
Ir a una rumba en Bogotá y correr el riesgo de morir
Una mezcla de malas condiciones para la rumba, sustancias adulteradas y consumo poco informado de droga acabó con la vida de un adolescente en una de las tantas fiestas clandestinas sobre las que no existe control.
Por: María Fitzgerald
Ricardo Rojas murió a las cuatro de la mañana, después de una agonía de tres horas: “Notamos que su comportamiento no era normal. Él no podía hablar y su temperatura estaba muy alta”, recuerda Ivanovna Acosta, una de las amigas que lo acompañaba esa noche. Murió en medio de una fiesta en las afueras de Bogotá, al parecer por una sobredosis que no se atendió adecuadamente.
Aunque hasta el momento su muerte no ha sido esclarecida, buena parte de las denuncias de los asistentes a la fiesta coinciden en la negligencia y la mala organización del evento. Los testigos aseguran que, entre otras cosas, la fiesta fue sobrevendida (el cupo era de 800 personas y terminaron yendo 2.000), no tuvo ventilación suficiente y no había personal de primeros auxilios. Para completar, los organizadores cerraron el registro del agua para que los asistentes se vieran obligados a comprar agua en botella.
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