
¿Quién es y qué ha hecho Jorge Glas, el político condenado por corrupción en Ecuador al que Petro le dio la nacionalidad colombiana?
Exvicepresidente de Rafael Correa y figura clave del correísmo, Jorge Glas pasó de ser un ingeniero eléctrico cercano al poder a convertirse en uno de los rostros más cuestionados de la política ecuatoriana por escándalos de corrupción. Ahora, mientras cumple condena en una cárcel de máxima seguridad, su nombre vuelve a generar tensiones regionales tras recibir la nacionalidad colombiana de manos del presidente Gustavo Petro.
Por: Juan David Cano
Este 16 de septiembre de 2025, en el consulado de Colombia en Quito, Jorge Glas juró como ciudadano colombiano. El acta oficial lo registró bajo su nombre completo, Jorge David Glas Espinel, y la noticia se conoció porque fue divulgada en redes sociales por el propio presidente Gustavo Petro, quien agradeció al Gobierno ecuatoriano el “paso para la paz de las naciones latinoamericanas”.
La publicación duró poco: Petro borró el tuit horas después, pero la controversia ya estaba servida. Desde Ecuador, según reveló la agencia EFE, la Cancillería negó haber recibido notificación oficial alguna y aseguró que Glas “sigue siendo ciudadano ecuatoriano” y que las condenas que pesan sobre él continúan vigentes.
El presidente Gustavo Petro publicó en su cuenta de X que le había dado la ciudadanía a Jorge Glas, un político de Ecuador condenado por corrupción. pic.twitter.com/iRaUWp8fr9
— Juan David Cano (@whoisjuandc) September 16, 2025
De ingeniero eléctrico a mano derecha de Correa
Nacido en Guayaquil en 1969, Jorge Glas es ingeniero eléctrico de profesión. Su trayectoria política se entiende a la sombra de una amistad forjada desde la adolescencia con Rafael Correa, quien años después lo invitaría a su primer cargo en el Estado.
En 2007, cuando Correa llegó a la Presidencia, Glas asumió la administración del Fondo de Solidaridad, entidad encargada de invertir recursos de empresas públicas en proyectos sociales. Poco a poco escaló posiciones hasta convertirse en ministro de Telecomunicaciones y luego en coordinador de Sectores Estratégicos, una especie de ‘superministerio’ que controlaba áreas clave como energía, recursos naturales y agua.
Su ascenso alcanzó la cúspide en 2013, cuando fue elegido vicepresidente en fórmula con Correa. Cuatro años más tarde repetiría el cargo, esta vez acompañando a Lenín Moreno.
El inicio del derrumbe: Odebrecht y las primeras condenas
La figura de Glas comenzó a resquebrajarse con el estallido del caso Odebrecht. En 2017, investigaciones judiciales lo señalaron de haber recibido millonarios sobornos de la constructora brasileña para favorecer contratos de infraestructura estratégica en Ecuador.
Ese mismo año fue sentenciado por asociación ilícita y cohecho. Aunque alegó inocencia y denunció persecución política, perdió el cargo de vicepresidente y terminó en prisión. Sus condenas iniciales sumaron ocho años, que luego fueron ratificados y ampliados en sucesivos fallos.

El caso Manabí: dinero para víctimas convertido en elefantes blancos
Si el caso Odebrecht golpeó la imagen del correísmo, el expediente que más indignación generó fue el de la reconstrucción de Manabí.
Tras el terremoto de 2016, que dejó cientos de muertos en la costa ecuatoriana, el Gobierno recaudó millonarios fondos mediante contribuciones solidarias para levantar viviendas, hospitales y escuelas.
Según la justicia, Glas y otros funcionarios desviaron recursos hacia obras innecesarias o inservibles, causando un perjuicio al Estado superior a 225 millones de dólares. En junio de 2025, el exvicepresidente fue condenado a 13 años de prisión por peculado, sentencia que se suma a las anteriores y lo inhabilita de por vida para ejercer cargos públicos.
El asalto a la embajada mexicana y el conflicto diplomático
El capítulo más explosivo en su historial ocurrió en abril de 2024, cuando Glas buscó refugio en la embajada de México en Quito alegando persecución política. El Gobierno de Daniel Noboa ordenó un operativo policial sin precedentes: agentes irrumpieron en la sede diplomática para detenerlo.
Equador invade embaixada mexicana.
— TUCArj54 (@tucarj54) April 6, 2024
O México concedeu asilo ao ex-vice-presidente do Equador, procurado por acusações de corrupção e escondido na embaixada.
Uma unidade especial então invadiu a embaixada.
O México então encerrou todas as relações diplomáticas com o Equador pic.twitter.com/PNKHiQ2PHD
El hecho provocó una ruptura inmediata de relaciones entre Ecuador y México, que calificó la acción como una violación del derecho internacional y de la convención de Viena. A pesar del todo show mediático, Glas fue capturado y trasladado a la cárcel de máxima seguridad La Roca, donde permanece recluido hasta hoy.
Petro, defensor de Glas y la nueva ciudadanía
Desde el inicio de esa crisis, Petro ha mostrado un inusual respaldo al exvicepresidente ecuatoriano. En 2024 anunció que Colombia pediría medidas cautelares en la CIDH a favor de Glas, al que consideró víctima de una violación al derecho de asilo. Incluso fue más allá y lo calificó públicamente como “preso político”.
La decisión de otorgarle la nacionalidad colombiana fue el paso más audaz de esa línea. Para Petro, se trata de un acto de protección; para Quito, un gesto irrelevante en lo judicial, ya que las sentencias seguirán ejecutándose.
Un hombre con tres nacionalidades, muchas cuentas pendientes y un futuro incierto
Hoy, Jorge Glas acumula tres ciudadanías: ecuatoriana, alemana y colombiana. Sin embargo, ninguna lo libra de sus condenas.
En Ecuador debe cumplir más de dos décadas de prisión, mientras los tribunales avanzan con otros procesos en su contra. Su caso, que mezcla poder político, corrupción, tensiones diplomáticas y disputas ideológicas, se ha convertido en un símbolo de la fractura que aún divide al país entre el legado correísta y sus detractores.
La nacionalidad colombiana podría abrir un nuevo frente en las ya complejas relaciones entre Quito y Bogotá. Ecuador insiste en que la situación judicial de Glas no se altera, mientras que Petro defiende su decisión como un gesto latinoamericanista. Y en medio de esas tensiones, Jorge Glas permanece tras las rejas, convertido en un personaje que condensa las luces y sombras de la política ecuatoriana del siglo XXI.
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