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Guillermo Cano, un legado de maestría y valor
País

Guillermo Cano, un legado de maestría y valor

Como homenaje a Guillermo Cano Isaza en los 100 años de su nacimiento, el Ministerio de las Culturas premió a colectivos de comunicación comunitaria y presentó una colección editorial sobre el exdirector de 'El Espectador'.

Por: Eduardo Arias

Para celebrar el centenario del nacimiento del periodista Guillermo Cano Isaza, el Ministerio de las Culturas realizó en 2025 una serie de iniciativas que honraron su vida y su muy importante legado. Al fin y al cabo es una de las figuras más emblemáticas del periodismo colombiano, a quien las mafias asesinaron en 1986 por defender la libertad de expresión y la verdad.

Reconocimiento Guillermo Cano a la Labor Periodística en el Campo Cultural de Organizaciones y Colectivos de Comunicación Comunitaria
ganadores del Reconocimiento Guillermo Cano a la Labor Periodística en el Campo Cultural de Organizaciones y Colectivos de Comunicación Comunitaria.

En un evento celebrado el 27 de noviembre en la Biblioteca Nacional de Colombia, el Ministerio de Culturas presentó los ocho proyectos ganadores del Reconocimiento Guillermo Cano a la Labor Periodística en el Campo Cultural de Organizaciones y Colectivos de Comunicación Comunitaria, En la categoría de Periodismo escrito en soporte digital o impreso, los ganadores fueron la Fundación Socio Cultural Quira, El Tiranosaurio Digital, y la Corporación de Medios Agencia Sur e Integración Comunitaria (ASINCO). En la categoría de Formatos innovadores de periodismo cultural, los ganadores fueron Eskaparate Medios, la Fundación Parcela Cultural Campesina, Zipa Exiliados, y Planeta SAS BIC.

Libros El espectador en homenaje a Guillermo Cano
Lanzamiento de los libros de la colección 'El país de Guillermo Cano'. De izquierda a derecha, Pablo Guerra, Jorge Cardona, Maryluz Vallejo y Adriana Martínez-Villalba, directora de la Biblioteca Nacional.

Además, en ese mismo evento, la Biblioteca Nacional de Colombia, en alianza con El Espectador, presentó la colección El país de Guillermo Cano, compuesta por tres volúmenes disponibles en las bibliotecas de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y en su página web. Son ellos Don Guillermo, una biografía ilustrada en formato de cómic que reconstruye momentos clave de su vida, a cargo de un equipo de ilustradores dirigidos por Pablo Guerra y Laura Valentina Álvarez. El periodista, selección de crónicas, columnas y editoriales escritos entre 1949 y 1986, por Guillermo Cano, curada por Jorge Cardona, quien fuera durante muchos años editor de El Espectador, y El maestro, escrito por Maryluz Vallejo periodista e historiadora, que presenta siete perfiles que retratan las distintas facetas de Guillermo Cano. CAMBIO habló con los encargados de los tres libros acerca de la vida y la carrera de Guillermo Cano, su legado y las lecciones que dejó.

“El principal legado que dejó don Guillermo fue el de la defensa de la verdad”: Maryluz Vallejo, autora de El maestro

CAMBIO: ¿Qué retos planteó la estructura de los siete perfiles?

Maryluz Vallejo: Don Guillermo siempre reconoció que detrás del periódico había un equipo humano. Por ello quise hacer un libro que rindiera homenaje al director, a sus colaboradores más cercanos y a las generaciones de periodistas que convivieron en las duras y en las maduras durante casi 40 años. Me enfoqué en su figura de timonel y en la de los tripulantes de ese barco de papel, como bellamente los llamó Lino Gil Jaramillo en su libro sobre los memorables “espectadores”. Luego desplegué sus distintas facetas en sendos perfiles, de los cuales los más conocidos eran los de defensor de la libertad de prensa, promotor deportivo y sabueso judicial.

Pero poco se sabía de su faceta de ecologista y de editor de “incanables”, esta última relacionada con su olfato para avizorar éxitos editoriales en series periodísticas que encargaba a los mejores reporteros, empezando por el ‘Relato de un náufrago’, de Gabriel García Márquez. También canalizó su doble pasión por la literatura y el deporte en el primer Magazín Dominical de 1948 y les dio carta abierta a los artífices de la segunda época que comenzó en 1983 con Fernando Cano y Carlos Duque. La faceta íntima y familiar quedó recogida en el epílogo, autoría de María José Medellín Cano, y se titula El abuelo que no conocí, como el que Guillermo Cano escribió sobre su abuelo, Fidel Cano Gutiérrez.

