es la isla más grande del mundo, con una extensión de cerca de 2.200.000 kilómetros cuadrados. Es un territorio autónomo que pertenece a Dinamarca y se encuentra a 3.000 kilómetros del reino. Tiene tan solo unos 59.000 habitantes, la mitad de los cuales residen en Nuuk, la capital, ubicada en el sur que es la única parte habitable de la isla.

Para Dinamarca Groenlandia es una carga económica importante y ha debido establecer normas que conducen paulatinamente a la independencia de la isla. Los Estados Unidos, por la importancia geopolítica y estratégica de ella, dada su proyección hacia el Ártico, tienen una base militar en el norte.

Trump dice que todos los habitantes de la isla quieren incorporarse a los Estados Unidos. Seguramente también sea cierto. Y tal vez no sería difícil lograr la aprobación de ello por parte de la mayoría de sus 59.000 habitantes.

Las pretensiones de los Estados Unidos sobre Groenlandia se remontan al siglo XIX, cuando el imperialista secretario de Estado, William H. Seaward, en 1867, adelantó gestiones para comprar la isla. Fue el mismo que le compró Alaska a Rusia y que incorporó a los Estados Unidos la isla de Midway en el Pacífico.

En 1946 los Estados Unidos le ofrecieron a Dinamarca 100 millones de dólares por Groenlandia, pero la oferta fue rechazada.

Durante su primera administración, Trump, nuevamente, le ofreció a Dinamarca comprarla. No solamente por su importancia estratégica y su proyección al Ártico, a la que están pretendiendo varias naciones, sino por su riqueza pesquera, por la existencia de minerales y por la posibilidad de explotación de hidrocarburos en la plataforma de la isla.

Trump ha hablado –lo que parece un chiste– de utilizar, por razones de seguridad nacional, la “fuerza económica”, con el fin de convertir a Canadá en el estado 51 de los Estados Unidos.

Como si fuera poco, ha anunciado que va a rebautizar el “Golfo de México”, conocido con ese nombre desde la época de la colonia, para denominarlo “Golfo de América”, haciendo referencia no al continente, sino a los Estados Unidos.

Un nuevo “Américo Vespucio”

Tal vez Trump debiera estudiar un poco de geografía, ya que el citado golfo es compartido por los Estados Unidos, México y Cuba, y no porque se llamara “Golfo de América” sería de los Estados Unidos. Si se aplicara esa teoría en todo el mundo, se generaría una confrontación universal. Para no ir tan lejos, la China exige que se acepte que las disputadas islas Spratly se encuentran en el “Mar de la China” y no en el “Mar del Japón”.

Seguramente Trump fue asesorado por Maduro, ya que Venezuela ha sostenido que, no obstante que Colombia tiene una amplia costa guajira sobre el Golfo de Venezuela, el golfo es de Venezuela, porque se llama “Golfo de Venezuela”.

Se avecina, pues, una nueva era. Como sucede en los aviones, ajústense los cinturones. Además, pueden necesitarse las máscaras de oxígeno.

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