
Muerto el ayatola Jamenei, ¿qué sigue?
El excanciller, Julio Londoño Paredes, en artículo exclusivo para CAMBIO, analiza el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán y las consecuencias que este puede traerle al mundo.
Aunque tanto Israel como los Estados Unidos habían afirmado de tiempo atrás que podrían haber matado al ayatola Alí Jamenei, solo hasta ahora se materializó la amenaza. Fue un ataque conjunto norteamericano-israelí en el que, al parecer, se dio también de baja a cuarenta altos jerarcas iraníes.
El ataque se realizó cuando precisamente concluían sin acuerdo las negociaciones que se realizaban en Ginebra sobre el programa nuclear de Irán, que tanto ha preocupado a Israel, a los Estados Unidos y a los países de la Unión Europea. Según lo expresado por Trump y Netanyahu, los ataques continuarán hasta cuando sea necesario.
Naturalmente que la reacción de Irán se presentó de inmediato, con el lanzamiento de centenares de drones en once países árabes, especialmente sobre aeropuertos.
Sin embargo, para tratar de evitar una coalición de los países árabes sunitas, ha advertido que las acciones se han llevado a cabo sólo contra las instalaciones norteamericanas en algunos países y no contra “estados hermanos”. Ha resuelto igualmente cerrar el estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo, uno de los pasos marítimos más importantes del mundo, lo que lo hace más vulnerable y genera reacciones de todo tipo.
Irán es gran auspiciador del terrorismo y ha utilizado a los hutíes en Yemen, a Hamás en Israel y a Hezbolá en el Líbano, para sus acciones. Los países de la Unión Europea, temerosos de las retaliaciones iraníes, se han apresurado a advertir que ellos no participaron en la acción. Sólo el Reino Unido ha señalado que, en un hecho aislado, actuó en “legítima defensa” cuando un grupo de soldados británicos destacados en un país árabe, estuvieron en serio riesgo de ser blanco de drones iraníes.
Entre tanto, en los Estados Unidos, congresistas demócratas buscan por todos los medios que se le impongan a Trump límites para que no tenga la posibilidad de emprender ese tipo de acciones que pueden afectar a todo el país.

Sin embargo, Trump continúa con su estrategia y aduce que el ayatola era un personaje siniestro. Al mismo tiempo, tanto él como Netanyahu, han hecho reiterados llamamientos a los iraníes para que se levanten y derroquen al régimen, de modo que no desperdicien “estos momentos de efervescencia y calor,” como decía Acevedo y Gómez en la plaza de Bolívar el 20 de julio de 1810.
Hasta este momento, esas marchas no se han presentado, aunque los ayatolas no han dudado en ordenar el fusilamiento de centenares de opositores que durante varias semanas han adelantado protestas contra el gobierno**, a través de las cuales han pedido que se produzcan cambios fundamentales.**
No vaya a ser que pase lo mismo que sucedió con la invasión a Cuba por Bahía Cochinos en abril de 1961, cuando la CIA les aseguró a los invasores que, al desembarcar, no sólo el ejército, sino también la población, se levantaría contra el régimen: y sucedió todo lo contrario.
Petro ha reaccionado con cautela ante estos hechos y ha censurando el hecho de que más de ochenta niños hayan muerto en el ataque. Por su parte, el gobierno de Venezuela formuló una cuidadosa declaración en la que se limita a “condenar y lamentar” los ataques, e insta a reemprender la negociación.
Así, pues, Trump actúa en Irán cuando simultáneamente es “administrador” de Venezuela y ha afirmado que va adelantar “una invasión pacífica” a Cuba. ¿Qué seguirá después?
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