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¿Por qué sería inviable llevarse 80 hipopótamos de Pablo Escobar a la India? Expertos explican

El multimillonario indio Anant Ambani ofreció trasladar a su santuario en Gujarat los 80 hipopótamos que Colombia autorizó sacrificar. Expertos consultados por CAMBIO hablan de los costos, las implicaciones y evalúan las dificultades de ejecutar esta opción.

Por: Juan David Cano

El pasado 28 de abril, el empresario indio Anant Ambani, hijo del hombre más rico de Asia, ofreció al Gobierno colombiano recibir en su centro de conservación Vantara, en el estado de Gujarat, a los 80 hipopótamos que el Ministerio de Ambiente autorizó sacrificar para frenar la expansión de esta especie invasora introducida en los años ochenta por Pablo Escobar. 

La propuesta plantea cuidado de por vida para los animales y promete asumir los costos logísticos. CAMBIO consultó a tres especialistas para evaluar la viabilidad técnica, biológica, económica y jurídica de la propuesta.

La captura: ¿el primer obstáculo?

El primer punto a analizar es la captura de los animales en su hábitat actual. Germán Jiménez, coordinador de la Maestría en Restauración Ecológica de la Pontificia Universidad Javeriana, explica que el procedimiento implica acechar a los hipopótamos, confinarlos y sedarlos con dosis muy potentes, lo que ya supone un riesgo letal por sí solo.

Según Jiménez, los animales se encuentran en dos lugares principales: el parque temático de la antigua Hacienda Nápoles y un islote en el río Magdalena, este último mucho más complejo de intervenir. “Perseguir a estos animales en una zona como el Magdalena Medio es complicado. El más complicado es ese islote, donde los animales están rodeados por el río. Ellos están en su medio, entonces se pueden mover muy fácilmente y son más peligrosos”, afirma.

Lorena Ortega Romero, profesional de Sostenibilidad Ambiental de la Universidad de América, agrega que la sedación requiere etorfina, un opiáceo cuya ventana entre dosis eficaz y dosis letal es estrecha, y que cada individuo necesita monitoreo constante de temperatura, hidratación y respiración.

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Hipopótamos en el Magdalena Medio, especie invasora que ha alterado ecosistemas acuáticos de la región

“La captura y traslado es técnicamente posible pero extremadamente exigente. La tasa de mortalidad en operaciones similares de menor escala (rinocerontes, elefantes) oscila entre 3 a 8 por ciento. Para 80 hipopótamos, se proyectan entre tres y siete muertes como escenario conservador”, concluye Ortega.

¿El traslado debería hacerse por aire o por mar? ¿Cuánto costaría toda la operación?

Una vez capturados y sedados, los animales tendrían que recorrer cientos de kilómetros por tierra hasta un puerto, y luego más de 15.000 kilómetros hasta la India. Jiménez advierte que mantener sedado a un hipopótamo durante todo ese tiempo es de por sí riesgoso, sobre todo porque los sedantes suprimen los sistemas nervioso y cardiorrespiratorio.

A esto se suma, según el académico, que la población colombiana arrastra problemas derivados de la endogamia, incluidas malformaciones craneales y vertebrales detectadas por colegas suyos. “Estos animales son producto de una endogamia de muchos años. Eso es tener acumuladas enfermedades de tipo recesivo. Cada minuto que pase, más riesgo”, dice.

Ortega complementa la dimensión logística. Para ella, el barco está descartado por el estrés térmico que implicarían semanas de confinamiento, y la única alternativa viable es el avión carguero. La experta calcula que un Boeing 747-8F transporta entre dos y tres ejemplares por viaje en contenedores con ventilación y humidificación, lo que requeriría entre 27 y 40 vuelos con escala probable en Europa u Oriente Medio.

Todo eso agrava, evidentemente, los costos del traslado. Para la doctora Nataly Castelblanco, experta en ecología de mamíferos acuáticos del Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), las estimaciones de 3 y 4 millones de dólares podrían quedarse cortas frente a todo lo que requiere el proceso.

“Calculan que aproximadamente 3,5 millones de dólares. Yo pienso que puede ser un poco más, porque no sé si están contando el esfuerzo de campo para ubicar y capturar animales silvestres”, afirma.

Su opinión es apoyada por los otros expertos. Mientras Jiménez estima que solo la captura puede costar entre 2 y 5 millones de dólares y que la operación completa podría superar los 10 millones, Ortega proyecta entre 15 y 25 millones de dólares contando vuelos, jaulas certificadas, permisos Cites y adecuación de recintos.

Gujarat no es el Magdalena: ¿es un buen destino para los hipopótamos?

La idoneidad del lugar receptor es otro frente de discusión. Vantara declara contar con infraestructura de alto estándar, y Castelblanco reconoce que, según informes de Cites, el centro parece tener buenas condiciones. Sin embargo, los tres expertos coinciden en que el cambio de hábitat plantea problemas serios.

Jiménez recuerda que el santuario tiene aproximadamente 14 kilómetros cuadrados, mientras que el rango de hogar de un solo hipopótamo adulto se mueve entre seis y ocho kilómetros cuadrados. “Yo lo que creo es que los van a tener como en un zoológico, confinados. Pero habría que castrarlos a todos y mirar cómo se evita que haya confrontaciones entre los animales para que no terminen matándose entre ellos”, advierte.

Ortega pone el foco en el clima. Los hipopótamos del Magdalena llevan tres generaciones adaptadas a aguas tropicales con humedad relativa entre 80 y 90 por ciento, mientras que Gujarat tiene un clima seco con temperaturas que pueden alcanzar los 45 grados en verano y humedad relativa que cae al 30 por ciento. Sin instalaciones de climatización a gran escala, piscinas climatizadas, aspersores, refugios refrigerados, la sobrevivencia a largo plazo no está garantizada.

