
Gustavo Petro y su obsesión con el nazismo
Cada tanto, el presidente compara hechos actuales de Colombia y el mundo con los oscuros años de la dictadura de Hitler. Al mismo tiempo, ataca a sus opositores tildándolos de nazis o neonazis. ¿Qué tan descabelladas son sus continuas alusiones a este oscuro momento de la historia?
Por: German Izquierdo
La mañana del 30 de enero de 1933, Adolfo Hitler llegó a la calle Wilhelmstraße 77, en Berlín, acompañado de un séquito de nazis. El pelo engominado, el bigote angosto, el vestido de paño cruzado de seis botones, la corbata negra, Hitler caminó por las gruesas puertas de hierro forjado y atravesó los jardines de la Cancillería del Reich para una reunión definitiva. Unas horas más tarde, después de una larga discusión, el político del Movimiento Revolucionario Conservador Franz Von Papen, a quien apodaban “el diablo con sombrero de copa”, presentó oficialmente a Hitler al presidente Paul von Hindenburg. A continuación, Hitler dio un discurso en el que, entre otras promesas, juró que defendería la constitución. Von Hindenburg, dice el historiador Ian Kershaw, “aprobó con un cabeceo” y se limitó a decir, bajo sus gruesos bigotes, “Bueno, caballeros, ahora adelante, con la ayuda de Dios”.
Ese mismo día, en la tarde, Hitler volvió a salir por la misma puerta convertido en el nuevo canciller de Alemania. “Hitler es canciller del Reich —decía el sanguinario Joseph Goebbels—. Es como un cuento de hadas”... Y entonces comenzó la más sangrienta dictadura de que se tenga memoria y la persecución más infame contra una etnia, contra un pueblo: el judío. Según la Enciclopedia del Holocausto, se calcula que 6 millones de judíos fueron asesinados durante la dictadura de Hitler y la Segunda Guerra Mundial.

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