
Gustavo Petro, atrapado por la soledad del poder
Fotografía de la familia presidencial el 7 de agosto de 2022
El presidente dice que el ejercicio de su cargo “es de una infelicidad absoluta”, un “sacrificio”. El líder de izquierda alcanzó el poder político, pero su vida familiar se alteró de manera dramática. Relato de un viaje a la melancolía.
Por: Armando Neira
El presidente Gustavo Petro no es feliz en la Casa de Nariño. Nunca lo ha sido desde que se mudó allí. Apenas llevaba unas horas en su cargo cuando, por primera vez, salió en su condición de jefe de Estado, el 8 de agosto de 2022, y mostró su melancolía: “El palacio es bien triste, bien frío”.
De hecho, ese día Petro agradeció a los organizadores de su primer acto oficial, la celebración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, por haberlo realizado fuera de esa edificación, porque así volvía a encontrar calidez. Les contó que ese edificio, diseñado por los arquitectos Gastón Lelarge y Julián Lombana, le producía una nostalgia lejana.
Se mostraba como un Ulises que regresa tras la odisea de mil batallas, y no como el hombre más poderoso del país, que acababa de estrenar el cargo al que aspiran todos los políticos.
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