“La capacidad declarada de Vantara no ha sido verificada por organismos internacionales independientes. La ausencia de precedentes comparables convierte esta operación en un experimento de alto riesgo”, concluye.

La pregunta ética: ¿traslado o eutanasia?

Ahora bien, con todos estos problemas logísticos surge nuevamente un dilema ético, y es si sería mejor la eutanasia que el traslado a la India. Las posiciones de los expertos consultados convergen, aunque por caminos distintos. Castelblanco lo plantea desde la perspectiva del bienestar animal individual.

“Desde el punto de vista del animal, es mucho más estresante todo el proceso que implicará su captura, contención y transporte, así como pasar el resto de su vida en cautiverio (un hipopótamo vive hasta 50 años). Por tanto, sería mucho más empático una eutanasia rápida. En ambos casos, los procedimientos deben estar enmarcados en un fuerte componente bioético. Desde el punto de vista biológico tampoco tiene sentido mantener vivo un grupo de animales que no representa un reservorio genético para la población silvestre. Desde el punto de vista económico, este dinero sería mejor invertido en las poblaciones silvestres de hipopótamos vulnerables en África, o por supuesto nuestra fauna local”, afirma.

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Jiménez llega a una conclusión similar desde el marco institucional. El experto recuerda que Colombia firmó convenios para el control de especies invasoras y que la eutanasia, en ese marco, busca proteger biodiversidad nativa, procesos evolutivos y modos de vida de comunidades ribereñas afectadas por la presencia de los animales. “Yo, en lo personal, no estaría totalmente de acuerdo con el transporte, porque eso implica unos sufrimientos adicionales a los que el animal tendría si se le practica un procedimiento diferencial”, sostiene.

“Un vuelo de 24 horas en confinamiento severo para un animal semiacuático, territorialista y socialmente complejo genera estrés fisiológico comparable al dolor agudo”, añade Ortega.

El problema que queda en Colombia: se llevan 80, quedan 120

Pero hay un problema que se está ignorando. Aunque se concretara el traslado, quedarían en territorio colombiano cerca de 120 hipopótamos en libertad, con una tasa de reproducción del 10 por ciento anual.

“No lo resuelve. En el mejor escenario estamos hablando de 40 años para controlar la población, y en el peor, de 80 a 100 años. Los que quedan se siguen reproduciendo, tienen una muy buena reproducción y un éxito reproductivo alto”, explica Jiménez.

Ortega coincide en el diagnóstico: en cinco años, el remanente de 120 ejemplares habrá superado nuevamente los 200. “El traslado parcial sin plan de control reproductivo del remanente es éticamente cuestionable porque tranquiliza la conciencia pública sin resolver el colapso ecológico del Magdalena”, afirma.

El marco jurídico daría de dos a tres años de trámites

Más allá de la viabilidad biológica, está el problema legal. Ortega detalla que no existe un tratado sanitario y aduanero bilateral entre Colombia e India para este tipo de operación. Construir el andamiaje requeriría un memorando de entendimiento entre el Ministerio de Ambiente colombiano y su contraparte india, protocolos veterinarios acordados entre ICA e ICAR, y aprobación de la Secretaría Cites, que podría objetar la exportación en bloque de 80 ejemplares. La estimación: entre 18 y 36 meses, asumiendo voluntad política continua.

A esto se suma que el fallo que avala la eutanasia ya está en firme. Para suspenderlo, según Ortega, sería necesario un recurso de apelación, una tutela, una medida cautelar innominada solicitada por el propio Ministerio de Ambiente o intervención legislativa.

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“El fallo judicial que avala la eutanasia constituye una providencia ejecutoriada. La clave jurídica es demostrar que la oferta de Ambani constituye un ‘hecho superviniente relevante’ que cambia las circunstancias que motivaron el fallo original”, explica.

Con todo esto, la oferta Ambani, en suma, es técnicamente ejecutable a un costo extraordinario, jurídicamente posible en un horizonte de dos a tres años, pero biológicamente riesgosa para los animales trasladados e insuficiente para resolver la invasión biológica si no se acompaña de un plan de control reproductivo. La decisión final queda en manos de las autoridades.

Gobierno envía petición a India para posible traslado de hipopótamos

La ministra de Ambiente de Colombia, Irene Vélez, informó este 30 de abril que el Gobierno avanza “con rigor en el manejo del hipopótamo como especie invasora” y confirmó que ya se radicó una solicitud formal ante India para autorizar el traslado de estos animales al centro Vantara.

Vélez enfatizó que este tipo de procesos exige “permisos y autorizaciones ambientales gubernamentales, en cumplimiento estricto de las convenciones internacionales sobre biodiversidad ratificadas por Colombia”. Asimismo, señaló que las decisiones se están tomando con base en la mejor evidencia científica disponible, priorizando la protección de los ecosistemas y de las especies nativas frente al impacto de los hipopótamos.

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La funcionaria también agregó que cualquier alternativa debe estar alineada con el plan nacional de control de esta especie invasora y reiteró: “Son bienvenidas todas las propuestas que se enmarquen en el Plan para la Prevención, Control y Manejo de la Especie Exótica Invasora Hipopótamo, adoptado en 2024″.

Asimismo, la ministra aseguró que el criterio y objetivo siguen siendo las decisiones judiciales vigentes y la mejor ciencia disponible sobre el tema: “Seguimos firmes con la puesta en marcha de todas las estrategias en simultáneo”.

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