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País

La paz territorial empieza a echar raíces en Putumayo y Nariño

Walter Mendoza, de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), y Armando Novoa, del Gobierno nacional.

El Gobierno acordó con la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB) el compromiso de que sus combatientes se concentren para dar el salto de las economías ilícitas —en los dos departamentos hay 100.000 hectáreas sembradas de coca— a las lícitas. ¿Cuáles son los desafíos? Análisis.

Por: Armando Neira

El gobierno del presidente Gustavo Petro logró un avance significativo en su propósito de transformar la geografía de esa Colombia tan profunda como olvidada. En Nariño y Putumayo, dos departamentos marcados por la violencia y el narcotráfico, comprometió a la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB) a que sus combatientes se ubiquen en puntos específicos, sin armas y con la voluntad de formarse para insertarse en la vida civil.

La CNEB es una de las disidencias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc-EP) y cuenta con dos temidas estructuras: los Comandos de la Frontera y la Coordinadora Guerrillera del Pacífico. Entre ambas suman cerca de 5.000 colombianos, entre combatientes y auxiliadores, que ahora manifiestan su deseo de dejar la guerra.

Pero no se trata solo de silenciar los fusiles, sino de capacitarse para que cada uno de ellos dé el salto de las economías ilícitas a la economía lícita, dice Armando Novoa, jefe del Gobierno nacional en este proceso.

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