
La bestia: Luis Garavito y su lista de atroces crímenes contra menores de edad
Luis Alfredo Garavito murió de cáncer este 12 de octubre. Fue condenado a 40 años por más de 150 casos de pederastia, asesinato y violencia sexual. Esta es la historia detrás de la bestia o el monstruo de Génova.
Por: Redacción Cambio
Este 12 de octubre, en la tarde, el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) dio a conocer que Luis Alfredo Garavito murió tras padecer cáncer en un ojo y leucemia. En Colombia y en América Latina, el presidiario es recordado por su historial criminal que afecto la vida de cientos de familias, niños, niñas y mujeres.
Los crímenes de Garavito
Garavito fue apodado como la bestia y el monstruo de Génova debido a los atroces crímenes que cometió. La justicia determinó que abusó y asesinó a más de 300 personas, entre menores de edad y mujeres, aunque fue condenado por 172 crímenes. Incluso, recibió una condena de 1.853 años y 9 días conmutados a 40 años debido a las leyes constitucionales, ya que para no pasar toda su vida en prisión, el criminal decidió colaborar con la justicia.
Para entender los crímenes de Garavito hay que comenzar por su adolescencia, cuando, al parecer, descubrió su gusto por los menores de edad. A los 14 años fue su primer intento de violación a un niño de su colegio, como era un adolescente, en el momento se ignoró la situación, pero ese sería el inició de la bestia.
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Su modus operandi
Como él mismo lo reconoció en varias entrevistas, la mayoría de los crímenes de Garavito se desarrollaron bajo el mismo modus operandi. Identificaba la persona que iba a ser su víctima, posteriormente le hacía creer que era amigable e inofensivo, le prometía algo que deseaban y posteriormente, la llevaba a un lugar solo donde practicaba todos los vejámenes, la torturaba con cuchillos mientras la violentaba, hasta que finalmente moría.
“Voy al hotel a las nueve de la noche; empiezo a sentir esa fuerza extraña que me domina, saco el cuchillo, consigo unas cabuyas, llevo licor y me dispongo a andar por las diferentes calles aledañas a la galería. Había un niño llamado Julián Pinto cerca, él estudiaba en el Sena donde había ido a vender ambientadores el año pasado. Estaba vendiendo tintos, le hablo, lo convenzo para que me acompañe. Deja su termo y se va conmigo. Lo introduzco al cañaduzal, lo amarro, lo acaricio y después lo violo. Julián Pinto grita, lo acaricio, él sigue gritando y posteriormente lo mato. Me acuerdo tanto de este niño por una situación: en ese sitio hay una cruz, regreso para el pueblo y de un momento a otro siento una voz que me dice: “Eres un miserable, no vales nada”. Regresé y miré lo que había hecho. En ese momento me arrodillé, me arrepentí, y enterré el cuchillo”, confesó en alguna de las entrevistas que dio Garavito.
Aunque siempre sostuvo que todo se daba de forma improvisada cuando sentía “el impulso”, en las investigaciones que se hicieron se descubrió que todo era planeado. Por eso a cada pueblo o lugar que iba usaba un disfraz diferente y una identidad distinta, normalmente buscaba menores entre 6 y 16 años de bajos recursos económicos y que fueran vulnerables para así acercarse sin problema alguno.
Los exámenes forenses de muchas de sus víctimas mostraban su extrema sevicia: los ataba de manos y pies, tenían golpes en la mayoría de su cuerpo, signos de violencia sexual y en la mayoría de los casos los degollaba.
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Así fue la captura
Pese a que sus crímenes comenzaron a alertar a las autoridades desde 1997 y que al comienzo algunos casos fueron relacionados con ritos satánicos, Garavito fue capturado por las autoridades en 1999, cuando pretendía cometer uno de sus crímenes en zona rural de Villavicencio y fue descubierto.
Capturó a un menor de edad y lo llevó a una zona boscosa, pero los gritos de la víctima alertaron a un habitante de calle quien defendió al niño tirándole piedras al criminal y haciendo que este huyera. Ese fue el comienzo del fin de los crímenes que perpetró el monstruo de Génova en Colombia, Venezuela y Ecuador, pues una vez el niño escapó buscó ayuda en una casa, donde lo protegieron y llamaron a la Policía.
Horas después del intento de violación, las autoridades desplegaron una búsqueda que permitió que Garavito saliera de la zona rural y fuera identificado. Inicialmente, aseguró que su nombre era Bonifacio Morera Lizcano, pero tras una investigación interdisciplinaria no solo se estableció su verdadera identidad, además, identificó que sería el asesino serial que acechaba los niños y niñas en los tres países de la región.
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Durante la investigación de la Fiscalía y posterior confesión de Garavito se determinó que el primer crimen lo cometió en el Valle del Cauca en 1992, que durante todos los años que delinquió afectó un promedio de 300 víctimas y reveló la identidad de algunas de sus víctimas. También dio a conocer donde habría enterado algunos de los restos.
Finalmente, se le dio la condena más alta que ha proferido la justicia en Colombia y las autoridades la redujeron a 40 años, pero por buena conducta y otros incentivos.
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