En cada perfil resalto a los alfiles del equipo de editorialistas, columnistas y redactores, como fueron Mike Forero Nougués en el campo deportivo, doña Inés Gutiérrez de Montaña en la sección femenina, Héctor Muñoz Bustamante y el ‘Capi’ Ospina en la agenda ecológica, el caricaturista Héctor Osuna que con sus trazos reforzaba la línea editorial, Alberto Mendoza con las series más vendedoras como ‘Anatomía de un país’... El resultado es una polifonía de voces tomadas de los escritos de unos y otros en El Espectador, sumadas a los recuerdos y anécdotas de muchos reporteros que le añaden valor testimonial a la historia del periódico.

CAMBIO: ¿Cómo ve usted ese tránsito de Guillermo Cano aprendiz a maestro?

M. V.: Guillermo Cano se graduó con honores en la llamada ‘Universidad de El _Espectador_’. En 1943 entró al periódico de 18 años, recién salido del Gimnasio Moderno, y empezó desde abajo: en los talleres de linotipos para aprender el arte de la composición en caliente, que implicaba untarse de tinta y aprender a leer al revés. Luego pasó a la redacción donde aprendió de maestros calificados, como su padre Gabriel, su tío Luis, el poeta Ciro Mendía y Alberto Galindo, entre muchos que aparecen en el primer perfil del libro: El periodista entre plumíferos.

De reportero raso pasó a ser jefe de redacción, luego codirector del Magazín Dominical junto con Eduardo Zalamea Borda, ‘Ulises’, y por último a director, cargo que ocupó desde 1952. En el segundo perfil, ‘El cazatalentos’, hablo de su instinto para fichar a los mejores, empezando por Gabriel García Márquez. De la red de corresponsales que armó para poner el oído en las regiones. Del voto de confianza que les dio a las mujeres como columnistas, reporteras y editoras y de su equipo consentido de reporteros gráficos, artífices del impacto visual del diario.

CAMBIO: ¿Qué podrá significar esta recreación histórica para las nuevas generaciones?

M. V.: Los periodistas que crecieron con tecnologías sofisticadas podrán adentrarse en la prehistoria del periodismo porque en este libro se ve la transición de los empíricos a los profesionales y la paulatina llegada de las mujeres a cubrir fuentes tradicionalmente destinadas a los hombres y a ocupar cargos de responsabilidad. Así mismo, apreciarán la trasformación de las prácticas periodísticas para bien y para mal. Algunas serían inadmisibles hoy, como entrevistar a menores de edad —víctimas o victimarios—, viajar con la Policía y el Ejército a las zonas rojas y hacer la reconstrucción de los crímenes para los reportajes gráficos. Por no mencionar la afición taurina de don Guillermo, que hoy causaría su cancelación. También descubrirán cómo los sabios de la redacción (Gonzalo González ‘GOG’, Darío Bautista, Antonio Panesso Robledo, Eduardo Zalamea Borda, ‘Ulises’, y Manuel Drezner, entre otros) reemplazaban las enciclopedias o Wikipedias. Y existía un ambiente de camaradería, un espíritu de cuerpo que hacía más llevaderas las durezas y precariedades del oficio.

CAMBIO: Después de 39 años de su muerte, ¿qué legado le dejó al periodismo? ¿Qué tanto se aplican hoy en día sus enseñanzas en el oficio que se ejerce hoy?

M. V.: El principal legado que dejó don Guillermo fue el de la defensa de la verdad, aun a costa de la estabilidad económica del periódico y hasta de su vida, como en efecto ocurrió. Pero quedaron incólumes la credibilidad del periódico y la del director, que se volvieron patrimonio de la democracia en Colombia.
Cuando él asumió la dirección del periódico a sus escasos 27 años entregó una credencial a sus reporteros con los siete valores esenciales del oficio: veracidad, responsabilidad, imparcialidad, oportunidad, brevedad, claridad y asiduidad. Me temo que hoy en día estos valores se han depreciado debido a las nuevas lógicas informativas que trajo la revolución digital. Por eso leer sus escritos, tanto los editoriales como los de su columna la Libreta de apuntes y repasar su trayectoria, es la mejor manera de apropiarse de su legado.

