
El negocio olvidado de José Obdulio Gaviria con un jefe de la Oficina de Envigado
Hace 25 años el exsenador JOsé Obdulio Gaviria hizo un negocio con Jorge de Jesús Vallejo Alarcón, quien hoy es uno de los voceros de paz de la estructuras armadas de Medellín y el Valle de Aburrá.
Hace 25 años el dirigente uribista le compró un edificio a Jorge de Jesús Vallejo, un comerciante que, según la justicia, es uno de los principales jefes de la Oficina de Envigado. El exsenador se defiende argumentando que hizo miles de negocios con personas que no recuerda.
Por: Alfredo Molano
Hace 12 años, producto de una inédita balacera en un lujoso edifico del Poblado de Medellín, las autoridades allanaron el apartamento de un próspero comerciante de Bello, que había sufrido un atentado sicarial. En el apartamento, ubicado en el exclusivo sector de Castropol, las autoridades encontraron armas de grueso calibre y miles de millones de pesos en títulos valor. Desde ese día, los bienes y negocios de Jorge de Jesús Vallejo Alarcón quedaron en el radar de las autoridades, pero hubo un documento que no solo pasó inadvertido, sino que curiosamente desapareció de su contabilidad. Se trata de un contrato entre Vallejo y José Obdulio Gaviria, quien en ese momento era uno de los hombres más cercanos del expresidente Álvaro Uribe, quien acababa de salir del Palacio de Nariño con altísima popularidad.
Desde ese día Vallejo Alarcón quedó rotulado con los alias de Vallejo o el Doctor y fue reseñado como uno de los hombres fuertes de la Oficina de Envigado, mano derecha de alias Tom, máximo jefe de El Meza. Vallejo fue capturado dos veces. Primero, en 2012, acusado de porte ilegal de armas. Finalmente fue absuelto porque demostró tener salvoconductos de una brigada militar. En 2018 volvió a ser capturado y esta vez fue acusado de concierto para delinquir agravado. Al final, la justicia lo condenó a 14 años de prisión. En el proceso, perdió sus bienes y los de sus familiares más cercanos.
Vallejo es uno de los voceros de paz en el espacio de diálogos entre el gobierno y las bandas de Medellín, y desde la Cárcel de Itagüí, este hombre de 55 años, considera que es víctima de un proceso judicial injusto y selectivo, en el que hubo inconsistencias probatorias e intereses oscuros, pues antes de ser capturado era un reconocido comerciante que hizo negocios con entidades públicas y reconocidos empresarios y políticos.
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