
Y dijo César Gaviria, sea la oscuridad: memorias del apagón
¿Cómo fue el apagón de los 90 y cómo será el de mañana? Recuerdos de un apagón que puede volver.
Por: German Izquierdo
Y dijo César Gaviria: sea la oscuridad; y la oscuridad se hizo. Y el lunes 6 de abril, cuando el sol de un verano que se rehusaba a marcharse se ocultó por completo en el occidente, la luz eléctrica no iluminó a Bogotá. La ciudad, de 5 millones de habitantes, quedó en penumbras. Afuera, en las avenidas, los recordados ‘chupas’, como se les conocía a los policías de tránsito, intentaban suplir a los semáforos confiando en que el pálido brillo de sus chalecos reflectivos los salvara de ser arrollados por algún conductor distraído. El ruido de los carros y las motobombas contrastaba con el silencio de los apartamentos y las casas, donde, tras las ventanas apagadas, miles de familias volvieron al viejo ritual de reunirse, viéndose apenas entre sombras, alrededor de un radio de pilas y el tembloroso fuego de las velas.
‘El Apagón’: así se le llamó a esos once meses —entre marzo de 1992 y febrero de 1993 — en que Bogotá y gran parte del país sufrieron racionamientos diarios de luz, unos más largos que otros, que transformaron la vida de los colombianos y golpearon la economía, la cual perdió unos 630 millones de dólares de la época. Entre las causas de la emergencia se cuentan el mal mantenimiento de las centrales térmicas, los problemas financieros de las empresas eléctricas, los retrasos y sobrecostos de la hidroeléctrica de El Guavio, y el Fenómeno del Niño, que se prolongó más de lo habitual. En abril de ese año, por más rezos y penitencias, las lluvias no llegaron, y el nivel de los embalses se redujo hasta en 50 por ciento.
“Se fue la luz”, decimos los colombianos cuando, de repente, la pantalla del televisor se pone negra o el computador se apaga, con el mismo gesto aletargado que hacemos cuando nos preguntamos: “¿Está temblando?”. En los días del ‘Apagón’, todos los días, de 6 a.m. a 10 a.m., y de 5 p.m a 9 p.m., se iba la luz en Bogotá. Los electricistas hicieron su agosto: a diario reparaban neveras, horno tostadores, televisores y equipos de sonido fundidos debido a los picos de voltaje que precedían el esperado grito: “¡llegó la luz!”. En consecuencia, en tanto los cortes de luz se volvieron rutina, desenchufar los electrodomésticos era una tarea diaria.
Regístrate para seguir leyendo
Ingresa tu correo para continuar disfrutando de nuestro contenido.
¿Ya tienes cuenta? Inicia sesión
Lea los comentarios













