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niño Wayyu
En una jornada medica el caso de un niño de una comunidad Wayuu en medio del desierto llamó la atención de un grupo de uniformados que le brindaron su apoyo para volver a caminar.
País

Wilmer, el niño wayúu que caminó gracias al Ejército Nacional

Durante una jornada de salud realizada por un grupo de uniformados del Ejército Nacional, la historia de un niño wayúu conmovió a todos. Su nombre es Wilmer, y gracias a la solidaridad de los soldados y médicos militares, hoy puede caminar.

Por: Javier Patiño C

En medio del desierto de La Guajira, donde el viento levanta la arena de los caminos pedregosos, vive Wilmer, un niño wayúu que nació con una condición especial en su pie. Su mundo eran los brazos de su madre, Adriana Epinayú, quien recuerda con emoción el día en que tuvo que entregarlo a los médicos.

“Yo lo entregué con la fe de que él se iba a recuperar. Esas horas fueron eternas para mí; no tuve el alma para dejarlo ir. Le dije al papá que si tenía la fuerza lo hiciera él”, relata Adriana, con la voz temblorosa, pero llena de gratitud.

Wilmer fue atendido por un grupo de profesionales oficiales de la reserva del Ejército Nacional que llegó hasta su ranchería durante una jornada médica. Entre consultas y diagnósticos, un caso los conmovió profundamente: el de un niño impetuoso, sonriente y con una mirada que se negaba a rendirse ante la adversidad.

El teniente coronel Nayib Sesín, médico anestesiólogo del Ejército Nacional, recuerda aquel encuentro. “En medio de la jornada vimos que tenía una patología poco común: un pie equinovaro, una deformidad en la que el pie se encuentra torcido o invertido hacia adentro y hacia abajo. Decidimos poner todo nuestro conocimiento para devolverle la esperanza de caminar, ser feliz y jugar con otros niños sin límites. La sonrisa de ese niño no tiene precio; es la satisfacción completa”, contó el oficial.

operación niño
Tras la intervención quirúrgica el grupo de militares rectificaron el pie para que pudiera caminar sin problemas.

Antes de llegar al quirófano, Wilmer tuvo que superar un obstáculo: presentaba un cuadro de desnutrición. Su cuerpo frágil debía fortalecerse antes de afrontar las dos cirugías que cambiarían su destino. Durante ese tiempo, soldados y médicos lo acompañaron paso a paso, respetando las creencias y costumbres wayúu.

“Antes se arrastraba con los brazos para moverse. Después de la cirugía lloró cinco días seguidos, pero no se rendía. No quería estar acostado, quería sentarse, quería moverse”, recuerda su madre.

Una semana antes de cumplir tres años, Wilmer dio sus primeros pasos.

“Yo le pedí a Dios que en su cumpleaños pudiera caminar, y así fue. Ahora corre, juega con otros niños. Si no fuera por los profesionales oficiales de la reserva del Ejército Nacional que lo ayudaron, él seguiría frustrado, acostado. Hoy está feliz”, dice Adriana.

wayuu niño
Una operación que le permitió a Wilmer volver a caminar sin problemas en su pie.

En su comunidad lo conocen como el guerrero: un niño fuerte y sereno ante el dolor, que nunca dejó de luchar por levantarse. Su historia es un testimonio de esfuerzo, humanidad y esperanza.

Gracias a la unión entre la ciencia, la cultura y la solidaridad de quienes sirven con el corazón en el Ejército Nacional, Wilmer ya no se arrastra para alcanzar el mundo. Ahora camina hacia él, paso a paso, con la fuerza de un verdadero guerrero.

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