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Justicia

A solas con la Oficina de Envigado

CAMBIO estuvo reunido en la cárcel de Itagüí con los jefes de la Oficina de Envigado.

Alfredo Molano Jimeno asistió a un encuentro de las 12 estructuras criminales que operan en Medellín y el Valle de Aburrá con los delegados de paz del Gobierno Petro. Esta es la crónica del cara a cara con 20 de los bandidos más fuertes de Colombia.

Por: Alfredo Molano

Es la segunda vez que entro a la cárcel de Itagüí. La primera fue hace casi 10 años. Asistí a un encuentro entre los jefes paramilitares —los que no extraditó Álvaro Uribe— con un grupo de defensores de derechos humanos, entre los que estaban Piedad Córdoba y Danilo Rueda. El asunto era buscar cómo los paras podían aportar verdad a las víctimas. Nos sentamos alrededor de una mesa rectangular y tras varias horas de diálogo Fredy Rendón Herrera, más conocido como 'el Alemán', que tuvo secuestrada a Piedad años antes, le pidió perdón. Fue un encuentro emotivo, hubo lágrimas y abrazos. Al final alcanzó hasta para mí. Ernesto Báez se me acercó, me dio un libro escrito por él y me pidió perdón por los largos años de exilio que sufrió mi papá y la persecución de la que fue objeto por parte de los paramilitares: “Matar a Alfredo Molano era una obsesión de Carlos Castaño”, me dijo Báez, quien murió hace tres años largos.

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Esta es la reunión de 2014 con los jefes paramilitares. Están la senadora Piedad Córdoba, Danilo Rueda, y los comandantes de las AUC: el Alemán, Julián Bolívar, Ernesto Báez y el Iguano. En esta ocasión no se permitieron fotos. /Archivo Particular

Volví hace dos días para acompañar una reunión entre delegados del gobierno, encabezados por Danilo Rueda, hoy alto comisionado de paz, y los jefes de los distintos combos en que los se atomizó la temida Oficina de Envigado. En el auditorio del penal de máxima seguridad se encontraban 20 jefes de estructuras, cuatro abogados, que han servido de facilitadores, y cinco delegados de la comunidad internacional. El encuentro era para verificar los gestos de confianza acordados y para definir la fecha en que se instalaría el espacio de diálogo, pero además, el simple hecho de juntar a enemigos irreconciliables que se han dado plomo en las calles era un acto de reconciliación que puede evitar muchas muertes.

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