“Todas las reflexiones de Guillermo Cano podrían corresponder a los tiempos actuales”: Jorge Cardona, compilador de El periodista.

CAMBIO: ¿Cómo fue la tarea de seleccionar los textos? ¿Cuáles criterios tuvo en cuenta?

Jorge Cardona: Participé en 2012 en el proyecto que terminó en la edición del libro Tinta indeleble, homenaje a la vida y obra de Guillermo Cano que incluyó un perfil biográfico, dos ensayos sobre su obra y una antología que compiló toda su obra firmada pero sólo se publicaron 102 textos. Posteriormente, la fundación Guillermo Cano concretó otra antología con prólogo de Héctor Abad enfocada en textos de paz, derechos humanos y narcotráfico. Es decir, los textos ya estaban seleccionados cuando se inició este proyecto. La tarea fue más bien volver a leerlos e identificar textos emblemáticos de momentos determinantes de su vida personal y profesional. En una de las reuniones con el comité que se creó para el centenario de 2025 se recogieron propuestas y en posteriores encuentros con los responsables del proyecto en la Biblioteca Nacional se evaluaron posibilidades gráficas y contextos. De esas reuniones surgió la lista definitiva de 33 textos que integran el libro El periodista. Lo demás fue documentar cuál fue el panorama de cada época entre los años 40 y 80, y cuál el contexto del país, de la redacción de El Espectador y de la vida de Guillermo Cano cuando se escribió cada texto.

CAMBIO: Decía usted en la conversación en la Biblioteca Nacional que él firmaba muy pocas veces sus escritos. ¿Cómo hizo para identificar los que él no firmó?

J. C.: En algún momento de las reuniones y a lo largo de muchas conversaciones a través del tiempo siempre se escuchó esa conclusión. Guillermo Cano escribió mucho y de muchos temas, pero su firma solo se volvió permanente a partir de 1979, cuando creó la columna Libreta de apuntes, por sugerencia de su padre Gabriel Cano. De sus tiempos juveniles hay buena disposición de textos, la mayoría en tono de crónica, pero la mayoría de tus textos firmados se concentra en los últimos siete años de su vida. Hay editoriales que sus allegados aseguran fueron escritos por Guillermo Cano, pero no incluyeron su firma. Guardan semejanzas de su estilo comentado de frases largas con expresiones cotidianas, pero es difícil confirmar si fueron creación exclusiva o editoriales en los que, como puede suceder, se suman expresiones de opiniones compartidas.

CAMBIO: ¿Usted alcanzó a trabajar con él? De ser así, ¿qué imagen guarda de él como compañero de lugar de trabajo?

J. C.: En los años 80 Guillermo Cano era un referente del periodismo y El Espectador era el periódico cotidiano de muchas familias, incluida la mía. Entre quienes empezamos a movernos en el mundo de comunicación en esos años un ideal de gran aliento era trabajar en ese periódico. Solo vi una vez a Guillermo Cano porque fui a llevar una hoja de vida que me recibió su hijo Juan Guillermo Cano por los días que Lara Bonilla empezó a denunciar a los narcotraficantes en el Congreso. Cuando mataron al director de El Espectador trabajaba en Inravisión y el día en que no hubo prensa, ni radio ni televisión, tampoco hubo mucha actividad laboral y estuve en la marcha del silencio que los periodistas hicieron en medio del homenaje social de los ciudadanos. Cuando llegué al periódico en 1993 ingresé a una redacción que había resistido a la ofensiva violenta del narcotráfico, y que desde el liderazgo de Juan Guillermo y Fernando Cano siempre hizo lo mismo que su padre: no callar. A través de su familia y de muchos compañeros de trabajo que sí lo fueron de Guillermo Cano fui asimilando por qué fue un ser excepcional, tanto en el ámbito del periodismo como en la confianza y el secreto profesional que animan las memorias de toda redacción.

CAMBIO: Después de casi 40 años de su muerte, ¿qué legado le dejó Guillermo Cano al periodismo?

