
Entre grafiteros y policías, historias en memoria de Diego Felipe Becerra
Grafiteros y policías pintaron el mural en honor a Diego Felipe Becerra.
CAMBIO reconstruyó el camino que llevó al acto de reconocimiento de responsabilidad por parte del Estado en el asesinato del joven de 17 años. Para llegar allí, grafiteros y policías vivieron un secreto proceso de reconciliación.
Por: Alfredo Molano
Diego Felipe Becerra Lizarazo hubiera cumplido 29 años el pasado 31 de agosto si no hubiera sido porque el patrullero Wilmer Antonio Alarcón lo asesinó el 19 de agosto de 2011. Lo mató 12 días antes de su cumpleaños 17. Le disparó por la espalda mientras el joven corría asustado porque fue sorprendido pintando un grafiti. Luego, el policía y sus compañeros, incluyendo el comandante del CAI, manipularon la escena, compraron testigos y desviaron la investigación para presentar a Diego Felipe como un delincuente que estaba armado, que robó un bus y que murió en su ley. Pero el tiempo fue implacable y la tenacidad de los padres del menor logró lo que hasta el viernes era imposible en Colombia: ver a un presidente de la república, al director general de la Policía Nacional y a un ministro de Defensa ofreciendo perdón y reconociendo su responsabilidad. Una imagen que para darse recorrió un largo y tortuoso camino.

Doce años han pasado desde el viernes en que Diego Felipe salió con tres amigos a pintar un muro en el puente de la Calle 116 con Boyacá. Doce años en que Gustavo Trejos y Liliana Lizarazo tuvieron que sufrir no solo que les mataran a su hijo, sino que además mancillaran su nombre y su honra. El día que lo mataron plantaron un arma en la escena del crimen y dos días después la Policía aseguró en una rueda de prensa que el joven delinquía. Al final, la justicia probó que quienes delinquieron fueron los uniformados. El Estado iba derecho a una condena en la justicia internacional pero la Agencia de Defensa Jurídica de la Nación (ADJN) propuso un acuerdo de solución amistosa que se empezó a tejer hace un año y que condujo a un inédito proceso de reconciliación entre policías, grafiteros y la familia de Diego Felipe.
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