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El papa Francisco durante su visita en Colombia.
País

Colombia olvidó las lecciones de esperanza y reconciliación que nos dejó el papa Francisco

El 6 de septiembre del 2017, el pontífice aterrizó en Bogotá. Era una época convulsa, en la que se empezaban a implementar los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc, que siempre apoyó. Nos invitó a perdonarnos, pero el viento se llevó esas palabras.

Por: José Mojica

Un sentimiento colectivo de fe y esperanza se apoderó de los colombianos entre el 6 y el 10 de septiembre de 2017. Colombia parecía otro país, al punto de que durante esos días la cifra de homicidios se redujo en un 60 por ciento, según reportó la Policía. El papa Francisco aterrizó en suelo colombiano y este país católico se volcó en las calles, de manera eufórica, en Bogotá —donde no se registró ni una sola muerte violenta durante los dos primeros días de la visita apostólica—, Villavicencio, Medellín y Cartagena. Fue recibido por el entonces presidente Juan Manuel Santos en el aeropuerto militar de Catam y por una entusiasta comitiva diplomática y folclórica.

Eran tiempos convulsos. Los diálogos de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las Farc estaban en su primera etapa de implementación, tras la victoria de los promotores del ‘no’ en un plebiscito en el que la siguiente era la única pregunta: ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Y quienes votaron en desacuerdo —tras una ardua campaña del Centro Democrático— ganaron con una escasa mayoría del 50,23 por ciento de los votos (6.424.385) contra el 49,76 por ciento (6.363.989) aquel 2 de octubre de 2016. Ese día quedó más que manifiesta la polarización del país frente a una iniciativa que el pontífice apoyó desde sus inicios.

Que la sangre vertida por miles de inocentes durante tantas décadas de conflicto armado sostenga todos los esfuerzos para una definitiva reconciliación”, dijo en uno de sus tantos pronunciamientos desde la Santa Sede, que reforzó con los discursos que él mismo escribió y que terminó de ajustar durante el vuelo entre Roma y Bogotá, en una visita apostólica que fue bautizada así: ‘Demos el primer paso’.

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