G. C.: El ejemplo de periodismo que dejó Guillermo Cano siempre será importante. Es el carácter de un hombre que recibió el periódico prestante de su familia y lo convirtió en un impreso para defender a Colombia desde la perspectiva de que preservar los derechos humanos tiene que hacerse “sin medias tintas”. La libertad de expresión hoy continúa en entredicho, la paz sigue siendo esquiva, el narcotráfico continúa montado en el centro de la criminalidad. Todas las reflexiones de Guillermo Cano podrían corresponder a los tiempos actuales. Lo más importante del centenario que nos devolvió a pensar en Guillermo Cano en este año 2025 es entender que son las nuevas generaciones las que deben ser destinatarias de su obra. Todo está por escribirse sobre la memoria de Colombia de los últimos 50 años, y en los primeros tiempos de ese medio siglo, la voz de Guillermo Cano fue determinante.

CAMBIO: ¿Qué tanto se aplican hoy en día sus enseñanzas en el oficio del periodismo que se ejerce hoy?

J. C.: La vida y la obra de Guillermo Cano constituyen un legado. Los momentos que vivió hacen parte de una memoria del país que merece seguir siendo escrutada. La premura de los tiempos actuales y los excesos informativos de hoy no pueden dejar de lado los surtidores fundamentales del buen ejercicio periodístico. Y el trabajo de Guillermo Cano lo fue. Por eso merece ser contado. En estos días que las inventivas de la comunicación cambian cabe un segundo para recordar a esos periodistas dispuestos a cambiar el mundo. A los que los sucesos eligen para ser contados. Como Guillermo Cano que mientras vivió no se quiso perder una sola primicia de cualquier sección, como corresponde a un oficio donde lo primordial es saber que las noticias no duermen.

Pablo Guerra, coautor de Don Guillermo

CAMBIO: ¿Cómo surgió la idea del homenaje en comic?

Pablo Guerra: Fue una iniciativa del comité del de la celebración del centenario. A mí me convocaron ya cuando tenían la idea, inspirados p en la movida reciente de novelas gráficas y cómics sobre temas de la realidad colombiana.

CAMBIO: En el libro trabajaron varios ilustradores. ¿Cómo lograron unificar la línea? A primera vista parece el libro de un solo autor.

P. G.: A mí me gusta mucho trabajar con varios dibujantes en cómics biográficos porque enriquece mucho ver a un mismo personaje en el lápiz de distintas personas. Entonces fue muy importante el trabajo de la Niña Tigre, la colorista. Como el libro iba a salir a dos tintas, decidimos que esa segunda tinta fuera el rojo icónico de El Espectador. Ya con el libro completamente dibujado yo me comunicaba con ella para decirle que con el color enfatizara detalles para aclarar ciertas partes de la información y asegurarnos de que el color tuviera no sólo un papel decorativo, sino también narrativo.

CAMBIO: ¿Qué retos afrontaron para realizar esta biografía gráfica?

P. G.: Tuvimos varios retos en el camino. En los comics el tiempo siempre se vuelve muy apretado porque son muchos procesos al mismo tiempo que requieren un cierto nivel de cuidado y siempre se alargan. Era clave tratar de dar la sensación de una vida completa en muy pocas páginas. Hubo que sacrificar muchas cosas que uno quisiera haber contado. Por ejemplo, a mí me interesaba mucho poder mostrar los procesos del periodismo. Condensar todo, que todo pueda caber en esas pocas páginas siempre será un reto. Obliga a escoger los puntos claves en esa vida y eso siempre implica sacrificar a algunos.

CAMBIO: Después de casi 40 años de su muerte, ¿qué legado le dejó Guillermo Cano al periodismo? ¿Qué tanto se aplican hoy en día sus enseñanzas en el oficio del periodismo que se ejerce hoy?

P. G.: Una lección fue tener la valentía de siempre estar muy alerta, de ver cómo un poder podía salirse de control y que ese abuso de poder podía venir del Estado, de las mafias, del sector financiero. Esa claridad y esa valentía son fundamentales para hacerse unas preguntas. En este panorama es muy difícil encontrar la respuesta correcta, pero es una lección clave plantearse y tener clara la importancia de esa libertad, de esa independencia, tener esa antipatía casi que natural al poder y su capacidad de abusar y de imponerse sobre el derecho a la información, sobre la posibilidad de hacer buen periodismo.

Para nosotros es un reto diario aprender a trabajar en equipo, poder generar esos espaciosde generosidad. En ese sentido el legado de Guillermo Cano también es muy potente. Era un tipo capaz de sacar grandes cosas del potencial de la gente que tenía a su alrededor. Yo diría que esos son dos grandes lecciones que dejó.

Los tres títulos de la colección se pueden descargar libremente aquí.

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